Juan Soto del Angel
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Se hab�a mencionado que Fuentes, igual que Galindo, piensa que la institucionalizaci�n del campo acad�mico de la comunicaci�n parte de la licenciatura. Es por ello que se ocupa del origen de la carrera. Considera, en M�xico y Am�rica Latina, tres modelos fundacionales: la formaci�n de periodistas, el comunicador como intelectual y el �comunic�logo�. Ninguno de ellos ha logrado legitimarse, sino que se yuxtaponen en los diversos planes de estudio (Fuentes en Galindo y Luna, 1995).
Fija el origen del modelo de formaci�n de periodistas en la d�cada de los cuarenta, en Argentina. A partir de all�, las escuelas de periodismo centran su atenci�n en el desarrollo de habilidades t�cnico-profesionales, el ajuste a las demandas del mercado profesional y la intenci�n pol�tico-social por medio de la influencia en la �opini�n p�blica�. La investigaci�n se hace coincidir con la indagaci�n period�stica y las ciencias sociales se limitan a formar parte del acervo cultural que el periodista requiere. El modelo del comunicador como intelectual se lo atribuye a la Universidad Iberoamericana, en 1960. Se trataba aqu� de formar profesionales con amplia competencia en las humanidades, a la cual se subordinar�an las habilidades t�cnicas de difusi�n; y, todo ello, al servicio de la humanidad. En el modelo del comunic�logo, ubicado en los setenta, los planes de estudio se sobrecargaron de teor�a cr�tica, es decir, de contenidos marxistas, abandon�ndose en alguna medida la formaci�n y habilitaci�n profesional. Asociados a este �ltimo modelo, Fuentes cita dos problemas: la oposici�n maniquea entre teor�a y pr�ctica, as� como la desvinculaci�n entre las pr�cticas universitarias y la producci�n de la investigaci�n latinoamericana. Se�ala despu�s las limitaciones de la investigaci�n y la oportunidad de ser superadas a partir del incremento, en cantidad y calidad, de la planta acad�mica de las universidades. La propuesta:
Los m�ltiples reajustes te�ricos y pr�cticos, epistemol�gicos, econ�micos y �ticos, que parecen indispensables, tendr�n que integrarse sobre un marco reconfigurado de institucionalizaci�n, cuya orientaci�n est� en juego actualmente. Por ello, conviene discutir tambi�n, y buscar acuerdos, sobre el sentido b�sico de la reconfiguraci�n posible. (Fuentes en Galindo y Luna, 1995: 76)
Atendiendo a la reconstrucci�n que se viene haciendo. El primer modelo, la formaci�n de periodistas, desarrolla movimientos que no resultan de inter�s para el sistema de la ciencia. De igual modo, este �ltimo no atrae al modelo, se relega en calidad de acervo cultural. El segundo modelo, de comunicador como intelectual, tampoco llama al sistema de la ciencia. Por el contrario, las ciencias human�sticas cautivaron a los sistemas ps�quicos defensores del segundo modelo, puesto que la formaci�n del comunicador intelectual subordina a ellas las habilidades de difusi�n. El tercero y �ltimo modelo, de comunic�logo, marca los inicios de las autoirritaciones del sistema de la ciencia. En efecto, la teor�a cr�tica de la Escuela de Frankfurt, que hab�a llamado ya la atenci�n del sistema de la ciencia en el entorno europeo, se refleja tambi�n en el campo acad�mico mexicano.
�Los m�ltiples reajustes te�ricos y pr�cticos, epistemol�gicos, econ�micos y �ticos, que parecen indispensables� no constituyen m�s que las posibilidades de la interrelaci�n sist�mica y de la interpenetraci�n entre los sistemas ps�quicos y el sistema de la ciencia, cuya evoluci�n se hace patente.
