4.3.4. La concentración económica y financiera de las empresas portuarias (APIS)
, basada en los indicadores de ingresos y gastos
Desde los puntos de vista económico y financiero, la situación de los puertos en
la segunda parte de la década de los noventa refleja éxitos, ya que en general
desde 1995 las empresas creadas han tenido utilidades que han representado, en
promedio, 13% de los ingresos totales de todos los puertos en 1995; 15.4 % en
1996; alcanzaron 19% de los ingresos conseguidos en 1997 y registran 21.9% de
los ingresos en 1998 . Durante 1999 y el año 2000 estos indicadores representan
10.9 % y 6.5%, comprobando que pese a las dificultades económicas y caída de
carga, los puertos mantienen su autonomía económica, planteada en la Ley de
Puertos. Respecto a los egresos, éstos han aumentado, pero menos que los
ingresos, demostrando así, que las entidades mantienen objetivos de
autosostenimiento y de solidez económica ya referidos. Entre 1988 y 1993, el
presupuesto ejercido en el Sector Portuario y de Marina Mercante alcanzó un
monto de 2, 200 millones de pesos, lo cual representa en promedio una
transferencia de 440 millones de pesos (Centro de Estudios económicos del Sector
Privado, A.C., 1998:21), suma que ya no erogan las APIS, pues sus ingresos
promedio superan dicha meta, y además no son una carga para la Federación. Como
se comprueba en el Cuadro IV-31 los ingresos siguen creciendo y, obviamente, los
impuestos que se pagan al gobierno también. En suma, desde esta perspectiva, el
proceso económico de los puertos ha sido favorable para las finanzas del Estado,
así como para las empresas creadas, que generan utilidades. Debe reiterarse que
el buscar la autosuficiencia económica y financiera exige que cada empresa
financie sus gastos con sus ingresos.
En general, salvo la API de Puerto Madero (hoy Puerto Chiapas, con baja carga),
que tiene pérdidas, y la de Manzanillo, que registró un déficit en 1995, las
restantes empresas han mostrado una solidez económica expresada en el registro
de utilidades y el pago de sus impuestos. Más aún, en general, las utilidades
han evolucionado positivamente, creciendo más de seis veces, comparando 1998 con
1995.
Las tendencias antes vistas en el campo económico-financiero pueden desagregarse
a nivel de los puertos, para buscar la existencia de correlación entre el
movimiento físico (expresado en carga comercial) y el nivel de ventas, medido a
través del ingreso. Para ello, sólo se consideraron los años de 1997 y 1998,
encontrando, como lo registran los Cuadros IV-30 y IV-31, que las cinco empresas
y puertos líderes llegaron a representar 65.1% de total de los ingresos del
primer año y registraron un orden del 66.2% del total de los ingresos de las
empresas en 1998. En conclusión, no sólo existe concentración de carga
contenerizada en los cinco puertos escogidos, sino también se nota un fenómeno
ganador desde el punto de vista de ventas y de ingresos en los puertos más
grandes. Lo anterior quiere decir que hay regiones ganadoras y metrópolis que se
benefician del ritmo económico de esas empresas, mientras que, por otro lado,
hay puertos regionales pequeños que movilizan menos carga contenerizada y que
por lo tanto alcanzan bajos ingresos. Es decir, hay puertos “ricos” y puertos
“pobres” considerando el ingreso como indicador de esta riqueza o pobreza. Si
esta deducción se aplica a los habitantes de los puertos valdría la pena
extrapolar el análisis afirmando que en los puertos ganadores probablemente
habran actores sociales que se benefician de esta bonanza y al revés, en el caso
de los puertos estancados y en crisis, debido a una serie de razones los
habitantes de esas ciudades y puertos tienen pocos beneficios de los impactos y
derrama económica que tienen los puertos, ya que si el movimiento comercial es
bajo pierden los transportistas, los cargadores, los estibadores, las empresas
que realizan servicios en el puerto, e igualmente caen los ingresos de las
agencias aduanales y también reciben menos salarios (por ejemplo, reparto de
utilidades)los trabajadores y funcionarios de los puertos que ven que su empresa
tiene poco impacto en la economía del lugar en donde están instalados.
Debe recordarse que desde otra concepción teórica y critica, hace mucho tiempo
Alain Lipietz (1979:32)dijo en su obra: ”El Capital y su espacio ”lo siguiente:
”No hay región pobre sino solo regiones de pobres, y si hay regiones de pobres
es que hay regiones de ricos y relaciones sociales que polarizan riqueza y
pobreza y las que disponen en el espacio en forma diferencial. El hecho de que
esa polarización adquiera la evidencia de un corte social empírico que permite
hablar, por ejemplo de ”el conjunto de los países subdesarrollados”, del
“desierto francés”, de “las regiones periféricas”, etc. es lo que hace falta
explicar, no se puede partir de ahí”. Por eso parafraseando a Alain Lipietz se
decía que los anteriores, no serian” puertos ricos” sino puerto de ricos, y en
contraste debería decirse que hay puerto de pobres y no ”puertos pobres”. Ello
lleva al problema de la distribución del ingreso y la equidad que este trabajo
intenta puntualizar como un aspecto poco investigado y necesario de trabajar,
cuando se habla a nivel latinoamericano del caso de México y se magnifica los
“milagros de la privatización portuaria”.
En resumen, como lo comprueba el Cuadro IV-34, sí hay concentración de ingresos
y concentración de carga que demuestra la primacía de los cinco puertos líderes
y denominados en este trabajo puertos ganadores. El modelo, como se mencionó,
apunta por muchas razones a concentrar la riqueza en las regiones y ciudades
vinculadas a dichos puertos. De esta manera, se evidencia la presencia de
puertos ganadores cercanos a los distritos industriales acordes a la era
posfordista, a la economía-mundo flexible y obviamente, adaptable al interés
globalizador de los países centro.