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TEOR�A AUSTRIACA Y EL PROBLEMA DEL CICLO ECON�MICO

Nicolas Cachanosky

 

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LA GRAN DEPRESI�N DE 1929

�La larga depresi�n de la d�cada de 1930, que condujo al renacimiento del marxismo (que sin ella, hoy quiz�s estar�a muerto) se debi� totalmente al mal manejo que el gobierno hizo de la moneda, tanto antes como despu�s de la crisis del 1929�

Friedrich A. von Hayek

La crisis del 1929 es una de las m�s importantes en la historia econ�mica, quiz� no tanto por su magnitud, sino por todas las implicancias y consecuencias que trajo consigo. Luego de la crisis, la teor�a econ�mica sufri� un gran cambio al intentar buscar no s�lo sus causas, sino como poder prevenir este tipo de situaciones. Si bien la crisis se desata en Octubre de 1929, sus or�genes pueden ubicarse a principios de la d�cada del 20.

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, reinaba en el mundo el sistema de patr�n oro, siendo Inglaterra el principal centro comercial y financiero, y siendo la Libra Esterlina la moneda que se utilizaba en el mercado internacional. Los bancos ingleses adelantaban a los exportadores los pagos que los importadores deb�an realizar, por lo que estos �ltimos se volv�an deudores de los bancos ingleses. El inicio de la guerra quebr� este sistema de transacciones y el comercio internacional.

Inglaterra y Francia impusieron un bloqueo mar�timo a Alemania, que opt� por declarar zona de guerra en 1915 las aguas que rodean a las islas inglesas. Los alemanes confiaban en el uso de los submarinos, pero en aquella �poca su perfeccionamiento a�n no les permit�a distinguir claramente el objetivo asaltado, llegando a atacar y hundir embarcaciones como el Lusitania con 1200 pasajeros civiles a bordo. Toda esta situaci�n de incertidumbre y peligro dificultaba las transacciones mar�timas, gener�ndose una escasez de libras que hac�a subir su cotizaci�n por un lado, y situando a los bancos ingleses en una delicada situaci�n al no poder cobrar a sus deudores y no poder hacerse cargo de sus obligaciones. Inglaterra y el resto de los pa�ses, con excepci�n de Estados Unidos, declararon la inconvertibilidad de sus monedas. El sistema del patr�n oro hab�a dejado de operar.

El abandono de este sistema fue lo que permiti� a los distintos pa�ses financiar sus gastos de guerra en base a la emisi�n monetaria. En el cuadro siguiente se puede apreciar el incremento de circulante en los principales pa�ses.

A diferencia de otros pa�ses, Inglaterra fue dejando el patr�n oro paulatinamente al ir incorporando restricciones en la conversi�n de los billetes, hasta que finalmente en 1919 se proh�be la exportaci�n de oro. Al mes siguiente el J. P. Morgan decide dejar de sostener el precio de la Libra Esterlina con sus compras y �sta comienza a depreciarse en el mercado. Por su lado, Estados Unidos, el �nico de los pa�ses que no hab�a abandonado este sistema, en 1917 hab�a comenzado una serie de enmiendas que daba a la Reserva Federal m�s flexibilidad para emitir billetes contra t�tulos p�blicos, si bien en realidad desde la creaci�n de la Reserva Federal hubo m�s de 100 enmiendas brindando m�s flexibilidad a la emisi�n monetaria entorpeciendo el funcionamiento del patr�n oro.

El gran dilema se present� cuando Inglaterra opt� por volver a la convertibilidad de su Libra Esterlina. La intenci�n de los ingleses era volver a la misma paridad anterior a la guerra, sin embargo, ante la emisi�n monetaria que hab�an llevado a cabo esto no era posible, teniendo que elegir entre dos alternativas. Provocar y financiar una deflaci�n quitando de circulaci�n la cantidad necesaria para volver a la paridad inicial o aceptar una devaluaci�n de la Libra Esterlina. Ninguna de las dos opciones convenc�a a las autoridades inglesas, por lo que optaron por una salida que terminar�a siendo la principal causante de la crisis del treinta, ayudada por la pol�tica de comercio exterior de Estados Unidos.

Luego de la guerra, Estados Unidos pas� de ser un pa�s deudor a ser uno acreedor, siendo Europa su principal acreedora. En el gobierno norteamericano, algunos legisladores republicanos ten�an en claro que para que Europa pudiese pagar sus deudas deb�a poder exportar, por lo que sin estar a favor de una reducci�n se opon�an a un incremento de las barreras arancelarias a las importaciones. Sin embargo, en 1920 las elecciones dieron la victoria a Warren G. Harding, partidario de elevar las protecciones arancelarias. En 1921 se sancion� un aumento en las tarifas a las importaciones agr�colas, y en 1922 se sanciona una de las leyes m�s fuertes en la historia americana de protecci�n industrial. Estas leyes se conocen como las Fordney-McCumber-Tariffs.

