Revista académica de economía
con
el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas ISSN
1696-8352
José Luis Morán Esparza (CV) RESUMEN: El Objetivo de la presente investigación consiste en
determinar los impactos que sobre la ocupación en Venezuela ejercen
las variaciones de la Fuerza de trabajo, la formación bruta de
capital real y las importaciones reales. En este sentido se analizo
el periodo 1998-2006 con el apoyo de cifras macroeconómicas de los
anuarios estadísticos del BCV (Banco Central de Venezuela) y del INE
(Instituto Nacional de Estadísticas.
La ocupación en Venezuela. Un análisis econométrico; periodo
1998-2006.
UNEFA
- Falcón, Venezuela
moran.joseluis@gmail.com
La Indagación tiene un nivel perceptual y comprensivo, por
cuanto es de carácter exploratorio e indagativo, además de entender,
pronosticar y exponer pues, descansa en una exhaustiva revisión
bibliográfica respecto a las diferentes teorías económicas que
explican la ocupación o empleo y de los factores que la explican,
así como el uso del método estadístico de los Mínimos Cuadrados
Ordinarios que nos permitió realizar la regresión del modelo
econométrico propuesto.
Unas de las conclusiones a las cuales llega la investigación, versa
entonces en inferir que la Inversión o Formación Bruta de Capital
real ejerce una influencia determinante en la generación de empleo
así como también pero en sentido contrario, el incremento sobre las
importaciones reduce la creación de nuevos puestos de y trabajo.
Palabras Claves: Empleo, Formación bruta de capital real,
importaciones.
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recomendamos utilizar este formato:
Morán Esparza, J.L.: "La ocupación en Venezuela. Un análisis econométrico; periodo 1998-2006. " en Observatorio de la Economía Latinoamericana Nº 84, septiembre 2007. Texto completo en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/ve/
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Se muestra a continuación parte del texto, sin gráficos ni formato.
El desempleo es una preocupación insoslayable de las autoridades
y del pueblo en general. El desempleo conlleva a una dilapidación de
recursos humanos que de otro modo podrían estar produciendo bienes y
servicios para satisfacer las necesidades de la sociedad. Al mismo
tiempo puede significar extrema miseria personal para los
trabajadores cesantes y es, en consecuencia, una preocupación social
fundamental.
He aquí la importancia de este trabajo de investigación, el cual se
propone por un lado indagar las causas que fundamentan o explican la
reproducción de empleo en la economía y por otra parte la
justificación de nuestra propuesta que descansa en la profundización
de la política social generando un modelo de estrategias para crear
empresas de producción social comunitarias hacia la generación de
empleo productivo y estable en las localidades pobres o excluidas
del sistema capitalista.
A pesar de que existe consenso en cuanto a la gravedad del desempleo
para la sociedad, no existe consenso respecto a las causas que lo
originan como tampoco los decisores políticos se han puesto de
acuerdo en cuanto a las posibles soluciones.
Hablando en general – y dejando a un lado los tipos híbridos que son
muy comunes en nuestros tiempos debido al desarrollo intelectual,
económico, etc. Que hacen que las teorías vayan modificándose y
adaptándose a las nuevas condiciones- se ofrecen tres explicaciones
del fenómeno del empleo: las neoclásicas, las keynesianas y las
marxistas.
1.- El empleo en los Clásicos:
Para Smith; solo esboza el problema del empleo en el contexto de su
teoría del salario, no constituyendo objeto específico de su
investigación. Para Smith existe una estrecha relación entre la
variación del salario y el empleo, lo cual puede sintetizarse en las
siguientes afirmaciones:
1. Los salarios varían en proporción inversa a lo grato del empleo.
2. Los salarios varían en proporción directa al costo de su
aprendizaje como la educación en las artes y en las profesiones
liberales, aun es más largo y costosa.
3. Los salarios varían en proporción inversa a la continuidad del
empleo (ningún otro trabajo es más fácil de aprender que el del
albañil). Su compensación es la eventualidad del empleo.
Luego, Ricardo tenía plena conciencia de que con el desarrollo de
las máquinas estas sustituirían al hombre como mano de obra, es
decir, con la incorporación de las máquinas al proceso productivo el
nivel de mano de obra necesaria sería menor, pero a la vez creía que
esa mano de obra sustituida, encontraría trabajo más adelante,
aunque en los primeros momentos le traería sus inconvenientes.
Si el capitalista, “al utilizar las nuevas maquinarias logra obtener
el ingreso neto usual, estará estimulado a aumentar la demanda de
trabajo y por tanto, se incrementará la producción”. Esta es la
ocupación eminentemente burguesa; reconoce las contradicciones entre
obreros y terratenientes al admitir el empeoramiento de la situación
de la clase obrera, pero en todo momento los obreros no pueden
resolver ellos mismos su destino.
2.- Teoría neoclásica del empleo:
Los neoclásicos le otorgan un papel fundamental al mercado, pues lo
consideran el mejor distribuidor de los recursos. Según la teoría de
la competencia del laisser-faire, el paro se debe, bien a una
interferencia del gobierno en el libre juego de las fuerzas del
mercado, o generalmente, a prácticas monopolísticas. Solo con que el
gobierno se abstuviera de intervenir en los asuntos económicos
mediante la legislación social, los subsidios, los derechos
arancelarios, etc. y abandonara el campo a la iniciativa privada y a
la libre contratación en el mercado, se aseguraría automáticamente
un alto nivel de ocupación. (Oxford. U, 1948)
Reducido a su expresión teórica: el paro existe porque los salarios
son demasiados altos, este nivel, indebidamente alto se mantiene por
las prácticas monopolísticas de los sindicatos obreros, e
indirectamente por el sistema de distribución que garantiza un nivel
mínimo.
Si se suprimieran estas restricciones, la competencia obligaría a
los salarios a descender hasta el nivel en que resultara provechoso
para los empresarios emplear más trabajo.
Pigou, contemporáneo con Marshall, tiene varias obras, dentro de las
que destaca “La Teoría del empleo”, donde desarrolla lo que se ha
considerado la teoría neoclásica de la ocupación, que no es más que
la teoría del empleo voluntario, la que explica a través de la ley
de los rendimientos decrecientes de los factores de la producción,
principalmente del trabajo.
Este esboza que la relación entre el nivel de ocupación y el salario
real es inversamente proporcional, lo que quiere decir que a media
que aumente el salario real, menor será el nivel de ocupación y
viceversa.
Para Keynes, la teoría de la ocupación del profesor Pigou “…es la
única descripción detallada que existe de la teoría clásica de la
ocupación” (Keynes, 1976, Pág. 21), donde su esencia está dada por
las formas de aumentar la ocupación.
De manera general la teoría neoclásica del empleo parte del
equilibrio en el mercado de trabajo (gráfico 1), pues plantea que el
nivel de empleo es determinado mediante la igualdad de la demanda de
trabajo (DL) y la oferta de trabajo (OL). Ambas curvas expresan una
relación entre los salarios, los precios y el empleo.
Equilibrio en el mercado de trabajo
Grafica No. 1.
La curva de demanda de trabajo (DL) es decreciente, lo que significa
que a medida que disminuya el salario real (W/p) aumentará la
cantidad demandada de trabajo. La curva de oferta de trabajo (OL) es
creciente, pues a medida que aumenta el salario real aumentará
también la cantidad de trabajo ofertada. El equilibrio en el mercado
de trabajo se alcanza cuando DL = OL, y esto ocurre en el punto E,
donde No corresponde al nivel de pleno empleo.
Fuente: Macroeconomía. Pág. 503.
3.- Demanda de trabajo:
La demanda de trabajo representa la parte de los empresarios en el
mercado de trabajo. Ella expresa una relación inversa entre el
salario real, que es la relación entre el salario y los precios, y
el empleo, lo que puede deducirse gráficamente por la pendiente
negativa de la curva de demanda de trabajo.