Resumen
El primer apartado muestra la funci�n del subsistema de la ciencia: la producci�n de conocimiento a trav�s de seleccionar recursivamente entre verdad y no verdad. La recursividad hace que la ciencia goce siempre de un estado que consigue gracias a sus operaciones, pero las transformaciones que produce exigen estructuras que logren cambios sin disolver el subsistema. Tales estructuras, que no son otra cosa que verdades y falsedades que producen verdades y falsedades, es lo que da consistencia al subsistema de la ciencia. De all� que no s�lo se considere estructural, sino tambi�n autopoi�tico. Adem�s es aut�nomo. Los subsistemas econ�mico, religioso, jur�dico u otro podr�n limitar a la ciencia en su desarrollo (falta de recursos, prohibici�n de experimentos, etc.), pero no tienen injerencia cuando se trata de seleccionar entre verdad y falsedad. Ostenta, as�, una clausura operativa. Finalmente, hay que decir que las publicaciones constituyen el medio por excelencia para la recursividad del subsistema de la ciencia: all� se debate para decidir entre la verdad y la falsedad.
El segundo apartado describe las operaciones observadoras del sistema de la ciencia. Destacan las teor�as, los m�todos y la argumentaci�n. Las primeras y los segundos, mediante condicionalizaciones, distinguen entre las verdades y las no verdades. La tercera suele exponer el conocimiento a partir de la combinaci�n de una mayor redundancia con una mayor variedad.
El tercer apartado apunta que la ciencia transforma sus estructuras con sus propias operaciones. Pero no de manera uniforme, da saltos. Tres mecanismos operados de manera conjunta (y no secuencial) ayudan a explicar tal cosa: variaci�n, selecci�n de variaciones y estabilizaci�n. Dichas transformaciones constituyen la evoluci�n o aumento de complejidad interna: la disoluci�n y recombinaci�n de los temas. Circunstancia que se refleja en la producci�n de conocimiento y cuando la ciencia opera consigo misma en tanto unidad. Esta disoluci�n y recombinaci�n frecuentemente se organiza a trav�s de proyectos. Hay quienes all� se vuelven expertos. Pero la igualdad colegiada, la comunidad cient�fica, es el modelo dominante de inclusi�n.
El cuarto apartado, entre otras cosas, justifica la selecci�n del concepto de sistema frente al de campo, preferido por investigadores nacionales. El mundo �se mueve con l�gicas que no nos incluyen�, se�ala Galindo (1998: 31). Cuando se habla de este modo, claramente se ve la funcionalidad del concepto luhmanniano de sistema. No �nicamente los sujetos se mueven con l�gicas propias, tambi�n los sistemas sociales operan con las suyas. Ac� interesa la ciencia, en calidad de subsistema de la sociedad global. �ste, si se reconstruyen las selecciones de S�nchez (1991), ha pasado por diversas etapas (la b�squeda de la �piedra filosofal�, �EL m�todo cient�fico�, la �reacci�n cr�tica� y el �desfile de modas�), pero se asienta en el m�todo hist�rico-estructural. Galindo se inclina m�s por referencias al entorno. He aqu� los momentos importantes de su reconstrucci�n: los inicios de la carrera de comunicaci�n (cuyos egresados se perfilaban como fil�sofos conocedores de lo que deb�a hacerse con la emergencia tecnol�gica de la difusi�n de informaci�n); la fundaci�n de la primera maestr�a en comunicaci�n, de AMIC y de CONEICC; y, el crecimiento desorganizado de las escuelas, as� como las distorsiones en la construcci�n del sentido. La reconstrucci�n luhmanniana de Fuentes halla un contexto estadounidense, uno latinoamericano y uno mexicano. En el primero, el arranque del subsistema de la ciencia se ubica en la investigaci�n administrativa de origen positivista, le sigue una preferencia por las estructuras cr�ticas y termina favoreciendo una perspectiva constructivista. En el segundo, para el estudio de la comunicaci�n se reclaman criterios de pertinencia social, as� como �afinar y extender los criterios de rigor cient�fico� (Fuentes en Galindo y Luna, 1995: 61). En el tercero, se distinguen tres modelos fundacionales de la carrera de comunicaci�n: la formaci�n de periodistas, el comunicador como intelectual y el �comunic�logo�.