Lo que estos legisladores se olvidaron, es que toda traba a la importaci�n es tambi�n una traba a la exportaci�n. Si Europa no pod�a vender sus productos a Estados Unidos, dif�cilmente pudiese contar con las divisas necesarias para importar los productos norteamericanos. La situaci�n era a�n m�s delicada debido al alto nivel de endeudamiento europeo. Incluso luego de finalizada la guerra, varios pa�ses europeos debieron recurrir a nuevos pr�stamos debido a su precaria situaci�n, la ley Fordney-McCumber no hac�a m�s que empeorar las cosas.

Finalizada la guerra, el sistema monetario internacional hab�a quedado totalmente desarticulado y los pa�ses luchaban por retornar de una forma y otra al patr�n oro. De una situaci�n con la Libra Esterlina como moneda de transacci�n internacional convertible en oro y el resto de las monedas tambi�n convertibles al metal precioso, se hab�a llegado a una situaci�n sin convertibilidad y con un alto grado de depreciaci�n monetaria, adem�s de las dificultades econ�micas heredadas de la guerra.

En 1922 se reuni� en G�nova un grupo de expertos en temas monetarios que plante� modificaciones al sistema del patr�n oro, sugiriendo un sistema de patr�n cambio oro. Este paso del patr�n oro, al patr�n cambio oro, daba una mayor flexibilidad a la creaci�n de oferta monetaria de los pa�ses, ya que autorizaba a mantener reservas en divisas convertibles a oro, adem�s del oro mismo. Adem�s, tambi�n se permit�a fijar una nueva paridad y la intervenci�n en el mercado para contrarrestar las fluctuaciones en la cotizaci�n del metal precioso. Sin embargo, en esta convenci�n se cometieron varios errores conceptuales que se terminaron pagando caro.

En un sistema monetario basado en el patr�n oro los billetes son simplemente una deuda para pagar oro �a la vista� y �al portador�. Por lo tanto, hablar de una �nueva paridad�, como se hizo en G�nova, es equivalente a hablar de cu�nto es el monto de la deuda que los emisores est�n dispuestos a pagar, no es m�s que una devaluaci�n encubierta en la nobleza de un nombre o principio. Volver a la paridad anterior a la guerra era asumir la totalidad de la deuda, llevar a cabo una devaluaci�n era repudiar parte de la deuda, ya que los tenedores de libras recibir�an menos oro del que se les deb�a, lo mejor era establecer un patr�n cambio oro, donde se depreciaba y se �volv�a� al oro al mismo tiempo. De esta forma, la depreciaci�n se confund�a con los nuevos cambios y la reincorporaci�n parcial del metal precioso. Por otro lado, en las resoluciones dictadas en G�nova se habla de los billetes como si �stos fuesen moneda y del oro como si se tratase de un bien al cual hay que fijarle el precio, cuando en realidad la moneda y unidad de cuenta era el oro siendo los billetes simples recibos. Los expertos de G�nova cayeron en el error de creer que los billetes, y no el oro, eran la moneda y unidad de cuenta, dando otra vuelta de tuerca a la ya complicada situaci�n.

En el fondo, el Pacto de G�nova permit�a a los distintos gobiernos aplicar pol�ticas con el fin de intentar mantener estable el poder adquisitivo del dinero, buscando evitar grandes fluctuaciones en el precio del oro. Tambi�n se permit�a regular las tasas de inter�s mediante �operaciones de mercado abierto�, ya que los bancos centrales pod�an emitir billetes no s�lo contra el oro, sino tambi�n contra t�tulos p�blicos y privados.

Muchos economistas de reconocimiento internacional estuvieron a favor del nuevo sistema de patr�n cambio oro, lo que deriv� en la idea de que era tarea de los gobiernos mantener estable el valor de la moneda en vez de ser tarea del mercado .

Como vimos, la Libra Esterlina hab�a dejado de ser la principal moneda en el comercio internacional, su paridad hab�a pasado de 4,87 d�lares por libra en la preguerra a 3,38 luego de la misma. Tuvo un pico m�ximo en 1923 de 4,69 para luego comenzar a caer nuevamente. Sin embargo, Inglaterra deseaba volver a la misma paridad de la que gozaba antes de la guerra, pero para ello necesitaba aumentar el valor de su moneda en aproximadamente un 13%.

Del otro lado del oc�ano, Estados Unidos hab�a pr�cticamente cerrado sus puertas con la ley Fordney-McCumber, limitando las importaciones provenientes de Europa y haciendo peligrar sus propias exportaciones. Ante esta situaci�n, una devaluaci�n del d�lar frente a la libra esterlina matar�a dos p�jaros de un tiro. Por un lado ayudar�a a Inglaterra a volver a la paridad de preguerra, y por el otro, alentar�a las exportaciones de Estados Unidos.

