LA IDENTIDAD NACIONAL EN EL ARTE PICTÓRICO MEXICANO (SIGLOS XIX-XX)

Alma Barbosa Sánchez

Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa (México)


Resumen:

Durante los siglos XIX y XX, la representación artística de la identidad nacional de los mexicanos ha transitado por procesos de negación, vindicación y finalmente exaltación, en función de las demandas de los distintos contextos político culturales del país y la relación de dependencia con los cánones del arte europeo. Fue a principios del siglo XX cuando encontró su plena exaltación gracias al impacto de la Revolución Mexicana y la gestación del muralismo mexicano que la dotó de una perspectiva histórica, indigenista y política. Sin embargo, la interpretación muralista de la identidad nacional se construyó a través de la postura androcéntrica de los creadores por carecer de una mirada incluyente de la subjetividad femenina.


Palabras clave: Identidad, nacionalismo, México, eurocentrismo, muralismo.

Abstract:
During the 19th and 20th centuries, the artistic representation of the national identity of Mexicans went through processes of denial, vindication and finally exaltation, based on the demands of the different political and cultural contexts of the country and the relationship of dependence with the ideals of European art. It was not until the early 20th century that it found its full exaltation thanks to the impact of the Mexican Revolution and the progression of Mexican muralism that endowed it with a historical, indigenist and political perspective. However, the muralist interpretation of the national identity was built through the androcentric stand of the creators since it lacked of an inclusive look from the feminine subjectivity.

Keywords: identity, nationalism, Mexico, eurocentrism, muralism

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1. Introducción

Durante los siglos XIX y XX, la construcción de la representación pictórica de la identidad nacional, corrió a cargo de los varones, quienes fieles a su contexto histórico y valores patriarcales plasmaron su visión del nacionalismo en el arte. Desde una perspectiva de género su discurso visual obedece a su condición privilegiada dentro de la sociedad hegemónica que les permitió difundir sus ideas políticas, sociales, culturales y genéricas a través del ámbito artístico. Si bien la participación de las mujeres artistas en la esfera institucional de la plástica ha sido históricamente minoritaria debido a su condición de género subalterna en la sociedad patriarcal 1, su presencia ha sido relevante dentro de la historia del arte mexicano y la construcción de la imagen de la identidad nacional. Baste recordar los nombres de artistas pioneras como Isabel Villaseñor, María Izquierdo y Frida Kahlo; Aurora Reyes, Olga Costa, Angelina Beloff, Celia Calderón, Cordelia Urueta, Fanny Rabel, pinturas de las distintas corrientes integradas por Remedios Varo, Leonora Carrington, Alice Rahon; Lilia Carrillo, por citar algunas. Toda vez que la historia del arte ha sido escrita desde la perspectiva historicista de los varones, el rescate de las mujeres artistas comenzó a darse a partir del surgimiento de la crítica feminista del arte de los años sesenta: su aportación más notable fue el descubrimiento de la obra y figura de Frida Khalo, quien se convirtió un icono de este movimiento, sobre todo, entre las activistas norteamericanas.
Lo cierto es que el campo de la plástica estuvo dominado por la participación masculina y su visión de la nacionalidad, ergo este discurso identitario será representado a partir de su mirada androcéntrica, conforme a la dinámica social, cultural, política de los mexicanos, transitando en diversas etapas de la historia de México por procesos de negación, vindicación y, finalmente, exaltación. Baste mencionar que, en el XIX, el discurso de lo “propio” estuvo relegado: así, por ejemplo, la Academia de San Carlos (1785), principal institución de enseñanza artística, lo consideró una temática irrelevante ante la postura eurocéntrica que consideraba la superioridad de los temas clásicos y religiosos europeos. Paradójicamente, las obras de los artistas extranjeros que visitaron México, en la primera mitad del siglo, propiciaron la revaloración y legitimación de las temáticas mexicanas, a través del registro pictórico y gráfico del territorio, el patrimonio arquitectónico y arqueológico, así como de las características sociales y étnicas de los mexicanos. Mediante estas obras, las temáticas de lo “propio” encontraron aceptación y relevancia entre artistas académicos y populares que se ocuparon de representar el ser y hacer de los mexicanos. Sin, embargo, el eurocentrismo artístico prevaleció en el ámbito académico y la crítica de arte, debido al contexto político que se caracterizó por la hegemonía de la oligarquía terrateniente y la debilidad del Estado nacional que, lejos de contribuir a la construcción de una cultura favorable a la identidad nacional, ahondaron las contradicciones económicas y culturales. Con el advenimiento del siglo XX se dan las condiciones históricas para la exaltación del nacionalismo en el arte, ya que al estallar la Revolución Mexicana (1910), se gesta el proceso de reconstrucción social y cultural el país. Con fines de consagración cultural, el incipiente Estado posrevolucionario inauguró su función de mecenas del arte, patrocinando el renacimiento de la pintura mural en edificaciones institucionales y educativas. Con este aliciente, los artistas se involucraron en la producción de obras murales. Por iniciativa propia, prontamente se dieron a la tarea de exaltar la identidad nacional desde su dimensión indigenista, histórica, política, popular y costumbrista. De este modo, las obras murales aportaron las imágenes del México que ignoró la cultura artística decimonónica, y el imaginario nacional se tradujo en los mitos fundacionales, las revoluciones históricas, la crítica a la victimización económica, el retrato de la clase política, héroes y villanos, la devoción a la utopía social. En suma, la exaltación del nacionalismo pictórico alcanza su máxima expresión con el muralismo y figuras conspicuas como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, quienes dominaron esta corriente. Hasta la actualidad, el muralismo mexicano sigue cumpliendo la función de legitimación de la identidad nacional, dentro de las políticas culturales gubernamentales.

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Cómo citar este artículo:
Barbosa Sánchez, A. (2019). La identidad nacional en el arte pictórico mexicano. ASRI. Arte y Sociedad. Revista de Investigación, (16), 5-20.



1 No obstante que en los estatutos de la Academia de San Carlos (1785) no se hace referencia a la posibilidad de ingreso de las mujeres, su presencia está consignada en las colecciones de la institución desde el siglo XVIII hasta el siglo XX. Ver CORTINA, Leonor, Pintoras mexicanas del siglo XIX. México, INBA-SEP, 1985.

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