Bel�n Bl�zquez Vilaplana
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La actividad desarrollada por Felipe Gonz�lez durante el a�o 82 fue, podr�amos decirlo as�, fren�tica. El 8 de enero acudi� a Washington como vicepresidente de la IS, junto con Elena Flores, encargada de relaciones internacionales del PSOE, y se entrevist� con el Secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig1189 y con el Comit� de Relaciones Exteriores del Senado. En dicha reuni�n se trat� �nicamente el tema de Centroam�rica y no otros intereses espa�oles, los cuales quedaron postergado para otro futuro viaje, seg�n declar� el l�der espa�ol1190. En dicha reuni�n se centraron en el intento de moderar las posiciones norteamericanas y en la posibilidad de mediaci�n de los socialistas europeos en el conflicto, sobre todo, en el salvadore�o, lo cual era visto con reticencias por la Casa Blanca. La raz�n era que Estados Unidos apoyaba la celebraci�n de comicios en el pa�s en el mes de marzo y la IS entend�a que los mismos ser�an in�tiles y una farsa de acuerdo a las condiciones de guerra civil en que se encontraba el pa�s. Pero, para Estados Unidos, �sta era una condici�n sin objeciones para poder aceptar una negociaci�n entre la Junta de Napole�n Duarte y la oposici�n salvadore�a. En palabras de Felipe Gonz�lez, se alcanzaron coincidencias en la necesidad de llegar a arreglos pac�ficos y negociados, pero no en cuanto a la evaluaci�n sobre salidas pol�ticas1191. Temi�ndose por el l�der espa�ol las repercusiones que en la Administraci�n norteamericana pudieran tener los sucesos acaecidos en Polonia1192. Aunque seg�n revel� posteriormente Jos� Pe�a G�mez, Vicepresidente de la IS para Am�rica Latina, en dicha reuni�n se trataron negociaciones secretas de alto contenido pol�tico que no trascendieron1193 . De cualquier modo, esta entrevista, sirvi� para romper los recelos con que la Administraci�n norteamericana ve�a la participaci�n de mediaci�n de la IS en el conflicto, al tiempo que Washington segu�a cada vez m�s de cerca, el futuro pol�tico de Felipe Gonz�lez1194, al que algunos sectores norteamericanos denominaban el �John Kennedy� espa�ol. Este encuentro, en �ltima instancia, se enmarcaba dentro del viaje realizado a mediados de diciembre a Centroam�rica y el Caribe, cuyo fin era buscar material para que la IS pudiera tomar resoluciones sobre Centroam�rica en su pr�xima reuni�n en Caracas.
Antes de volver a Espa�a, y en relaci�n con la misma problem�tica, se entrevist� tambi�n con el Secretario General de la Naciones Unidas, P�rez de Cu�llar. Y ya una vez en Espa�a, expres� que aunque los comicios en El Salvador iban a ser una farsa, era inevitable su realizaci�n. La soluci�n a la crisis, seg�n su opini�n, estar�a en las negociaciones entre la guerrilla y la actual Junta Militar que gobernaba el pa�s1195. En este sentido, a finales de enero, se entrevist� con Ana Guadalupe Mart�nez, comandante del FMLN, quien le explic� la pol�tica de la oposici�n salvadore�a y su posici�n ante los pr�ximos comicios: las elecciones no son ni el principio de la soluci�n ni la soluci�n misma para mi pa�s en las actuales condiciones1196.
El viaje de Felipe Gonz�lez a la zona y las gestiones que el l�der del PSOE representaba dentro de la IS no hab�an pasado desapercibidas. As� en el mes de febrero, fue el embajador de Estados Unidos en Panam�, Ambles Moss, en un coloquio celebrado en Miami sobre �Espa�a y Am�rica�, quien expres� que Espa�a juega un papel activo en Centroam�rica1197. Estas actividades que estaba desarrollando Espa�a en el conflicto, en opini�n de Luis Alberto Monge, candidato a la presidencia de Costa Rica, ten�an que ser distintas a las que mantuvieron durante la �poca de Franco, donde Espa�a jug� un papel negativo porque los grupos militares de Am�rica Latina sent�an como el respaldo moral les ven�a desde Espa�a. Este proceso (...) podr�a cambiar el signo de su influencia e inyectar esperanzas en las corrientes democratizadoras de nuestro continente1198. Mientras, los l�deres sandinistas segu�an visitando Espa�a.
En esta ocasi�n, fue Miguel D�Escoto, ministro de Exteriores nicarag�ense quien hizo una escala en Madrid cuando iba con destino a Libia.