Los economistas neoclásicos parten de que la ley de los rendimientos
decrecientes (Campbell et. al, 2003) se pone de manifiesto en la
productividad del trabajo, siendo esto una de las causas de que la
curva sea de pendiente decreciente.
Suponen que la productividad marginal del trabajo disminuye a medida
que se emplea más trabajadores. Existe una cantidad fija de capital
por lo que al emplear más mano de obra, corresponde a cada nuevo
trabajador menos maquinaria que a los anteriores, añadiendo menos a
la producción este nuevo trabajador que los otros trabajadores. Por
tanto, el producto marginal del trabajo es decreciente al igual que
la demanda de trabajo.
Según estos economistas, en un mercado competitivo, esta es la única
causa de la pendiente decreciente de la demanda de trabajo, pues en
este tipo de mercado los precios están dados. En el caso del mercado
imperfecto además de la productividad marginal del trabajo
decreciente existe otra razón, los precios del producto, pues estos
bajan a medida que aumenta la producción.
Las empresas son competitivas y por tanto, desean pagar un salario
real igual al producto marginal del trabajo.
Según lo explicado anteriormente esta curva de demanda agregada
sería a corto plazo (Dcp), porque existe una cantidad fija de
capital, por lo tanto, también puede existir una curva de demanda en
el largo plazo (Dlp), donde tanto el trabajo como el capital son
factores variables.
Esta curva de demanda de trabajo a largo plazo (gráfico 2) también
tiene pendiente negativa, en este caso porque el salario provoca un
efecto-producción a corto plazo y un efecto-sustitución a largo
plazo, que alteran conjuntamente el nivel óptimo de empleo de la
empresa.
Una reducción del salario de W1 a W2 eleva a cantidad de trabajo a
corto plazo de equilibrio de Q a Q1 (efecto-producción). Sin
embargo, a largo plazo la empresa también sustituye capital por
trabajo, lo que produce un efecto-sustitución de Q1Q2. Por tanto, la
curva de demanda de trabajo a largo plazo es el resultado de ambos
efectos y se halla conectado, por ejemplo, a los puntos a y c.
Fuente: Campbell et. al (2003) Pág. 141
El efecto-producción también llamado efecto-escala no es más que la
variación del nivel de empleo ante una modificación del costo de
producción del empresario al variar los salarios de los
trabajadores. Normalmente una reducción del salario de los
trabajadores disminuye el costo marginal del producto, por lo que
los empresarios pueden producir una unidad adicional a un menor
costo. Al aumentar la producción aumenta la demanda de trabajo.
El efecto-sustitución es la variación que experimenta el empleo
debido únicamente a una variación del precio relativo del trabajo,
manteniéndose constante la producción. En este caso el empresario
decidirá sustituir algunos tipos de capital (que es un factor
variable al ser un efecto en el largo plazo) por trabajo, el que es
relativamente menos caro. La respuesta a largo plazo es mayor que a
corto plazo pues genera un mayor nivel de empleo, expresando
gráficamente en una curva de demanda de trabajo a largo plazo más
elástica que la de corto plazo.
Estos dos efectos en conjunto provocan un aumento del nivel de
empleo de mayor magnitud. Existen otros factores que aumentan más la
elasticidad de la demanda de trabajo a largo plazo como la demanda
del producto, la relación entre trabajo y capital y la tecnología.
La curva de demanda de trabajo del mercado es menos elástica que la
mera suma horizontal de las curvas de demanda de cada empresa. Por
ejemplo, una reducción de salario motiva a las empresas a aumentar
su producción y el número de trabajadores, lo que provocará un
aumento de la oferta del producto, lo que a su vez tiende a
disminuir el precio del mismo en el mercado.
Precisamente el precio de producto es un factor que influye sobre la
demanda de trabajo de cada empresa, provocando un efecto contrario
aunque en menor cuantía, pues en términos absolutos el nivel de
empleo aumenta pero menos que si se sumaran horizontalmente las
demandas de trabajo de cada empresa.
4.- Oferta de trabajo:
La oferta de trabajo representa la parte de los trabajadores en el
mercado de trabajo. Esta curva expresa una relación directamente
proporcional entre el salario nominal y el empleo, si aumenta uno
también aumenta el otro.
Cada individuo ofrece al mercado una cantidad de trabajo, la cual
está determinada por la distribución diaria de su tiempo (el que es
fijo) entre las actividades que realiza dentro del mercado de
trabajo (trabajo) y las actividades que realiza fuera del mismo
(ocio). El trabajo también es definido como el empleo en el cual se
recibe remuneración, mientras que el ocio incluye todas las
actividades realizadas por los individuos y por las que no reciben
remuneración alguna.
Según los neoclásicos para que cada individuo distribuya su tiempo
de forma óptima entre estas actividades necesita dos tipos de
información: la información psicológica subjetiva sobre sus
preferencias por el ocio y el trabajo, las que se representa a
través de las curvas de indiferencia; y la información objetiva del
mercado representada por la restricción presupuestaria. (Campbell
et. al, 2003)
Una curva de indiferencia expresa diferentes combinaciones de horas
de ocio (o de trabajo) y de renta diaria, estas combinaciones son
indiferentes entre sí pues representan un mismo nivel de utilidad
para el individuo. Un individuo puede sentir satisfacción ante el
trabajo, el ocio o la renta, pero para poder obtener una cantidad
mayor de uno de esos bienes debe renunciar a alguna cantidad de otro
para mantener el mismo nivel de utilidad.
Esto explica empíricamente la pendiente decreciente de las curvas de
indiferencia. Pero además de ser decrecientes las curvas de
indiferencia son convexas porque cada vez más los individuos son más
reacios a cambiar una cantidad de bien escaso por otro cualquiera,
por ejemplo a medida que aumenta su nivel de ocio, el individuo está
dispuesto a renunciar a menos cantidad de renta a cambio del ocio,
el cual posee en abundancia no pasando lo mismo con la renta. En
términos técnicos la curva de indiferencia se mide por la relación
marginal de sustitución (RMS) de renta y ocio y estas suelen
diferenciarse para cada individuo pues todos no tiene los mismos
gustos o preferencias, también se pueden diferenciar por el tipo de
trabajo, si este es más agradable o no; así como de las
circunstancias específicas de cada persona, su entorno familiar,
circunstancias económicas, de salud, etc.
La restricción presupuestaria muestra todas las combinaciones de
renta (bienes) y ocio que puede acceder un trabajador según su
salario, bajo el supuesto de que la única fuente de renta monetaria
es el trabajo, es decir, que el individuo no tiene ahorros
acumulados ni puede pedir prestado. La pendiente no es más que el
reflejo del salario por hora.
La oferta de trabajo de un individuo es creciente y esta se puede
ver afectada por una variación de la renta o por una variación del
salario.
El Efecto-renta: Se refiere a la variación del número deseado de
horas de trabajo por una variación de la renta, manteniendo
constante el salario. En el caso de una persona específica, las
horas de trabajo pueden aumentar durante un tiempo a medida que
suben los salarios, pero hay un punto a partir del cual las nuevas
subidas pueden provocar una reducción de la oferta de horas de
trabajo. La curva de oferta de trabajo de este individuo es
ascendente durante un tiempo y a continuación, se vuelve hacia
atrás, denominándose curva de oferta de trabajo que se vuelve hacia
atrás.
El Efecto-sustitución: Indica la variación del número deseado de
horas de trabajo provocado por una variación del salario,
manteniéndose constante la renta. Cuando suben los salarios y el
ocio se encarece, es razonable sustituir ocio por trabajo
(comportándose el ocio como un bien normal). Es decir, en el caso de
una subida salarial, el efecto-sustitución lleva al individuo a
desear trabajar más horas. (Gráfico 3)
Estos efectos se pueden combinar. Si el efecto-sustitución domina al
efecto-renta, el individuo optará por trabajar más horas cuando suba
el salario, lo que coincide con la parte ascendente de la curva de
oferta de trabajo que se vuelve hacia atrás. En caso contrario, el
individuo tenderá a trabajar menos horas, correspondiendo la parte
hacia atrás de la curva.
