DISCURSOS SOBRE ARTE DIGITAL

José Luis Crespo Fajardo

Un autor único con infinitas signaturas

Para ser eficaces, estas propuestas artísticas tienen que aparecer con la fuerza de su evidencia, y la técnica tiene que desaparecer delante de la expresión perceptiva. El artista es una fuerza de proposición que afirma una visión particular y subjetiva. Por esta razón precisa, el autor –ya sea uno o múltiple– no puede totalmente desaparecer ante lo colectivo. El estatuto de la obra, del autor y del espectador sufre fuertes alteraciones, y el triángulo delimitado tradicionalmente por ellos tres ve su geometría modificarse. Se puede decir que este triángulo tiende a transformarse en círculo; y sobre este círculo móvil, la obra, el autor y el espectador no ocupan ya lugares estrictamente definidos ni identidades impermeables, pero  intercambian constantemente, se cruzan, se hibridan. Para Edmont Couchot:

La historia se compone de dos: está, parcial pero efectivamente, la obra del que mira, la proyección de sus reacciones de sus pensamientos, de su subjetividad; y, por otro lado, está el resultado de dos sujetos que hibridan su singularidad respectiva a través de una interfaz. Y cuando esta obra pone en relación, vía una red digital, una multitud de otros actores navegando en el mismo espacio dialógico, esta responsabilidad se comparte, se fractaliza, en miles de coautores. Entonces la historia se compone de varios.2

Pero, aunque varios autores realizan la obra al navegar por la red, la concepción artística implica una dirección: la fuerza subjetiva de una mirada lateral. El autor es el que, responsable de esta dirección, da el cuerpo central y el sentido del proyecto. Su originalidad está siempre presente, cualquiera que sean las interacciones y las técnicas convocadas.

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