No debemos olvidar que era la UCD quien ocupaba el Gobierno. De ah� que P�rez-Llorca realizara una sesi�n de trabajo en M�xico, con los embajadores de Espa�a en Honduras, Panam�, El Salvador, Costa Rica, Jamaica, Cuba, Rep�blica Dominicana, Hait�, Nicaragua, M�xico y el c�nsul de Guatemala.
Cuyo fin era coordinar la pol�tica de colaboraci�n y presencia de Espa�a en Centroam�rica, que sufrir� una renovaci�n y potenciaci�n capaz de acallar las acusaciones que se han hecho a la diplomacia espa�ola, en el sentido de que desatiende las relaciones con los pa�ses del �rea1199.
Felipe Gonz�lez segu�a con su inagotable agenda, y en este sentido, acudi� a Bonn donde mantuvo una reuni�n de trabajo con Willy Brandt, presidente de la IS y del partido socialdem�crata alem�n, buscando fijar en la misma cu�les iban a ser las posiciones a defender, antes de que Gonz�lez volviera a la zona. Seg�n expuso, este viaje servir�a para continuar buscando f�rmulas para evitar conflictos en Centroam�rica y una posible intervenci�n exterior1200. Para ello, la IS no ser�a quien tomase las iniciativas, sino que brindar�a su apoyo incondicional a las posibles soluciones que surgiesen, esencialmente a trav�s de un tercer pa�s como M�xico o Panam�. Y ello, aunque el Gobierno mexicano tuviera ciertas reticencias al papel de la IS, por considerar que la zona estaba bajo su influencia. Por esta causa se buscaba informaci�n de primera mano a trav�s del contacto directo con los actores que interven�an en el conflicto. Informaci�n que luego era tambi�n notificada al ministro de Exteriores espa�ol y que seg�n coment� Felipe Gonz�lez a su vuelta de Bonn, parec�a que hab�a tenido efecto. Esta actitud hizo que en esos momentos se sintiese satisfecho del camino que estaban tomando las acciones pol�ticas del Gobierno espa�ol hacia la zona, cuyo mejor exponente eran las declaraciones efectuadas por el ministro de Exteriores1201, P�rez-LLorca, en su visita a Panam� y M�xico1202. Parec�a que al menos en este punto, se lograba un acercamiento entre las distintas fuerzas pol�ticas espa�olas hacia la raz�n �ltima del conflicto y su posible soluci�n. Lo cual supon�a un hecho positivo teniendo en cuenta la posibilidad existente de un inminente cambio de partido al frente del Gobierno ante las pr�ximas elecciones generales a celebrar en octubre1203. A�n as�, segu�an existiendo �ciertas diferencias� entre la UCD y el PSOE, fundamentalmente con relaci�n a la evoluci�n del r�gimen nicarag�ense; al papel de Estados Unidos en la zona y a la posibilidad de di�logo entre los grupos en conflicto en El Salvador.
Pudi�ndose, en este �ltimo punto, tildar la pol�tica del en esos momentos ministro de Exteriores como ut�pica1204.
El 24 de febrero tuvo lugar la reuni�n de la Comisi�n de Asuntos Exteriores del Congreso donde, adem�s de tratarse el tema de la pr�rroga del Tratado de Amistad y Cooperaci�n entre Espa�a y Estados Unidos, se plante� una moci�n del PSOE contraria a una posible intervenci�n norteamericana en la zona.
En �sta, los socialistas expon�an que se sent�an m�s solidarios de los democristianos que mueren en El Salvador que del presidente de la Junta militar, Napole�n Duarte1205 . Moci�n que fue transformada por UCD en una condena a cualquier intervenci�n externa en los pa�ses del �rea, sea cual sea el tipo de la intervenci�n, su filosof�a, su origen, sus medios o sus prop�sitos1206.
A finales de dicho mes, Gonz�lez se mostr� favorable a la propuesta del Presidente mexicano, Jos� L�pez Portillo, de un plan de paz para la zona1207. Consider�ndola como la m�s v�lida e interesante que haya sido formulada estos �ltimos a�os, porque respeta el desarrollo pol�tico de los pueblos. Al mismo tiempo era contrario a la propuesta norteamericana, por considerarla poco operativa y condenar a algunos pa�ses a las tinieblas se�al�ndolos con el dedo1208. Este plan de paz mexicano tambi�n recibi� el visto bueno de Fidel Castro, el cual afirmaba que Cuba coincid�a en la b�squeda de esa paz para la regi�n, sustentada por el derecho de los pueblos a la plenitud de su soberan�a, a la completa autodeterminaci�n y a realizar las transformaciones pol�ticas y sociales que ellos mismos decidan democr�ticamente1209.