En este modelo se supone implícitamente que los trabajadores pueden
elegir individualmente el número de horas que trabajan. La curva de
oferta de trabajo del mercado es creciente e indica que los
trabajadores desean ofrecer más horas de trabajo cuanto más elevado
es el salario real.
Según estas teorías, las curva de demanda y oferta de trabajo se
cortan en un punto (E), con un nivel correspondiente de factor
trabajo o empleo (No) y un nivel de salario real en equilibrio (Wo/Po).
Dicho en otras palabras, en el punto donde coincidan los criterios
de utilidad, correspondientes a la demanda de trabajo que formulan
los empresarios, con los de des-utilidad (sacrificio por trabajar),
que forma la función de oferta de trabajo de los obreros, en ese
punto quedará determinado el volumen de ocupación.
Los economistas neoclásicos llegan a la conclusión de que la
economía siempre funciona en el nivel de pleno empleo.
Gráfico 3. Efecto - renta y efecto - sustitución de una subida
salarial
Suponiendo que el ocio es un bien normal, el efecto-renta
correspondiente a una subida salarial siempre provoca una reducción
del número de horas de trabajo, que en esta figura es una reducción
del tiempo de trabajo de h1h´2 horas. El efecto-sustitución,
provocado por una subida de salario, se traduce en un aumento de las
horas de trabajo de h´2h2 horas. En este caso, el efecto-sustitución
es mayor que el efecto renta y el trabajador decide trabajar h1h2
horas adicionales como consecuencia de la subida de salario.
Fuente: Campbell (2003). Pág. 29
En la década de los sesenta los economistas llegaron a la conclusión
de que el objetivo alcanzable de la política de pleno empleo era una
tasa de desempleo del 4%. En las décadas de 1970 y 1980, muchos
factores llevaron a subir esta cifra hasta un 6% para los Estados
Unidos y entre un 8 y 10% para los países europeos. Dos de estos
factores fueron el cambio de la composición de la población activa
total correspondiente a grupos que tenían elevados tasas de paro,
como los adolescentes; y que las tasas de desempleo cuando se
encontraban alrededor del 4% estaban acompañadas de unas tasas cada
vez más rápidas de inflación.
La tasa natural de desempleo es aquella tasa que corresponde al
equilibrio macroeconómico, en que la inflación esperada es igual a
su nivel efectivo, es aquella tasa a la que retornaría la economía
después de una recesión o auge. Esta tasa también es llamada tasa de
desempleo de inflación estable, debe este nombre a la teoría
elaborada por A. W. Phillips.
La curva de Phillips es una relación inversa entre la tasa de
desempleo y la tasa de crecimiento de los salarios monetarios;
cuanto más elevada es la tasa de desempleo, menor es la tasa de
incremento de los salarios, expresado en otras palabras, existe una
aceleración de intercambio o un compromiso entre la inflación de
salarios y el desempleo.
Este concepto fue corregido por primera vez en 1968 por Milton
Friedman; de modo independiente lo desarrolló Edmund Phepls. Ellos
pronosticaron la muerte de la curva de Phillips sencilla, planteando
que esta curva podía trasladarse a lo largo del tiempo, a medida que
los trabajadores y las empresas se iban acostumbrando a la inflación
y esperaban que ésta continuara.
La proposición de Friedman y Phelps es que a largo plazo la economía
se desplazará hacia la tasa natural de desempleo, cualquiera que sea
la tasa de variación de los salarios y de los precios. El argumento
se basaba en la definición de la tasa natural de desempleo como la
tasa de desempleo friccional que es coherente con el equilibrio del
mercado de trabajo. Siempre que el desempleo esté por encima de la
tasa natural de desempleo, estará buscando empleo más gente que la
que es compatible con el equilibrio del mercado de trabajo.
Este exceso de desempleo dará lugar a que el salario real caiga, de
modo que las empresas querrán contratar a más trabajadores y habrá
menos personas que quieran trabajar, volviendo a descender la tasa
de desempleo hasta volver a la tasa natural. En el caso contrario,
en que la tasa de desempleo esté por debajo de la tasa natural, hay
muy pocas personas que están disponibles para que las empresas
cubran sus puestos de trabajo tan deprisa como lo hacen normalmente,
por lo que el salario real subirá, dando lugar a que las empresas
deseen contratar a menos trabajadores y atrayendo más personas a la
fuerza laboral. La tasa de desempleo se elevará hasta volver a la
tasa natural de desempleo. Por tanto, coexiste una relación de
intercambio a largo plazo entre inflación y desempleo (Gráfico 4).
Los neoclásicos definen tres tipos de desempleo (Sachs – Larrain,
1993):
1. Desempleo friccional: es el desempleo que se debe principalmente
a las bajas voluntarias, a los cambios de trabajo y a las personas
que entran por primera vez en la población activa o que retornan a
ella. Incluso aunque una economía tuviera pleno empleo, siempre
habría rotación, ya que los individuos buscan trabajo cuando
terminan sus estudios o se trasladan de una ciudad a otra, etc.
Algunos lo consideran como un tipo de desempleo estructural.
2. Desempleo estructural: es el desempleo que forma parte de la tasa
natural de desempleo de un país este tipo de desempleo tiene muchas
características comunes con el desempleo friccional, pero se
diferencian en que es más prolongado. Por lo tanto, puede tener
grandes costos para los desempleados y suponer una pérdida
considerable de producción para la sociedad. Significa un desajuste
entre la oferta de trabajo y la demanda de trabajo, estos desajustes
pueden deberse a diferencias entre las cualificaciones necesarias
para ocupar los puestos de trabajo existentes y las que poseen los
demandantes de empleo; o un desajuste geográfico entre el lugar
donde se encuentran las vacantes y el lugar donde se encuentra los
demandantes de empleo.
3. Desempleo cíclico: existe cuando hay un nivel insuficiente de
demanda agregada, lo que obliga a las empresas a suspender
temporalmente el empleo a los trabajadores o despedirlos. Cuando
disminuyen el gasto y la producción totales, el desempleo aumenta en
casi todas partes. No existe como consecuencia de las diferencias
entre las tasas de inflación esperada y efectiva. La distinción
entre desempleo cíclico y otros, ayuda a los economistas a
diagnosticar la salud general del mercado de trabajo. Existe
desempleo cíclico cuando disminuye el empleo a consecuencia de la
oferta y demanda agregada, como subproducto de las recesiones y las
depresiones.
Gráfico 4. La curva de Phillips a largo plazo y a corto plazo
Con la curva de corto plazo (CP) se cría que se podía ir desde el
punto A hasta el B en forma permanente, por lo que había que
enfrentar una inflación más alta a cambio de una disminución de
desempleo o mantener un desempleo permanentemente más bajo. Sin
embargo, el principio acelerador nos enseña que en el largo plazo (LP),
tal “trade-off” es imposible. Cuando se mantiene el desempleo por
debajo de la tasa natural (U), la inflación no solo va a ser más
alta sino que va a ser creciente. Cuando el desempleo se mantiene
por encima de la tasa natural, la inflación caerá en forma continua.
En el largo plazo no hay “trade-off” entre inflación y desempleo.
Solo la tasa natural de desempleo es consistente con cualquier tasa
de inflación estable. En otras palabras, sin importar cuál sea la
tasa de inflación, el desempleo siempre tiene que retornar a su tasa
natural. Fuente: Sachs-Larrain. 1993. Macroeconomía en la economía
global. Pág. 453.
5.- Teoría Keynesiana de la ocupación:
Keynes señala que la mayoría de los economistas habían estudiado el
proceso económico a partir de la existencia de un determinado nivel
de ocupación y era importante conocer que condiciones explicaban ese
nivel de ocupación.
