Jorge Alfredo Blanco S�nchez
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La idea de diferenciar a la identidad dentro del plano objetivo y subjetivo obedece m�s a establecer los par�metros de medici�n de la misma que a delimitarla. Desde este enfoque, resulta interesante poder encontrar indicadores que nos puedan ayudar a delimitar caracter�sticas observables entre los j�venes que involucren rasgos de identidad, tanto individual como colectiva. La identidad cultural de una persona se enmarca en una identidad global que en t�rminos m�s espec�ficos es una �constelaci�n� de identificaciones particulares e instancias culturales distintas, que dependiendo del contexto y de las situaciones se atribuye temporalmente a ciertas peculiaridades. Uno de los objetivos del presente trabajo es observar aquellos aspectos que demuestren rasgos de identidad al momento de estar utilizando una herramienta tecnol�gica. Los planos tanto subjetivos como objetivos nos permitir�n relacionar actividades que los j�venes ejecutan en la realidad.
La corriente objetivista define la identidad a partir de cierto n�mero de criterios determinantes, considerados objetivos de origen com�n como puede ser la genealog�a, la herencia, la lengua, la religi�n, el territorio, etc. En cambio los subjetivistas consideran que la identidad etnocultural es un sentimiento de pertenencia o una identificaci�n a una colectividad simb�lica o imaginaria que los propios individuos construyen en un imaginario colectivo, para obtener la seguridad manifiesta que se comparte entre miembros homog�neos. En palabras de Bayart (1996, p. 88) la identidad es m�s que nada una ilusi�n identitaria que se construye a trav�s de los procesos de invenci�n de la tradici�n de cada cultura que considera como lo aut�ntico y significativo de su grupo.
Por su parte, Cuche (1996) afirma que la identidad no puede considerarse totalmente objetiva o subjetiva, ya que los fen�menos culturales que la comprenden son de naturaleza mixta, es decir que se encuentran constituidos por elementos tanto objetivos como subjetivos y de hecho son frecuentes en toda sociedad. El asunto de la identidad, tanto social, cultural, comunitaria, no est� resuelto. Es m�s, se encuentra en sus inicios, existe una gran variedad de literatura al respecto, y se ha abordado desde muy diversas perspectivas, pero hasta el momento no se ha delimitado ni definido de manera convincente, ya que sigue siendo un intangible escurridizo. Pero la intenci�n que pretende la investigaci�n en curso es encontrar rasgos tanto objetivos como subjetivos en las culturas juveniles que sean compartidos por sus miembros y que puedan ser observados y evaluados como definitorios de sus gustos y preferencias en el momento de estar en contacto con la herramienta tecnol�gica.
Castells (2001) reconoce que la identidad es el proceso mediante el cual un actor social se reconoce a s� mismo y construye el significado correspondiente a la identidad (individual) como un atributo o conjunto de atributos culturales determinados que por su especificidad y por encontrarse enmarcado en un lugar y tiempo definido que excluye las referencias de otras culturas. De esta manera, la identidad se construir� a partir de la forma en que los j�venes actores, usuarios tecnol�gicos, respondan a la percepci�n que se han creado de ellos mismos por el uso del medio electr�nico, sin olvidar que la identidad cultural es un proceso en continua construcci�n y redefinici�n. La relevancia para la investigaci�n es la tendencia a resaltar la identidad en base a principios individuales, m�s que a principios culturales hist�ricos heredados. Estos elementos se encuentran delimitados en base a proyectos personales y percepciones individuales.
Castells (2001) indica al respecto que los principios individuales de identidades autoconstruidas entorno a proyectos personales, son en la actualidad m�s notorios que los principios simb�licos abstractos del tipo nacionalidad, ciudadan�a o clase social. Adem�s, la identidad cultural se expresa a trav�s del lenguaje, de la construcci�n de s�mbolos y estereotipos que el ser humano va construyendo y consumiendo a lo largo de la vida mediante procesos racionales y procesos de aprehensi�n de emociones y sentimientos. El contenido simb�lico y emotivo de todo acto social, econ�mico y pol�tico, conduce a la formaci�n de un sentido de identidad cultural.
La identidad por tanto es considerada como el conjunto de lazos y descubrimientos que se van construyendo en s� mismos a partir de las experiencias internas y externas en las relaciones sociales con otros individuos y que se manifiestan a trav�s del lenguaje.
Para Castells (1999) la idea es demostrar que el ser humano es consciente del proceso de construcci�n de su identidad a trav�s de reconocerse como individuo frente a los otros, de encontrar puntos de encuentro, puntos que permitan tomar plena conciencia de la propia identidad individual y colectiva. Esas identidades se fortalecen mediante el lenguaje, la creaci�n de s�mbolos, la producci�n de materiales, hechos y procesos culturales. Los seres humanos otorgan significado al orden que crean y descubren, dan valor a las pr�cticas espec�ficas que les permiten vivir de acuerdo a la din�mica propia entre tradici�n e innovaci�n. Para el propio Castells (1999) las identidades tienen una estructura ideoafectiva, es decir, pertenecen tanto al �mbito racional como emocional. El aspecto sentimental ser� incluido en el cuestionamiento a los j�venes porque resulta interesante saber sus expectativas al respecto. En este mismo sentido, ya se trat� de explicar la diferencia existente entre la creaci�n de elementos culturales conscientes e inconscientes que est�n presentes en todo proyecto cultural construido e inacabado. Las identidades objetivas y subjetivas se encuentran relacionadas y son dependientes en varios aspectos, principalmente en aquellos que tratan de englobar en un todo a los elementos constitutivos de las identidades culturales.
En el apartado referente al impacto tecnol�gico, se hizo alusi�n a la carga cultural que la tecnolog�a trae consigo al momento de ser consumida por el usuario, y se mencion� que para diferenciarla era pertinente delimitarla entre lo objetivo y lo subjetivo. Al relacionarla con la identidad parece importante resaltar las similitudes tanto concretas como abstractas con las denominaciones culturales, es decir, la cultura intangible referida anteriormente como proceso subjetivo, se considera elemento vital ya que en un primer acercamiento del sujeto a la tecnolog�a lo que predomina es precisamente la percepci�n subjetiva (intangible).
Esteva-Fabregat (1993) as� lo muestra al momento de observar el proceso de aculturaci�n entre el sujeto y el artefacto tecnol�gico, la identidad subjetiva en primera instancia es la que determina los gustos y preferencias, aunque posteriormente ser� reafirmado o rechazado por la identidad objetiva del propio sujeto. La cultura tangible soportada por el artefacto tecnol�gico (asunto tambi�n tratado en el apartado del impacto tecnol�gico) es el segundo elemento a tomar en cuenta en el proceso de neoculturaci�n, ya que las destrezas t�cnicas son otro de los factores que determinan la aceptaci�n o rechazo de la tecnolog�a en su primer encuentro con el nuevo usuario.
En este sentido, la identidad objetiva y subjetiva son factores determinantes en los encuentros y desencuentros entre el ser humano y la tecnolog�a, pero la forma, la intensidad, el modo y las circunstancias en los cuales estos factores entran en juego, es lo relevante en el presente estudio. Para poder englobar o estacionar los rasgos caracter�sticos de las identidades es necesario comprender el fen�meno de la juventud y sus procesos culturales, los cuales ser�n abordados en el siguiente aportado con la idea de entender con mayor precisi�n dicho proceso.