As� mismo, viaj� a Caracas, donde coincidi� con Lionel Jospin, Primer Secretario del Partido Socialista franc�s, para debatir por qu� el partido venezolano Acci�n Democr�tica, con el apoyo de otros partidos latinoamericanos, hab�a decidido anular una reuni�n prevista en el pa�s. En dicha reuni�n se iba a escuchar el informe preparado por el propio Gonz�lez en su calidad de Presidente del Comit� Internacional de Defensa de la Revoluci�n Nicarag�ense. La raz�n esgrimida era el haber recibido una informaci�n en la cual se les comunicaba que una delegaci�n sandinista iba a acudir a la misma1210. En esta ciudad, el l�der socialista afirm� que no estaban dispuestos a contribuir al aislamiento por el mundo democr�tico del proceso pol�tico nicarag�ense y, por extensi�n, del centroamericano, porque esta ser�a una operaci�n peligrosa1211. Tambi�n expuso que el proyecto inicial de la Revoluci�n nicarag�ense, caracterizado por ser pluralista, de econom�a mixta e internacionalmente no alineado con la pol�tica de bloques, recib�a el apoyo incondicional de la IS a pesar de lo ocurrido. As�, Pierre Shori, comentar�a sobre el particular que las fuerzas opuestas al Gobierno nicarag�ense hab�an lanzado una campa�a para presentar a la IS dividida en su posici�n respecto al FSLN y al proceso revolucionario de Nicaragua.
Seg�n �ste, la reuni�n se suspendi� por una carta conjunta enviada por la AD venezolana y el PLN de Costa Rica a Brandt, en la cual ambos partidos objetaban la presencia de una delegaci�n sandinista en la reuni�n. El gobierno de Herrera Campins amenaz� oficiosamente con no conceder la visa a la delegaci�n nicarag�ense en una muestra clara por dividir a la IS. Shori afirm� que seguir�an apoyando a los sandinistas1212, al tiempo que apostaba porque desde Europa se le dijera al presidente Reagan que ten�a que tratar de convivir con gobiernos revolucionarios aunque no sean de su agrado y a los sandinistas que tienen que coexistir con una oposici�n1213 . En este sentido, Tom�s Borge coment� que los representantes de la IS de Europa impedir�n que Nicaragua sea aislada de las maniobras del imperialismo1214 . Para Gonz�lez, lo que hab�a ocurrido eran problemas de procedimiento, para cuya soluci�n la IS reglamentar�a la participaci�n en sus reuniones futura de delegados oficiales y los que �nicamente ten�an car�cter de observadores o invitados1215.
Estas acciones que estaba llevando a cabo eran vistas de forma favorable por la oposici�n salvadore�a. As�, Manuel Ungo, l�der de la misma y presidente del Frente Democr�tico Revolucionario (FDR), en unas declaraciones al diario El Pa�s, opinaba que el papel desempe�ado por la IS era importante, porque Estados Unidos era sensible a las gestiones realizadas por los mismos. Ya que entre los miembros que la formaban estaban los principales aliados de Washington. As� mismo, frente a la tristeza de la posici�n del Gobierno espa�ol ante lo que estaba ocurriendo en su pa�s, la posici�n de Felipe Gonz�lez era �til y correcta (...) y est� salvando el honor de Espa�a en la crisis de mi pa�s1216.
Postura que se vio ratificada a trav�s de los hechos del l�der socialista espa�ol. En primer lugar en el Congreso de los Diputados, en la sesi�n en la que se trat� el tema de Centroam�rica, el 31 de marzo, junto al ministro de AA.EE, P�rez-Llorca; el presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Jos� Mar�a de Areilza; Javier Rup�rez y Luis Y��ez, entre otros. All�, Felipe Gonz�lez se uni� a la cr�tica de pasividad del Gobierno de UCD en la regi�n, exponiendo c�mo se pod�a observar en Centroam�rica un deseo com�n de que la participaci�n espa�ola en los problemas comunes fuera mayor.
Pidiendo una mayor presencia espa�ola, puesto que �sta se reclama, se desea, se quiere y, a veces, se extra�a1217. Para ello, reclam� una evaluaci�n de las condiciones que imperaban en la zona centroamericana y el Caribe y expuso dos propuestas concretas: aumentar la presencia espa�ola en la zona y recoger las diferentes propuestas de paz que se hab�an presentado. Proponiendo una salida pol�tica y econ�mica a esos pa�ses, la cual ser�a apoyada por Estados Unidos, puesto que era la �nica soluci�n que ten�an a la situaci�n generalizada de crisis y enfrentamientos civiles. Aludi� tambi�n a los pa�ses fuera de la zona que agudizaban los problemas existentes y a que el istmo se pod�a convertir en una zona de enfrentamiento entre el Oeste y el Este. La principal acusaci�n que se le plante� al Gobierno centrista, fue el dejarse arrebatar la iniciativa en la formulaci�n de planes de estabilizaci�n para una zona calificada de explosiva y volc�nica por otros pa�ses americanos y europeos. Todo ello, debido a su complejidad, se traslad� a otra reuni�n monogr�fica, la cual se celebrar�a el 27 de abril, tras una visita a la regi�n centroamericana de una comisi�n de las C�maras, presidida por Ignacio Camu�as.