Para explicar las causas del desempleo se basa en el principio de la
demanda efectiva, categoría que constituye la base del modelo
keynesiano y, en el centro de ésta la propensión marginal a
consumir, en donde la ley psicológica tiene un papel fundamental, la
que plantea que los hombres están dispuestos, por regla general y
como promedio, a aumentar su consumo a medida que su ingreso crece,
aunque no en la misma proporción. Por lo anterior se plantea que en
el centro de la teoría keynesiana está en la subjetividad del
individuo, demostrando la influencia del subjetivismo neoclásico.
Para Keynes el nivel de ocupación queda determinado por el
equilibrio entre la oferta global y la demanda global, es decir,
donde ambas funciones se interceptan, por lo que el desempleo
quedaría resuelto cuando se cierra la brecha donde la curva de
oferta es mayor que la curva de demanda (Gráfico 5).
La demanda global expresa el nivel de ingresos y por tanto, el
beneficio obtenido por los empresarios; a su vez la oferta expresa
el nivel de rendimiento que se obtiene a medida que varía el nivel
de ocupación. Mientras que la demanda sea mayor que la oferta o los
ingresos mayores que los rendimientos, no existirá desempleo, pues
los empresarios seguirán aumentando el número de trabajadores como
único factor variable para aumentar sus ingresos (aplicando el
principio de ceteris paribus).
Entonces en el punto donde la demanda es igual a la oferta, los
ingresos obtenidos coinciden con los rendimientos, por lo que es
aquí donde queda fijado el nivel de ocupación, pues después de este
punto, cada unidad adicional de factor trabajo incrementada dará
rendimientos en la producción que excede el nivel de ingresos que se
pueden obtener, pues no habrá demanda en el mercado que pueda
ofrecerlos.
Por lo que si los empresarios desean seguir teniendo beneficios
tendrán que variar otros factores que intervengan en la producción
como el capital, la tierra, la tecnología, etc.
Para Keynes la brecha que determina el nivel de desempleo se elimina
mediante “el incentivo del consumo y de la inversión”, ya que al
aumentar estos componentes, aumentaría la demanda global, pues está
compuesta por la sumatoria de la demanda de consumo (D1) y la
demanda de inversión (D2).
Gráfico 5. Demanda efectiva
En N1, la demanda es mayor que la oferta (D>Z), por lo que habrá un
estímulo a la ocupación. En el punto donde la demanda se iguala a la
oferta (D=Z) queda fijado el nivel de ocupación, porque este es
nivel preciso en el cual las esperanzas de ganancia de los
empresarios alcanzan el máximo. N0 es el punto de la demanda
efectiva. Después de ese punto (en N2), la oferta será mayor que la
demanda (D<Z), aumentado la brecha entre estas dos curvas y por
tanto aumentando el desempleo.
Fuente: Besada, R. 1981. Pág. 29
Para que haya empleo tiene que existir inversión y ésta solo se
realiza si existen ingresos. Según el esquema lógico del modelo
keynesiano, con los ingresos se pueden realizar dos cosas,
consumirlos o invertirlos, donde el consumo está dado por la
propensión marginal a consumir, ya sea en bienes o en servicios,
mientras que la inversión está dada por el incentivo a invertir, que
está dado por la tasa de interés, la que a su vez está determinada
por la liquidez y la cantidad de dinero en circulación.
“...la ocupación solamente puede aumentar pari passu con un
crecimiento de la inversión, a menos, desde luego, que ocurra un
cambio en la propensión a consumir; porque desde el momento en que
los consumidores van a gastar menos de los que importa el alza de
los precios de oferta total cuando la ocupación es mayor, el aumento
de ésta dejará de ser costeable, excepto si hay un aumento de la
inversión para llenar la brecha,” (Keynes, 1976, pág. 101.)
De estos planteamientos surge la implementación del modelo conocido
como keynesiano o de Estado de bienestar, que se fundamenta en la
liquidación del liberalismo y se apoya en el intervencionismo
estatal, donde el Estado debe ser un inversionista importante para
animar el mercado y la economía.
Keynes propone la inexistencia de mecanismos de ajustes automáticos
que permitan a la economía recuperarse de las recesiones. Afirmaba
que el ahorro no invertido prolonga el estancamiento económico y que
la inversión de las empresas de negocios depende de la creación de
nuevos mercados, nuevos adelantos técnicos y otras variables
independientes del tipo de interés o del ahorro.
Puesto que la inversión empresarial fluctúa, no se puede esperar que
pueda preservar un alto nivel de empleo y unos ingresos estables.
Keynes planteaba que el gasto público debe compensar la insuficiente
inversión privada durante la recesión, es aquí donde el Estado juega
un papel fundamental, al tomar medidas que hagan que la tasa de
interés de la esfera de la especulación sea menor que la tasa de
rendimiento en la esfera real, ya que ésta es la única que genera
empleos. O lo que es lo mismo, es necesario incrementar el nivel de
ingresos de los trabajadores, para que puedan consumir pero al mismo
tiempo, puedan ahorrar y por tanto incrementar las inversiones,
partiendo del supuesto de que el ahorro es igual a la inversión.
Esto solo se logra por la acción del Estado como agente regulador
del mercado y de la economía en su conjunto, incrementando el empleo
a través de obras públicas como carreteras, hospitales, puentes,
etc. Cavar agujeros en el suelo y volver a llenarlos de nuevo
producirá, como observara Keynes, una plena ocupación, lo mismo que
la acumulación de armamentos o de equipos industriales.
Plena ocupación es sinónimo de una economía donde solo existe un
mínimo de parados involuntarios, en tránsito a otro que ya está
esperando. Keynes introduce la categoría de desempleo involuntario.
6.- Teoría marxista
Marx trata del problema de empleo a partir del análisis del proceso
de acumulación capitalista. La acumulación capitalista genera un
proceso de exclusión de mano de obra que tiende a formar una reserva
permanente de personas, a través de una progresiva sustitución de
mano de obra por maquinaria, lo que coincide con las ideas de
Ricardo sobre la introducción de nuevas maquinarias. Ello posibilita
frenar la tendencia alcista de los salarios, promotora de una
demanda de mano de obra que creciera al mismo ritmo que la
acumulación.
Dicha reserva de mano de obra sirve como reserva en sí misma para
los períodos de expansión capitalista y a la vez como mecanismo de
presión para la baja de los salarios. La acumulación genera un
excedente de mano de obra, pero a la vez, precisa de él para
continuar la acumulación: es causa y condición de la acumulación
capitalista.
Dice Marx en El Capital: “el incremento del capital lleva consigo el
incremento de su parte variable, es decir, de la parte invertida en
fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida en fuerza de
trabajo. Una parte de la plusvalía invertida necesariamente tiene
que volver a convertirse en capital variable o en fondo adicional de
trabajo. Si suponemos que, sin alterar las demás circunstancias, la
composición del capital permanece invariable (...) es evidente que
la demanda de trabajo y el fondo de subsistencia de los obreros
crecerá en proporción al capital y con la misma rapidez con que este
aumente (...) la acumulación del capital supone, por tanto, un
aumento del proletariado.”(Marx, 1973, Pág. 557).
Sobre las consecuencias de este crecimiento constante de la demanda
de fuerza de trabajo tiene sobre los salarios, el autor señala:
“como todos los años entran a trabajar más obreros que el año
anterior, llega forzosamente, más temprano que tarde, un momento en
que las necesidades de la acumulación comienzan a exceder la oferta
normal de trabajo y en que, por lo tanto, suben los salarios” (Marx,
1973, Pág. 574)
Este tipo de proceso se dio efectivamente, durante los períodos de
gran expansión del capitalismo. Los salarios tienen una relación
inversa con las ganancias de los capitalistas o empresarios, pues el
aumento de los salarios genera una baja de la tasa de ganancias.
