Economista italiano, marxista, amigo de Antonio Gramsci, Sraffa fue llevado por Keynes a Cambridge en los años 20. Su crítica de la teoría de Marshall influyó en sobre muchos economistas, entre ellos a Joan Robinson (que decía que P. Sraffa era el único varón que ella respetaba).
Una anécdota: parece ser que en los años 30, Piero Sraffa obtuvo cierta cantidad de dinero que se negó a invertir hasta que encontrara una "inversión perfecta". Al acabar la segunda guerra mundial, tras las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, Sraffa invirtió todos sus ahorros en bonos del gobierno japonés afirmando que Japón no permanecería mucho tiempo hundido. Como ahora sabemos, sus predicciones se cumplieron y en muy pocos años este perspicaz marxista obtuvo una fortuna.