En dicha visita, a la cual acudieron seis diputados espa�oles1218, se lleg� a la conclusi�n de que los pa�ses implicados quer�an una mayor presencia espa�ola en la b�squeda de la paz. Logr�ndose el consenso en una cuesti�n b�sica: la deficiente presencia de la diplomacia espa�ola en la zona. La cual, sino se reforzaba, no podr�a satisfacer las demandas que ten�an los diferentes actores acerca del papel que pod�a tener Espa�a. Incidiendo, tambi�n, en la necesidad de que Espa�a se uniera al plan de ayuda econ�mica para Centroam�rica y el Caribe en el que participaban inicialmente Estados Unidos, Canad�, M�xico y Venezuela1219.
En abril, Gonz�lez volvi� a Bonn a otra reuni�n de la IS, en este caso para analizar los resultados de las elecciones celebradas en El Salvador y la postura de Estados Unidos frente a los resultados de los comicios. En �sta, las discusiones fueron llevadas a cabo por el l�der espa�ol y por Carlos Andr�s P�rez.
Plante�ndose en la misma que el error de las elecciones no fue tanto de El Salvador, sino de Estados Unidos, ya que su proyecto inicial no les sirve, porque justamente uno de los candidatos, que puede en coalici�n alzarse con la mayor�a, puede interpretar el sentido del voto como el aplastamiento total de la guerrilla, cuando la gente lo que quer�a era utilizar el veh�culo de las urnas para pacificar el pa�s1220.
Adem�s, aunque las elecciones tuvieron un alto seguimiento, lo cierto es que no hubo condiciones jur�dicas y pol�ticas para que se pueda hablar de una elecci�n limpia y libre. Gonz�lez participar�a, as� mismo, en la elaboraci�n de una declaraci�n sobre la postura de los socialistas para llegar a una soluci�n, no s�lo en El Salvador, sino en toda la regi�n centroamericana. La cual se pudiera considerar como una tercera v�a a las planteadas hasta el momento. Se deb�a buscar una estrategia basada en la libertad, en el pluralismo democr�tico y en un progreso sobre cambios estructurales muy profundos. Esta posible soluci�n estaba en intensa consonancia con las propuestas de M�xico y Panam�. Entre las resoluciones aprobadas, las m�s importantes se dirig�an a la necesidad de suspender toda ayuda militar proveniente del exterior y al controvertido tema sobre la intervenci�n de cualquier Estado en los asuntos de otro Estado. Por tanto, lo que en �ltima instancia se estaba condenando, era toda intervenci�n norteamericana, sovi�tica o cubana en la zona. Por �ltimo, el l�der socialista expres� su apoyo al gobierno sandinista de Nicaragua en su compromiso con el pluralismo, la justicia social, la democracia y la no alineaci�n, condenando todo intento de desestabilizaci�n e interferencia contra su soberan�a1221. Lo cual se vio respaldado por las declaraciones de Brandt, el cual afirm� que los nicarag�enses siempre ser�an invitados a los encuentros de la IS en los cuales se tratasen temas que les afectasen.
A finales de mes recibi� al dirigente nicarag�ense Sergio Ram�rez, que acudi� a Espa�a para recabar apoyo econ�mico y pol�tico de Calvo Sotelo, as� como para el conocido como �plan de paz mexicano�1222. El cual elogi� la postura que estaba manteniendo Espa�a, especialmente en relaci�n con la condena de la injerencia de terceros pa�ses en Nicaragua. El l�der nicarag�ense expuso que Espa�a es hoy, con M�xico y Panam�, el pa�s que m�s comprensi�n y apoyo presta a Nicaragua. Lo que esperamos de Madrid es que contin�e con esa comprensi�n, que se refleja en apoyo pol�tico y ayuda financiera para nuestros proyectos1223. Incluso expuso c�mo con relaci�n al Gobierno de Calvo Sotelo, el presidente ha dejado en nuestras manos la sugerencia de una iniciativa concreta que podr�a respaldar su Gobierno.