Esta situación trae como consecuencia que los empresarios tengan que
decidirse entre invertir más o no. Si toma la primera opción el
volumen global de ganancias obtenidas puede compensar la disminución
porcentual de la tasa de ganancia y, la disminución de la inversión
capitalista inicia un ciclo descendente de la economía, un excedente
de trabajadores y, finalmente, una baja de los salarios y una
recuperación de la tasa de ganancias.
En la medida que no varíe la composición del capital (en su
componente variable o destinado a la compra de fuerza de trabajo y
constante, o destinado a los bienes de capital), la crisis son el
mecanismo propio del capitalismo de generar desempleo coyuntural, y
así, bajar los salarios y mantener las ganancias. Pero ello no
alcanza, es decir, en el propio proceso de acumulación debe existir
un mecanismo de ajuste de la relación salario-ganancia y no esperar
hasta que el ajuste los provoque la crisis.
La competencia entre los capitalistas los lleva a la búsqueda del
abaratamiento de las mercancías. Esto se consigue logrando una mayor
productividad del trabajo. Pero si en el proceso, la relación entre
el capital constante y variable permanece igual, las nuevas
inversiones generan pleno empleo y favorecen las condiciones de la
clase obrera para pelear por aumentos salariales y por mejoras en
las condiciones de trabajo, lo que determina que la productividad
tienda incluso a bajar (Olesker, 2004 ).
Esto es uno de los factores que llevan a los capitalistas a invertir
de manera creciente en capital constante, maquinarias, nuevas
tecnologías, métodos modernos de producción, etc. En otras palabras,
la búsqueda de mayor productividad no se basa en la fuerza de
trabajo, generando un cambio casi permanente en la composición
orgánica del capital. Por esta razón, no se produce un aumento
proporcional de la demanda de trabajo, sino por lo contrario, una
disminución progresiva. Como la demanda de trabajo no depende del
volumen de capital total sino solamente del capital variable,
disminuye progresivamente a medida que aumenta el capital total, en
vez de crecer proporcionalmente en relación con este, como antes
suponíamos.
Marx señala que aunque el aumento del capital total supone también
un crecimiento del capital variable (y la demanda de fuerza de
trabajo que este representa), y este ritmo de crecimiento comienza a
ser menor que el de la población obrera y, por tanto, surge un
excedente o sobrante de los trabajadores, que tiende a ser mayor
cuanto mayor es el ritmo de la acumulación capitalista. Esta
población obrera sobrante se genera por dos vías: el despido de los
obreros que antes tenían trabajo, y la imposibilidad de conseguirlo
por una parte de los nuevos contingentes de trabajadores.
Es importante señalar que los procesos no se enmarcan en una
situación de crisis, sino que resultan del proceso natural de
acumulación capitalista. Y como los nuevos capitales invertidos son,
en última instancia, resultado del trabajo acumulado, es la clase
obrera, con su trabajo, la que genera las condiciones para su futuro
desempleo.
Marx denomina a la “población obrera sobrante” Ejército Industrial
de Reserva (EIR). Su primera función es deprimir los salarios: una
alta dotación de mano de obra desocupada o subocupada presiona a la
baja de los salarios, por existir gente disponible a trabajar por
menores salarios. Su segunda función es la de reserva, ya que en los
momentos de expansión de la economía, siempre habrá disponibilidad
de mano de obra que, de no haberla, presionaría a los salarios al
alza.
En períodos de crisis, el EIR, integrado hasta ese momento por
desplazados de la acumulación o buscadores de trabajo por primera
vez que no consiguen empleo, se incrementa en volumen con el ingreso
de todos los trabajadores desplazados por las empresas cerradas en
las crisis. En definitiva, el desequilibrio del mercado de trabajo
es la sumatoria de un componente estructural (modelo de acumulación)
y un componente coyuntural (crisis cíclicas).
El EIR tiene cuatro componentes:
• Los desempleados propiamente dichos, es decir, la superpoblación
excedente relativa (SER) flotante, por su entrada y salida del
mercado de trabajo. Seria el desempleo abierto.
• Los que tiene trabajo esporádico, en malas condiciones y por ende
siempre están dispuestos a ingresar al trabajo formal. Son los
precarios e informales que Marx llamó SER intermitente.
• Los que están en sectores que serán destruidos y están en espera
de ser reserva. Marx los llamó SER latente.
• Los desplazados definitivamente, es decir, los desocupados
crónicos.
7.- Diferentes enfoques teóricos sobre el empleo:
Las teoría neoclásica del empleo ha predominado en el pensamiento
económico por más de un siglo, además de ser la más conocida y
divulgada en el mundo académico, por tal razón la tomamos como
teoría base para la comparación entre las diferentes teorías sobre
el empleo (la propia neoclásica, la keynesiana y la marxista).
La teoría neoclásica defiende el criterio de la mano invisible,
donde de forma automática los mecanismos del libre mercado regulan
la igualdad entre la oferta y la demanda de trabajo, manteniendo la
economía en el equilibrio de pleno empleo.
Para sus representantes los altos salarios provocaban un aumento de
la oferta de trabajo, estos eran rígidos debido a la intervención
del Estado y de los sindicatos y por tanto eran los causantes
principales del desempleo.
En la década del 30 el mundo capitalista se vio afectado por la
crisis más grande hasta ese momento, la crisis del 29 al 33. A la
par de esta crisis se produjo otra desde un punto de vista teórico,
dado que la teoría neoclásica fue construida sobre la base de un
capitalismo ascendente de finales del siglo XIX y por tanto, no
podía dar respuesta a los nuevos fenómenos que acontecían.
Desde inicios del siglo XX se manifestaron con inusitada
contundencia las contradicciones del capitalismo monopolista, la I
Guerra Mundial fue la sangrienta concertación de estas
contradicciones interimperialistas que se acumularon con tal
magnitud, que después del período de prosperidad de posguerra,
confluyeron en la terrible depresión.
En esta época ya había triunfado el socialismo en la Unión Soviética
y el marxismo se había difundido. La teoría general de Keynes
representa un intento de pensamiento alternativo que significó un
cambio metodológico de la ortodoxia neoclásica, en cuanto al rechazo
de su sesgada percepción microeconómica, la cual según Keynes, había
desviado su atención de los esfuerzos de analizar problemas
macroeconómicos importantes.
En consecuencia dirigió la atención hacia los agregados, como algo
diferente a la suma del resultado del comportamiento individual.
(Castaño, H. 2003).
Según Keynes, el análisis neoclásico era parcialmente correcto, lo
que lo llevó a compartir muchas de sus ideas, como la que el salario
es igual al producto marginal del trabajo, lo que era aplicado a
cualquier factor de la producción.
Según Benito Besada Ramos este postulado es inconsistente con la
teoría del valor trabajo, además de contradecirse a sí mismo, pues
aunque se aceptara que el último obrero ocupado se le paga el
producto marginal de su trabajo, este no sería cierto para los
obreros anteriores, salvo que se aceptara el que rijan diferentes
salarios para el mismo tipo de trabajo, lo cual no entra dentro de
los supuestos neoclásicos. (Besada R. B. 1981).
Sin embargo, existen otras ideas de los neoclásicos de la que Keynes,
a partir de su crítica, expone sus propios argumentos.
“De este modo la teoría clásica supone que los obreros tienen
siempre la posibilidad de reducir su salario real, aceptando una
rebaja en el nominal. El principio de que el salario real tiende a
igualarse con la desutilidad marginal del trabajo, claramente supone
que los obreros están en disposición de fijar por sí mismo el
salario real, aunque no el volumen de ocupación que de el se deriva.
