MICHEL FOUCAULT Y LA VISOESPACIALIDAD, AN�LISIS Y DERIVACIONES
Rodrigo Hugo Amuch�stegui
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Suger muestra continuamente una clara conciencia de la acci�n de su edificio sobre el creyente. �l ha modificado el viejo edificio de forma tal que desde la misma puerta, �urea y brillante, y su portal hasta el coro, el camino sea un camino de transformaci�n del feligr�s. La entrada, la puerta del cielo, tiene una materialidad que debe ser olvidada:
�Quienquiera que t� seas, si quieres exaltar la gloria de estas puertas no te maravilles por el oro o por el precio, sino por la maestr�a del trabajo. Luminoso es este noble trabajo, pero noblemente luminoso, iluminar� las mentes a fin de que hallen la gracia de las luces verdaderas, hacia la Verdadera Luz, de la que Cristo es la verdadera puerta�. (Yarza 1982: 34)
Asimismo, se buscar� ampliar la iglesia para aumentar la cantidad de los fieles y mejorar su circulaci�n, para que visiten y contemplen adecuadamente los sagrados sepulcros que deben provocar �gran devoci�n y abundantes l�grimas� (Yarza 1982: 37). Destacamos que esta manifestaci�n emotiva se produce no s�lo por la piedad que pudiese producir el conocimiento de quienes all� se encuentran yaciendo. Dichas tumbas estaban adornadas con oro y piedras preciosas. Estos materiales son valiosos por la concentraci�n lum�nica que los caracteriza y porque, en tanto tal, pueden guiar al alma de aquel que los contempla hacia lo alto.
Las catedrales g�ticas, y no s�lo Saint Denis, est�n pensada desde la l�gica de los desplazamientos desde que se ingresa y de la direcci�n de las miradas: �Para que el coro [por ejemplo] se vuelva el punto de mira del dispositivo espacial, ha sido necesario que la nave prepare �pticamente esta acentuaci�n� (Recht 1999: 164). El espacio, como el del Pan�ptico foucaultiano, no es neutro.
Las esculturas y la teolog�a
A partir del segundo concilio de Nicea (787) se hab�a fijado un repertorio que �permit�a transferir, en medida casi un�voca, los conceptos de una religi�n revelada a una serie de im�genes, ... de forma que pudieran ser captados incluso por el pueblo sencillo, carente de refinamientos teol�gicos� (Eco 1965 1995: 219). Duby dice que el desarrollo del arte medieval se vincula con la teolog�a y no con la sociolog�a o la econom�a. Es decir, la catedral aparece como un frente fundamental en la lucha ortodoxia-herej�a: �En los siglos XII y XIII la presencia her�tica, la amenaza her�tica, dirige todos los desarrollos de un arte que se afirma, ante todo, como una predicaci�n de la verdad� (Duby 1976 [1995: 102]). La Biblia del Pueblo entonces, a diferencia de aquella de los te�logos, est� pensada para hablar por medio de las im�genes.
A los c�taros, y su rechazo de la materia y, por lo tanto, de la encarnaci�n, la Iglesia, les opone la iconograf�a, destacando la centralidad de las esculturas que representan a Cristo Hombre y a su Madre. Son m�ltiples las catedrales que llevan el nombre de Nuestra Se�ora y el hecho entonces no es inocente. Defender la materialidad de Cristo, defender la transubstanciaci�n, es tambi�n reconocer la funci�n intermediaria del sacerdote y en consecuencia su poder, pues son los sacerdotes los creadores del arte g�tico:
�Para presentar del sufrimiento de dios im�genes ... capaces de mudar el alma y de predisponerla mejor para la penitencia �pues de lo que se trataba ahora era de convencer a las multitudes, y la Iglesia militante y predicante de la represi�n cat�lica pretend�a despertar los sentimientos m�s profundos del pueblo� los que erigieron los programas art�sticos se inspiraron en los vivos relatos de los Evangelios sin�pticos y eligieron, en el siglo XIII ... ilustrar por medio de la escultura y la vidriera los episodios de la pasi�n�. (Duby 1976 [1995: 159])
La escultura, por su dimensi�n y su corporeidad, acerca la imagen al fiel, a diferencia de la pintura o el vitral: �El hombre y la escultura comparten un mismo espacio y, con la ayuda de la policrom�a, la efigie esculpida puede impresionar tanto m�s intensamente la mirada en tanto es mim�tica� (Recht 1999: 251). Con respecto a Saint Denis y las finalidades pol�ticas de Suger, en particular, �stas son muy claras: �Las estatuas-columnas representaban los ancestros y los precursores de Cristo, asociando reyes y patriarcas, poder temporal y poder espiritual, en torno del patr�n de la abad�a, San Denis, en el portal central� (Prache 2001: 29). Suger mismo se ha hecho representar en la entrada rogando al Cristo triunfante de brazos abiertos.