Sobre este particular, Calvo Sotelo, manifest� que Espa�a deb�a ayudar en la soluci�n pac�fica de los problemas centroamericanos y aportar m�s asistencia econ�mica y t�cnica para el desarrollo de Nicaragua1224. En aquellos momentos y como los temas que afectaban a la regi�n eran siempre tratados por el l�der socialista, se lleg� a afirmar que pareciera que la diplomacia espa�ola ha asumido que Managua es un coto de Felipe Gonz�lez1225. Sobre todo, por la ambig�edad que el Gobierno de UCD hab�a mantenido desde comienzos del conflicto, sin realizar ninguna visita oficial a la zona1226. Lo cierto, es que en relaci�n con este tema, ni siquiera la IS parec�a mantener una postura un�voca hacia el mismo, aunque ten�a mayor amplitud de esperanzas en que el Gobierno nicarag�ense no terminase bajo las redes o directrices del r�gimen sovi�tico. En este sentido, un editorial del diario El Pa�s, afirmaba que los nicarag�enses son unos amigos inc�modos que piden mucho y nada pueden ofrecer a cambio. Pero Nicaragua no hace sino acogerse a ese principio de relaciones especiales que Espa�a dice tener con Am�rica Latina (...) una vez m�s, s�lo el PSOE se muestra dispuesto a entrar a fondo en el tema (...) s�lo las relaciones econ�micas salvan parcialmente la dejaci�n que a menudo hace Espa�a de supresencia pol�tica en ese continente 1227.
En julio se entrevistar�a tambi�n con Daniel Ortega, el cual ejerc�a las funciones de Jefe de Estado1228, en su visita a Espa�a1229. En esta reuni�n, de nuevo, se volvi� a solicitar la ayuda econ�mica del Gobierno espa�ol y se intent� averiguar cu�les iban a ser las intenciones de Estados Unidos con relaci�n a la intervenci�n en Nicaragua. Sobre ello, el l�der socialista afirmar�a que el deseo de su partido era que en el plano pol�tico Espa�a desempe�ara un papel de interlocutor para ayudarnos a dialogar con EE.UU. Cuantos m�s pa�ses mediadores amigos nos ayuden, mejor podremos evitar que la situaci�n centroamericana, sumamente cr�tica en estos momentos, se vuelva m�s dif�cil1230. En este viaje Daniel Ortega se reuni� tambi�n con el Rey y con el Presidente del Gobierno1231. Posteriormente, march� a Francia para mantener contactos con diversos dirigentes pol�ticos. En esos momentos, las relaciones del r�gimen sandinista con nuestros vecinos franceses se encontraban en mejor disposici�n que con las fuerzas pol�ticas espa�olas. Mitterrand coment� la necesidad de salvaguardar la originalidad de la trayectoria sandinista, en el sentido de que debe de representar un no alineamiento aut�ntico de Nicaragua1232(...) Seguiremos ma�ana como ayer, interviniendo en la CEE para que se otorgue a los pa�ses de Am�rica Central y especialmente a Nicaragua, toda la cooperaci�n econ�mica y financiera a que tiene derecho1233 1234. Los socialistas espa�oles, por su parte, estaban comenzando a tener algunas discrepancias con el rumbo que estaban tomando alguno de los postulados de la Revoluci�n Sandinista.
Aunque ello, a�n no hab�a llevado hasta el extremo de romper sus relaciones. Pero, en su momento, s� fue utilizado este distanciamiento como una de las causas del �apoyo� a las tesis m�s pronorteamericanas en contra de los comandantes nicarag�enses.
En junio, la IS hab�a tenido una reuni�n en Helsinki, donde los sandinistas propusieron la celebraci�n de una conferencia sobre la paz en Centroam�rica. A esta reuni�n tambi�n acudi� Guillermo Ungo, el presidente del FDR salvadore�o, el cual a su vuelta a su pa�s, se detuvo en Espa�a donde se entrevist� entre otros con Felipe Gonz�lez. El cual, y ya en el mes de septiembre, se entrevistar�a con el canciller de Honduras, Edgardo Paz Barnica, expres�ndole todo su apoyo para que el plan de paz para Centroam�rica propuesto por Honduras llegara a buen t�rmino. Entrevist�ndose tambi�n con el Rey.
Desde ese momento, la atenci�n de Felipe Gonz�lez se centr� fundamentalmente en las elecciones de octubre del 82. Las cuales como ya se ha expuesto en otros apartados de esta investigaci�n, fueron ganadas por el partido socialista por una amplia mayor�a. Victoria tras la cual la impresi�n prevaleciente entre los pa�ses latinoamericanos fue de satisfacci�n, al pensarse que un Gobierno de izquierda potenciar�a m�s las relaciones con Iberoam�rica, y tendr�a una contribuci�n decidida en la resoluci�n del conflicto centroamericano. Como ejemplo, sirvan las palabras de Jos� L�pez Portillo, presidente mexicano: los profundos y estrechos lazos que felizmente unen a nuestros pueblos se ver�n reforzados durante el gobierno socialista1235. As� mismo, el diario Uno mas uno se refer�a al PSOE en su editorial con los siguientes t�rminos: en rigor pol�tico, la alternativa socialista en Espa�a es, al margen de cualquier posici�n parcial o partidista, un gran acontecimiento mundial.