La teoría tradicional sostiene, en pocas palabras, que los convenios
sobre los salarios entre los empleados y trabajadores, estos pueden,
si lo desean, hacer coincidir sus salarios reales con la desutilidad
marginal del trabajo resultante del empleo ofrecido por los
empresarios con dicho salario. De no ser cierto esto, no queda razón
para esperar que exista tendencia a la igualdad entre el salario
real y la desutilidad marginal del trabajo.” (Keynes, 1976, Pág.
24).
Estas ideas pueden resumirse de la forma siguiente:
1. Los trabajadores no aumentan su resistencia a una rebaja salarial
en tanto el nivel de ocupación aumenta, sino que ocurre todo lo
contrario, están dispuestos a aceptar un salario menor por tal de no
quedarse en la calle.
2. Los trabajadores nunca discuten el salario real, pues este
depende del nivel de precios de los productos en el mercado; ellos
discuten el salario nominal.
3. Contradice el planteamiento de que los salarios reales y los
nominales varían de forma proporcional, es decir, al bajar unos
bajan los otros, por lo que los trabajadores se niegan a prestar
servicios por el salario nominal ofrecido, actuando de esta manera
sobre el salario real. Aunque el no fundamenta esta apreciación
pudiera pensarse que se basa en cualquiera de estos criterios:
a) Al disminuir el nivel de ocupación, el salario nominal, baja
algo, pero el nivel de precios disminuye más, buscándose por los
empresarios el fenómeno de la elasticidad precio, mayor que la
unidad.
b) Pudiera entenderse que el salario nominal disminuye el producto
de que hay más presión entre los obreros por la desocupación
sobrevenida, y que el nivel de precios puede bajar más por la acción
combinada de la productividad más alta de ese factor en ese punto,
junto a lo referido a la elasticidad. (Besada R, B, 1981)
Estos son los argumentos que Keynes opone a las explicaciones
neoclásicas, dentro de sus propias concepciones, que no son otros
que considerar que el nivel de empleo se determina y resuelve dentro
de las relaciones bilaterales con los obreros y empresarios.
Esta convicción nos había conducido a pensar que los trabajadores
podían encontrar empleo si aceptaran una reducción de sus salarios
reales, y este era el único obstáculo que encontraba la ley de Say
para conducir la economía al pleno empleo.
Estas generalizaciones ahistóricas fueron atacadas por Marx y Engels.
Los fundadores del marxismo – leninismo habían incentivado a la
necesidad de analizar las leyes de cada modo de producción.
Desde este punto de vista, la oferta no puede crear su propia
demanda en el modo de producción capitalista, debido precisamente a
su propia ley fundamental. Es decir, antes de que una crisis de
proporciones universales, como la del 29 al 33, hubiera evidenciado
que la oferta no crea su propia demanda, ya esta ruptura había sido
descubierta por Marx y Engels.
Keynes se dio cuenta de que el enfoque neoclásico era excesivamente
microscópico, y quiso contribuir con un punto de vista
complementario, que llamó macroscópico.
Para Keynes, no eran los elevados salarios la causa del masivo
desempleo involuntario que existía en Inglaterra, en los Estados
Unidos y en otros países desarrollados en la época de Gran
Depresión. La verdadera causa había que buscarla en un problema de
insuficiencia de demanda agregada, y, fundamentalmente, en el
componente más volátil de la misma, que era la inversión privada de
los empresarios.
Keynes se dio cuenta de que la inversión empresarial dependía de lo
que él llamaba el estado de ánimo de los capitalistas, y de que éste
se formaba de acuerdo sobre todo con las expectativas de beneficio
(de rentabilidad) que ellos mismos se hacían --sobre la base de un
complejo entramado de razones, donde operaban factores de tipo
subjetivo y objetivo al mismo tiempo--; y, finalmente, de que muy
bien pudiera ocurrir que ese estado de ánimo fuera más bien
depresivo debido a las pobres expectativas, provocando un bajo nivel
de inversión, disminuyendo con ella, la demanda de trabajo por parte
de los empresarios capitalistas.
Estas nuevas ideas de Keynes también lo condujeron hacia un tipo de
recetas muy distintas de las que propugnaban los neoclásicos. Puesto
que el problema era de demanda agregada, y más concretamente de la
inversión privada, de lo que se trataría, según él, es de reactivar
la deprimida demanda poniendo fin a las causas de esa depresión.
Para ello, a largo plazo se trataría de reproducir las condiciones
de confianza empresarial que llevaran a la clase capitalista de
forma espontánea a generar el nivel de inversión suficiente como
para impulsar la recuperación, que vendría seguida por un nuevo
aumento de la producción y de la oferta, y, por consiguiente, del
empleo. Pero Keynes estaba mucho más interesado en el corto que en
el largo plazo, partiendo del supuesto de que mañana todos estaremos
muertos, se concentró en las medidas necesarias a corto plazo.
Un conjunto de políticas que, según él, deberían ponerse en práctica
por la sociedad, y más particularmente por el Estado, con el
objetivo de reducir las tasas de desempleo a los niveles más bajos
posibles en el más corto espacio de tiempo posible.
Desde este punto de vista, Keynes creía que, en tiempos de crisis,
no había tiempo para esperar que las fuerzas de mercado se pusieran
a corregir por sí solas los desequilibrios, y defendió públicamente
la necesidad de que el Estado tomara cartas en el asunto y se
encargara él mismo, directamente, de dirigir la economía hacia la
dirección adecuada. A falta de una demanda de mercado espontánea
suficiente, proponía que fuera el Estado el que completara su
insuficiencia con una demanda pública adicional destinada a
favorecer las ventas y la producción de las empresas (es decir, el
empleo).
De todos es sabido que las recetas de Keynes fueron a la vez
monetarias y fiscales. De hecho proponía simplemente que el Estado
gastase más sin necesidad de recaudar más impuestos, sino mediante
la estrategia de incurrir en déficit públicos sucesivos,
directamente financiados por nuevas emisiones monetarias.
Keynes introdujo en su teoría general la categoría del desempleo
involuntario, que hasta ese momento no era tratada por los
neoclásicos, pues estos defendían la teoría del profesor Pigou del
desempleo voluntario.
Aunque esta categoría resultara novedosa para el mundo económico
burgués, esta ya había sido tratada por Carlos Marx cuando definió
el ejército industrial de reserva.
Los análisis de Keynes parten de la demanda, desde el punto de vista
metodológico, igual que los marginalistas. Acepta al pie de la letra
la ley de los rendimientos decrecientes y utiliza hasta las últimas
consecuencias los problemas del margen (propensión marginal a
consumir, eficacia marginal del trabajo, etc.).
El modelo keynesiano es considerado como un modelo cortoplacista,
inflacionario y deficitario. Estas mismas características hicieron
que muchos lo consideraran como un fracaso para los años posteriores
a la crisis.
Los neoclásicos siguieron desarrollando sus teorías,
perfeccionándolas y adaptándolas a las nuevas condiciones, ejemplo
de esto lo constituye la curva de Phillips y las modificaciones de
esta curva realizada por Friedman y Phelps tal y como fue tratado en
líneas anteriores.
El Estado es, según los neoclásicos, una fuerza intervencionista y
distorsionante porque con sus regulaciones y leyes --siempre
excesivas, a juicio de estos autores--, impide que se forme en el
mercado de trabajo, un verdadero precio libre.
Al imponer salarios mínimos, subsidios y otras protecciones frente
al desempleo, al regular de forma intervencionista el mercado de
trabajo, los derechos de huelga y despido, la contratación
colectiva, etc.; al actuar, en suma, como un Estado de bienestar (en
la expresión favorita de los keynesianos), y no como un simple
Estado liberal en realidad lo que hace el Estado es contribuir a
elevar artificialmente el precio del mercado de trabajo (es decir,
la tasa salarial) por encima del nivel que correspondería a los
fundamentos internos de la economía (es decir, al funcionamiento
libre y flexible de este mercado).
Por su parte, los sindicatos hacen otro tanto de lo mismo al imponer
su poder de monopolio en el lado de la oferta del mercado de
trabajo. En lugar de dejar en libertad al trabajador para decidir
que llegue a un acuerdo libre con el empresario, guiados ambos
exclusivamente por las exigencias de sus respectivos comportamientos
individuales racionales --que en el fondo comparten, pues se basan
ambos grupos, según los neoclásicos, en la búsqueda consecuente de
la maximización de sus respectivas funciones de utilidad--, en vez
de eso, lo que consiguen los sindicatos es hacer efectivo un
monopolio en el mercado de trabajo, generando así todos los efectos
nocivos que la teoría económica convencional asocia con el
monopolio, como uno de los fallos de mercado típicos, a saber: la
obtención de precios más altos y cantidades más bajas de las que
corresponderían en igualdad de circunstancias a la situación de
libre competencia.
Si ellos culpan al Estado y a los sindicatos de ser los responsables
últimos del elevado nivel salarial y hacen recaer sobre el elevado
nivel de salario la explicación del desempleo, la solución que
ofrecen no puede ser más lógica desde su propio punto de vista.
Se trata de poner todos los medios al alcance de la sociedad para
conseguir que los salarios desciendan hasta su nivel de equilibrio,
de forma que, una vez puesta en práctica de verdad la
flexibilización del mercado de trabajo, y eliminada de hecho la
rigidez, se volvería el equilibrio.
En términos gráficos se traduciría en el desplazamiento hacia abajo
y hacia la derecha a lo largo de la curva de demanda de trabajo, el
consecutivo descenso salarial traerá aparejadas, simultáneamente, el
aumento de la cantidad demandada, la disminución de la cantidad
ofrecida y, al mismo tiempo, el automático vaciado final del
mercado, con lo que el equilibrio finalmente resultante significará
el anhelado retorno al nivel de pleno empleo.
A su vez consideran que existen tres tipos de desempleo: el
friccional, el estructural y el cíclico.
Los economistas burgueses han desarrollado sus teorías prácticamente
al margen de la teoría marxista.
“Para Marx, los cambios que se producen en la esfera de la
producción son los que determinan los cambios en la esfera de la
circulación.” (Molina, E, 1979, Pág. 43)
Para Marx el desempleo es inherente del sistema capitalista. Los
capitalistas en su afán de aumentar sus ganancias tratan de aumentar
la rentabilidad invirtiendo cada vez más en capital fijo, ya sea
mediante la introducción de equipos más modernos, nuevas tecnologías
y métodos, con lo que la tasa de crecimiento del nivel de empleo va
disminuyendo, es decir, la demanda de trabajo depende del capital
variable. Por tal razón plantea que una parte del desempleo es
estructural, pero a la vez existe un desempleo coyuntural, provocado
por las crisis cíclicas propias del sistema, constituyendo una
necesidad del mismo de contar con un ejército de obreros para los
períodos de expansión económica y para que ejerzan presión a la baja
de los salarios.
Esta superpoblación excedente relativa la subdivide en: flotante,
intermitente, latente y crónica.
La acumulación del capital es un proceso profundamente
contradictorio. Por una parte, la acumulación del capital es fuente
de progreso de la producción, del desarrollo y perfeccionamiento de
las fuerzas productivas de la sociedad capitalista. Por otra, va
acompañada del incremento de la explotación de los trabajadores, del
desempleo, del empeoramiento de la situación tanto de los parados
como de los que tienen trabajo. Al respecto Marx escribió:
“Cuanto mayor es la riqueza social, el capital en funciones, y la
intensidad de su desarrollo y mayores por tanto, la magnitud
absoluta del proletariado y la fuerza productiva de su trabajo,
mayor es también el ejército industrial de reserva. La fuerza de
trabajo disponible se desarrolla por las mismas causas que la fuerza
expansiva del capital. La magnitud relativa del ejército industrial
de reserva crece, por consiguiente, conforme crecen las potencias de
la riqueza. Pero cuanto mayor es este ejército de reserva en
comparación con el ejército obrero en activo, mayor es la masa de
superpoblación consolidada, cuya miseria está en razón directa a su
tormento de trabajo. Y, finalmente, cuanto más crece la miseria
dentro de la clase obrera y el ejército industrial de reserva, más
crece también el pauperismo oficial. Tal es la ley general, absoluta
de la acumulación capitalista.” (Marx – Engels, T 23, Pág. 659)
Esta particularidad de la acumulación capitalista engendra una
determinada tendencia histórica en el desarrollo del capitalismo y
es que en el seno de este régimen social se encuentra el germen de
la destrucción, de su sustitución por un régimen social nuevo, que
es el socialismo. Pero tanto Marx como Engels no se limitaron a
trazar el derrotero general del desarrollo futuro de la sociedad; en
el proletariado, en la clase obrera descubrieron la fuerza social
encargada de llevar a cabo esta gran transformación: destruir al
capitalismo y construir el socialismo.
De forma reducida podemos ver las principales diferencias de estas
teorías en el cuadro que aparece a continuación:
Parámetros Teoría neoclásica Teoría keynesiana Teoría marxista
Causas del desempleo Rigidez de los salarios por la intervención del
Estado y el sindicato que no dejan que el mercado de trabajo
automáticamente retorne al equilibrio (OL = DL) Insuficiente demanda
agregada, fundamentalmente, en el componente más volátil de la
misma, que era la inversión privada de los empresarios. El proceso
de reproducción del capital, es inherente al sistema de acumulación
capitalista.
Tipos de desempleo - friccional
- estructural
- cíclico Comparte las clasificaciones de los neoclásicos, pero
introduce la categoría de desempleo involuntario. El desempleo tiene
una característica coyuntural o cíclica y una estructural. Los
subdivide en:
- flotante
- intermitente
- latente
- crónicos
Solución Para que los salarios desciendan hasta su nivel de
equilibrio se debe poner en práctica la flexibilización del mercado
de trabajo, eliminando de hecho la rigidez. No intervención estatal.
Intervención del Estado para completar la insuficiencia de demanda
pública adicional, favoreciendo las ventas y la producción de las
empresas. Proponía que el Estado gastase más sin necesidad de
recaudar más impuestos, sino mediante la estrategia de incurrir en
déficit públicos sucesivos. Los marxistas defienden al estado como
el mejor regulador y distribuidor de los recursos, pero que
represente al proletariado. Desaparición del capitalismo e
instauración del socialismo.
En conclusión:
• La teoría marxista del empleo se diferencia de la no marxista en
cuanto a las causas y posibles soluciones que le dan al problema del
empleo, mientras que coinciden en las clasificaciones generales del
desempleo (cíclico y estructural)
• La teoría marxista del empleo parte de la oferta para explicar las
causas del empleo, siendo este producto del proceso de acumulación
capitalista. La demanda de trabajo depende del capital variable por
lo que la disminución proporcional en su inversión provoca un exceso
de mano de obra, formándose el ejército industrial de reserva.
• La teoría keynesiana plantea que el exceso de la demanda global es
la causante del desempleo y que el mercado, en épocas de crisis, no
es capaz de regular automáticamente la economía, principalmente para
mantener el nivel de empleo. En el corto plazo, son las rigideces de
los salarios nominales las que impiden el ajuste del mercado de
trabajo.
• La teoría neoclásica plantea que la intervención del Estado y de
los sindicatos provocan el aumento de los salarios reales por encima
del nivel de equilibrio y por tanto, el desempleo. De no existir
dicha intervención, la economía trabaja a un nivel de pleno empleo,
donde la demanda de trabajo es igual a la oferta de trabajo.
Partiendo pues de estas consideraciones de tipo teórico,
construiremos nuestro modelo para explicar la ocupación en Venezuela
durante el periodo más reciente de la misma; 1998-2006; con sus
variables explicativas y las posibles soluciones.