Del discurso en el Congreso para presentar su candidatura a la presidencia del Gobierno, se pueden concluir una serie de ideas impl�citas con relaci�n a la pol�tica exterior1236. Las cuales, aunque han sido referidas en algunos de sus puntos en el cap�tulo anterior, creemos necesario volver a recoger en beneficio de una mayor claridad expositiva. A saber:
1. Una idea cr�tica con relaci�n a la concepci�n de la pol�tica seguida en el
pasado, que era fundamentalmente acomodante.
2. Una noci�n voluntarista de cambio de cara al futuro.
3. El reconocimiento de las posibilidades y l�mites de la acci�n espa�ola.
Adem�s, se marcaban los objetivos de la referida pol�tica:
1. Contribuir al proceso de afianzamiento de la democracia espa�ola.
2. Favorecer el proceso de modernizaci�n econ�mica y social de Espa�a mediante
la incorporaci�n a la CE1237.
3. Contribuir al mantenimiento de los equilibrios globales, a la vez que se
salvaguardan los espec�ficos intereses de seguridad espa�ola.
4. Mejorar las relaciones con los pa�ses vecinos, propiciando la estabilidad y
el progreso de la pol�tica internacional.
Cuando Felipe Gonz�lez lleg� a la Moncloa en 1982, hab�a visitado Iberoam�rica en m�s de doce ocasiones. De ellas, m�s de cuatro en los �ltimos dos a�os. Como hemos ido mencionado, ello se deb�a, sobre todo, al impulso de la IS y en especial al inter�s que ten�a el Partido Social Dem�crata alem�n y, sobre todo, Willy Brandt -presidente de la IS- de expandir la presencia socialista en la regi�n. Labor para la cual se valieron tanto del PSOE como, fundamentalmente, de la figura de su joven l�der. En noviembre, justo despu�s del triunfo electoral, la IS se reuni� en Basiela para analizar los resultados electorales, aunque esta vez no acudi� Gonz�lez sino Francisco L�pez Real, miembro de la comisi�n ejecutiva. De nuevo, la situaci�n de El Salvador ocup� parte de los debates. Entre las resoluciones aprobadas, se puede leer: saludar las decisiones del Frente Patri�tico de la Revoluci�n de Nicaragua, en orden a solicitar a la Junta de Gobierno la elaboraci�n de una ley electoral, la ley de partidos pol�ticos, la ley de inversiones extranjeras, la ley reguladora de los medios de comunicaci�n y la reforma a la ley de emergencia nacional que permita practicar a los partidos pol�ticos sus actividades internas1238.
La pol�tica exterior era uno de los campos donde el gabinete socialista ten�a que dar una clara definici�n de cu�les eran los intereses y las l�neas de actuaci�n que caracterizar�an a la misma en este per�odo que se abr�a en Espa�a. Sobre todo, porque era uno de los ministerios donde el desconcierto y la descoordinaci�n eran mayores1239. En este sentido, el editorial del diario El Pa�s que hac�a menci�n del an�lisis de esta pol�tica en el Debate de Estado de la naci�n, afirmaba que si hab�a alg�n sector dentro de la pol�tica espa�ola en el que hubiera brillado la confusi�n y el desconcierto del Gobierno, ese era el de la pol�tica exterior. Nunca como durante los Gobiernos de UCD, continuaba, se vio m�s a las claras la indefinici�n de principios que han venido aquejando a nuestra diplomacia1240 . En Am�rica Latina, se planteaban las posibilidades de que surgieran conflictos, especialmente con la Administraci�n Norteamericana, debido a que eran zonas donde se un�an las preocupaciones del l�der socialista con su mayor conocimiento e informaci�n sobre la situaci�n de los diferentes actores1241. Los numerosos viajes de Felipe Gonz�lez al subcontinente americano, su actitud mediadora en el conflicto de Nicaragua y sus compromisos con la IS, han permitido al PSOE una posici�n de privilegio en este terreno1242. En especial, con relaci�n a Centroam�rica, se consideraba que la participaci�n de Gonz�lez ser�a determinante como gestor del proceso de pacificaci�n que estaba comenzando a surgir entre distintos gobiernos democr�ticos latinoamericanos. Seg�n se expon�a en un art�culo de opini�n en el citado diario, los dirigentes latinoamericanos quer�an la intervenci�n de Felipe Gonz�lez porque sab�an que era un pol�tico que suma y no resta, y que una llamada suya, una invitaci�n oficial a Espa�a a determinados personajes en el momento oportuno, podr�a encauzar convenientemente un proceso de di�logo1243. En este sentido, afirmaba Antoine Blanca, embajador itinerante franc�s para Iberoam�rica, que deber�an trabajar junto al nuevo Gobierno espa�ol, el cual ten�a ideas precisas sobre el papel a desempe�ar en Am�rica Latina.