8.- La Ocupación en Venezuela; 1998-2006, Un análisis Econométrico:
Nos ocuparemos en este segmento a evaluar en función de la teoría
económica ya revisada para explicar la ocupación en una economía;
los diferentes factores que hemos considerado para el caso de la
economía Venezolana.
En este sentido, como ha quedado señalado al principio de este
capitulo, una de las variables económicas que causa mayor
preocupación en una sociedad es el empleo; sobre manera porque de
allí procede en buena parte la producción de bienes y servicios del
país, así como también los ingresos directos que obtienen las
personas para satisfacer sus necesidades.
Así pues, el manejo de esta variable no obstante conocer su
comportamiento teórico, sino además tener una idea sobre aquellas
otras variables económicas que explican su comportamiento y, de esta
manera poder elaborar las políticas de empleo tomando en
consideración este conjunto de variables que llamamos explicativas.
Es precisamente a través de la econometria como se logran
desarrollar modelos que pueden ayudar a explicar los fenómenos
económicos y, en este caso muy particular haremos uso de esta
disciplina a fin de construir un modelo econométrico que sirva a los
fines antes expuestos.
En esta investigación se efectuaron, las pertinentes pruebas
teóricas, econometritas y estadísticas para desplegar y validar un
modelo que explicara en forma razonable el empleo en el caso
venezolano partiendo como base del periodo objeto de toda nuestra
investigación, vale decir 1998-2006.
En este orden de ideas se presenta un modelo con tres variables
explicativas cuyo coeficiente de determinación constituye el 99,04%
con la idea de poder ser utilizado no solo para explicar el
comportamiento del empleo en Venezuela sino además utilizarlo para
orientar la política en materia de creación de puestos de trabajo,
que es el objetivo central de nuestro examen.
El modelo pretende explicar la actuación del empleo (numero de
personas ocupadas) en el país en función de las variables
independientes seleccionadas. Para la escogencia de las variables
independientes nos basamos en la Teoría Económica en correspondencia
a las relaciones teóricas entre el empleo y sus determinantes; luego
realizamos un análisis sobre el acontecer de la economía venezolana
a los fines de incorporar las características propias de su
desempeño y, por ultimo al realizar las estimaciones
correspondientes de las variables explicativas. Se trato por tanto
de plantear un modelo con tres variables determinantes del empleo
siguiendo un enfoque práctico y sencillo sin que se sacrificara la
bondad del ajuste del modelo.
Las variables explicativas seleccionadas, son las siguientes:
Fuerza de trabajo (FT): Esta variable mide la cantidad de personas
que pertenecen a la población económicamente activa y que están en
la fuerza de trabajo en función a lo tomado por el Instituto
Nacional de Estadísticas (INE). Esta puede ser considerada como la
oferta bruta de trabajo, ya que esta constituida por todas aquellas
personas mayores de 15 años que suministran la mano de obra
disponible (INE).
Por lo tanto la fuerza de trabajo, que incluye los ocupados, los
desocupados, los cesantes y los que buscan trabajo por primera vez;
viene a ser la oferta de trabajo efectiva.
En la medida en que exista fuerza de trabajo se espera que la
demanda sea cubierta y el empleo pueda crecer, de forma tal que la
relación esperada entre la Ocupación (numero de personas empleadas)
y, la fuerza de trabajo debe ser positiva.
Esto se explica, ya que en la determinación de la ocupación es
importante tanto la demanda como la oferta de trabajo; vale decir
que las empresas y en general las unidades económicas de producción,
que configuran la demanda; soliciten de personal para la elaboración
de los bienes y servicios que comercializan, al igual que exista por
otro lado la disposición y cantidad de mano de obra para cubrir los
requerimientos de las empresas.
Formación Bruta de Capital real (FBCr): En la teoría económica
encontramos, que existe una relación directa y positiva entre la
inversión y la generación de empleo. La inversión es a su ves
considerada en la perspectiva económica, como la creación de
activos; es decir cuando se instalan o amplían industrias o se
construyen edificios, maquinarias, se crean nuevos procesos, o se
incorporan nuevas tecnologías.
Importaciones reales (IMPr): Cuando una economía incurre en
importaciones los esta adquiriendo del sector externo; o sea se
están comprando bienes y/o servicios a empresas ubicadas en otros
países, lo cual implica que, por alguna razón se esta dejando de
comprar la producción nacional o la oferta interna es insuficiente
para cubrir la demanda.
De acuerdo a lo anterior, si aumentan las importaciones el empleo
debe disminuir, de manera que la relación entre estas es negativa o
inversa.
El modelo econométrico que nos permitirá explicar la ocupación en
Venezuela, queda por tanto definido en su forma implícita de la
siguiente manera:
Ocupados = f (FT, FBCr, IMPr);
Donde:
Ocupados: Numero de personas trabajando.
FT: Fuerza de trabajo.
FBCr: Formación Bruta de Capital real.
IMPr: Importaciones reales.
La valoración de las variables FBCr e IMPr; se consideran medida en
términos reales a fin de eliminar el sesgo que significa la
variación en los precios.
La expresión matemática escogida para el modelo es de tipo sumativo
siguiendo los planteamientos generales respecto al estudio de los
fenómenos económicos, considerando que estos tiene teóricamente un
comportamiento lineal entre sus variables. En base a esta
consideración el modelo explicito es el siguiente:
Oc = b1 + b2 * FT + b3 * FBCr + b4 * IMPr
Variables:
Oc: Ocupados (miles /personas)
FT: Fuerza de trabajo (miles/personas)
FBCr: formación bruta de capital real (miles de mills Bs)
IMPr: Importaciones reales (miles de mills Bs)
Los valores están expresados a precios de 1997.
Parámetros:
b1: Parámetro independiente.
b2, b3: Son los parámetros que acompañan a la Fuerza de trabajo y a
la Formación bruta de capital. Se espera que sean positivos y
mayores que cero.
b4: Parámetro que acompaña a las Importaciones, se espera que tenga
signo negativo.
Con atención a las cifras publicadas por el Banco Central de
Venezuela y el Instituto Nacional de Estadísticas; durante el
periodo 1998-2006, se realiza la regresión del modelo propuesto.
Estimación del empleo en Venezuela.
VALIDACION ESTADISTICA DEL MODELO.
Coeficiente de determinación = 99,04%
Estadístico F (Snedecor) = 172,170551
Prueba de significación de los parámetros:
* Desv Est Estd t
b2 0,092969686 8,031562891
b3 0,060455052 0,616344813
b4 0,056163536 0,660534077
Al aplicar el método de los mínimos cuadrados ordinarios a las 9
observaciones correspondientes al periodo 1998 – 2006, se obtienen
los resultados mostrados anteriormente. El modelo estimado se
presenta entonces de la siguiente manera:
Ocupados = -0,426 + 0,747 FL + 0,03726 FBCr – 0,03709 IMPr
Con respecto a la especificación del modelo, ya que el coeficiente
de determinación resulto ser de 99,04% significando que el
comportamiento del empleo en Venezuela se explica en esa proporción
por el núcleo del modelo, quedando por fuera apenas un 0,96%
correspondientes a las variables no incluidas. En nuestro caso el
núcleo del modelo lo constituyen la Fuerza de Trabajo, la Formación
Bruta de Capital real y las Importaciones reales.
En el modelo existe además, una relación lineal entre las variables
involucradas; toda ves que el coeficiente de correlación múltiple
adquiere un valor cercano a uno equivalente a 0,9951.
Como conclusión podemos inferir que:
Cada 1% de aumento en la FT es equivalente a 89,828 nuevas plazas de
empleo que debe crear la economía.
Cada 1% de aumento en la FBCr equivale a la creación de 6,591 nuevos
empleos.
Cada 1% de aumento en las IMPr equivale a dejar de crear 7,393
empleos internos.
Esta información da cuenta entonces de la magnitud del incremento
que debe operarse en la variable Inversión a los fines de generar
empleo productivo y estable.
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