Busc�ndose una concertaci�n de los gobiernos socialistas de la Europa occidental y, sobre todo, de Francia y de Espa�a. A lo cual, tendr�an que unirse la eliminaci�n de problemas entre ambos pa�ses y sus l�deres, gracias a la amistad personal que manten�a tanto con Gonz�lez como con el Vicepresidente, Alfonso Guerra1244. Entre las acciones que afectaban a esta regi�n que se comprometi� a llevar a cabo, estaban:
� La cooperaci�n activa entre Espa�a y Am�rica Latina en la promoci�n de un
nuevo orden econ�mico internacional.
� La defensa inflexible de los derechos humanos ya sea individual, colectivos,
pol�ticos, econ�micos o culturales.
� La solidaridad con dem�cratas que viven bajo el yugo de la dictadura1245.
El propio Gonz�lez, en una entrevista concedida al diario El Pa�s, afirmaba que su Gobierno no quer�a ser protagonista de nada. Que los dirigentes latinoamericanos eran conscientes de que ellos estaban all� y que pod�an recurrir a solicitar su ayuda cuando as� lo estimasen oportuno. Para de este modo llevar a cabo un proyecto de paz, de democracia y de desarrollo del continente. Al mismo tiempo llamaba a la prudencia en el reconocimiento del Frente de Reconstrucci�n Nacional en El Salvador, para que su acci�n no fuese interpretada como una intromisi�n o una intervenci�n de un pa�s extranjero1246.
En este sentido, el primer contacto oficial que tuvo tras el triunfo de las elecciones, fue una visita a Madrid del nuevo Secretario de Estado norteamericano, George Shultz, en diciembre, con el cual trat� largamente sobre el tema centroamericano. En una entrevista que le realizaron antes de llevar a cabo el viaje, al pregunt�rsele si iba a hablar de Am�rica Latina con Shultz, contest� que cab�a la posibilidad, aunque no era la primera consideraci�n en relaci�n con Hispanoam�rica. En este momento hay all� una situaci�n de tensi�n que puede desencadenar esa especie de conferencia que yo he llamado �el peque�o Helsinki� para la regi�n centroamericana y el Caribe. La �nica soluci�n estable que pod�a plantearse requer�a implicar a todas las partes, incluidos M�xico, Colombia, Venezuela y algunos pa�ses del Pacto Andino. Sin olvidar a los pa�ses del Caribe y a EE.UU. Los intereses de EE.UU no s�lo son intereses subjetivos de un pa�s todopoderoso que quiere controlar una determinada �rea de supervivencia desde el punto de vista de su seguridad, son tambi�n unos intereses estrat�gicos objetivos que envuelven el futuro del Canal de Panam�. Se interrogaba entonces as� mismo sobre qu� papel pod�a jugar Espa�a all�, afirmando que el mayor error que se comete en pol�tica exterior es querer ser protagonista en un momento en que no es llamado a protagonizar nada. Los responsables pol�ticos de todos los pa�ses que he visitado conocen mi disponibilidad y la del Gobierno espa�ol de cooperar en un proyecto de paz, de democracia, y de desarrollo del continente latinoamericano pa�s por pa�s o en su conjunto. Continuaba diciendo que, esa disposici�n voy a empezar a articularla con las personas que conozco, pero con prudencia, porque no quiero llegar antes ni despu�s. Adem�s, con relaci�n al Salvador, yo no quiero que Espa�a de pasos por delante de los pa�ses de la regi�n que est�n en el proyecto de paz, porque si no la intervenci�n en el problema sonar�a a eso: intervenci�n entre comillas y subrayado, cosa que me parece que no es positiva. Concluyendo con la aseveraci�n de que no hab�a ninguna fuerza exterior que condicionara la pol�tica exterior de Espa�a, hay una generaci�n que empieza a querer a Espa�a independiente y soberana desde la libertad1247.
Seg�n Roberto Mesa, el objetivo que deb�a guiar a la pol�tica exterior espa�ola, no era tanto de grandeza, lo cual no se pod�a pensar para una potencia media como era el caso espa�ol, sino ocupar el sitio que le correspond�a en las relaciones internacionales globales y que existiera un proceso socialista de modernizaci�n de la acci�n exterior1248. As�, en una entrevista realizada a Olof Palme en el momento del triunfo del PSOE, �ste afirmaba que la llegada al Gobierno de Gonz�lez, abr�a nuevas perspectivas para discutir con Espa�a problemas de �ndole internacional. Lo cual pod�a llevar, incluso, a la necesidad de hacer algunas concesiones para poder as� contar con el punto de vista de otros actores de la vida pol�tica nacional. La necesidad de una mayor�a -que en el caso espa�ol se contaba de antemano- hac�a necesario buscar algunos cambios en los planteamientos iniciales, aunque siempre con moderaci�n.
Llevado a Centroam�rica, provocar�a que se sentasen juntos los pa�ses de la regi�n y los occidentales para buscar una salida negociada. Las tiran�as van a desaparecer porque todas las dictaduras llevan en su seno la enfermedad de su propia destrucci�n1249.
Al comienzo del mandato propuso convocar, tal y como se ha mencionado, una conferencia �mini-Helsinki� en la que Espa�a actuar�a como sede. Su idea era a�adirle una dimensi�n europea al proceso de Contadora y hacer que Cuba tambi�n participara. Le daba una significaci�n especial a la participaci�n cubana, al creer, junto a Mor�n, que la clave para la soluci�n del problema en Centroam�rica resid�a en hacer que los Estados Unidos y Cuba se unieran. En meses posteriores hubo una enorme actividad diplom�tica y Cuba volvi� tambi�n a aparecer en las preocupaciones del Gobierno espa�ol. En este sentido, Mart�nez de la Vega afirmaba que el que hubiera paz negociada o guerra generalizada en Centroam�rica depend�a tanto de Fidel Castro como de Ronald Reagan1250. Seg�n este autor, el acceso a la presidencia de Felipe Gonz�lez, era determinante porque su prestigio moral, comprensi�n del problema regional y capacidad de di�logo con todas las partes en conflicto elevan considerablemente las posibilidades de negociaci�n (...) La sola gesti�n positiva del Gobierno socialista espa�ol, incluso sin ning�n tipo de acci�n exterior, bastar�a para contribuir ejemplarmente a la soluci�n de los problemas centroamericanos. A lo cual hab�a que unir la vocaci�n iberoamericana de Gonz�lez y el minucioso conocimiento que ten�a tanto de la zona como de los personajes. As�, �ste realiz� innumerables viajes maratonianos por Am�rica Latina, durante los cuales estableci� estrechas relaciones de conocimiento y de amistad personal con los actuales dirigentes (...) como Omar Torrijos, se convirti� en interlocutor v�lido de cada una de las fuerzas beligerantes, los sandinistas y Ed�n Pastora; los guerrilleros; Fidel Castro y Ronald Reagan. Sobre todo, habr�a que destacar la impresi�n que se ten�a en EE.UU acerca de la capacidad negociadora de Gonz�lez y su deseo manifiesto de utilizarlo como tal en la nueva etapa que comenzaba en la pol�tica espa�ola. Los ocho pacificadores latinoamericanos ven con esperanza esta nueva realidad espa�ola. Conocen la influencia personal de Gonz�lez ante los protagonistas en pugna y conf�an en �l para finalizar las gestiones negociadoras. Saben que Felipe Gonz�lez es un pol�tico que suma, no resta y que una llamada suya, una invitaci�n oficial a Espa�a a determinados personajes en el momento oportuno puede encauzar convenientemente un proceso de di�logo. En definitiva, y creemos que como buen broche a esta exposici�n, para Mart�nez de la Vega, Gonz�lez, en su nueva andadura latinoamericana, no necesita m�s compa�eros de viaje que aquellos europeos que quieran asumir sin condiciones su tesis de paz y aquellos buenos socios latinoamericanos que le est�n ofreciendo incondicionalmente su respaldo pol�tico.
El 2 diciembre del 82, se realiza una misi�n de la IS a Nicaragua, encabezada por Carlos Andr�s P�rez. Tras ella, Gonz�lez declarar�a que no hab�a una soluci�n estable al problema, si en la misma no se implicaba a todas las partes. Refiri�ndose con ello tambi�n a M�xico, Colombia, Venezuela y algunos pa�ses del Pacto Andino, los cuales, muestran su voluntad de entrar en esa especie de presi�n por la negociaci�n para la paz y seguridad de la regi�n. Luego est�n el Caribe y EE.UU1251. Veremos c�mo intervinieron estos pa�ses y qu� papel represent� el l�der pol�tico espa�ol en la articulaci�n de los diversos intereses que se entremezclaban en esos conflictos. No tanto como el que propon�a soluciones, sino un intermediario entre las partes. Actividad que consigui�, tal y como ahora expondremos, el reconocimiento de los l�deres pol�ticos, suponiendo un plus para Espa�a a la hora de calibrar el papel a desempe�ar en la escena internacional.