Las enmiendas a la ley de la Reserva Federal y el pacto monetario de G�nova daban la suficiente flexibilidad al gobierno para manejar la cantidad de moneda y lograr bajar la cotizaci�n del d�lar. Warren G. Harding, presidente de Estados Unidos, hab�a nombrado a cargo de la Reserva Federal a Daniel R. Crissinger, quien cay� bajo la influencia de Benjam�n Strong, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, qui�n lo llevo a aplicar una pol�tica monetaria expansiva buscando reducir la tasa de inter�s. Lo que se buscaba era una salida de d�lares hacia Europa para hacer bajar su precio y ayudar a los ingleses con la paridad de la libra.

La pol�tica de dinero f�cil aplicada por la Reserva Federal llev� a un auge en la bolsa de comercio mayor a la que deber�a reflejarse por el crecimiento de la econom�a. El siguiente cuadro muestra el crecimiento de las acciones en Wall Street.

�Qu� suced�a mientras tanto en Inglaterra? Gracias a la pol�tica de la Reserva Federal, la cotizaci�n de la libra frente al d�lar comenz� a mejorar. No porque se desarrollase la econom�a inglesa, sino por la depreciaci�n del d�lar, es decir, no era la libra la que se acercaba al d�lar, sino el d�lar el que se ca�a hacia la libra. Sin embargo, este cambio en las cotizaciones afect� la balanza de pagos inglesa, sus importaciones se vieron alentadas mientras que las exportaciones desalentadas. No era la libra la que mejoraba su posici�n relativa, sino que el d�lar empeoraba la suya.

Adem�s del cambio en la cotizaci�n de la libra, Inglaterra hab�a incrementado su intervenci�n en el mercado evitando un buen ajuste de precios, y el poder de los sindicatos logr� elevar el nivel de desempleo durante toda la d�cada del 20. En 1925, el Banco de Inglaterra comienza a incrementar y disminuir sucesivamente la tasa de redescuento, hasta que finalmente decide reducirla en 1927 dej�ndola en ese nivel hasta 1929. El d�ficit de su balanza de pagos y este juego con la tasa de redescuentos dieron origen a una acumulaci�n de libras en los dem�s bancos europeos, que al contrario de Inglaterra mantuvieron sus tasas de redescuento relativamente altas.

Uno de los principales pa�ses en absorber estas libras era Francia. Por supuesto, el problema de la fuga de capitales seg�n los ingleses se encontraba en la �sobre-valuaci�n� del franco y en el hecho que Francia no volv�a oficialmente al patr�n oro. Otro pa�s que se comport� pol�ticamente distinto a Inglaterra fue Alemania, que adem�s hab�a recibido un pr�stamo en d�lares en apoyo a su plan Dawes para pagar las reparaciones de Guerra a Francia y otros pa�ses. Mientras Inglaterra opt� por una pol�tica expansiva, Francia y Alemania siguieron el camino opuesto absorbiendo los capitales ingleses. Las inversiones se desalentaban en Inglaterra y se incrementaban en Francia y Alemania. Las cosas suced�an exactamente al rev�s de lo que predice la teor�a keynesiana y las famosas curvas IS-LM, las inversiones se desalentaban donde la tasa de inter�s era baja y aumentaban donde esta era m�s alta. Dada la situaci�n Inglesa, los franceses comenzaron a ver peligroso mantener tantas libras entre sus reservas, por lo que comenzaron a cambiarlas por oro, poniendo en apuros al Banco de Inglaterra, que deb�a entregar el oro a cambio de sus libras.

Mientras tanto, en Estados Unidos la pol�tica de dinero f�cil de Estados Unidos llevaba a un alza en la cotizaci�n de sus acciones, sin embargo, hacia fines de 1927 Strong enferm� perdiendo influencia en el directorio de la Reserva Federal. Finalmente fue reemplazado por George L. Harrison mientras un nuevo director entraba como miembro al banco, Roy A. Young, quien inmediatamente comenz� a hacer todo lo posible por frenar la pol�tica de expansi�n monetaria.

A fines de 1928 y principios de 1929, alarmados por las cotizaciones que hab�an alcanzado las acciones, las autoridades de la Reserva Federal decidieron revertir su pol�tica vendiendo t�tulos p�blicos. Sin embargo, ya era demasiado tarde para intentar solucionar las cosas. La �iliquidez� creada por la disminuci�n del circulante llev� a los bancos a aumentar sus pedidos de redescuentos y pr�stamos a la Reserva Federal, que nuevamente opt� por una pol�tica de dinero f�cil pero elevando la tasa de redescuento. Junto a estos nuevos redescuentos, los cr�ditos otorgados a los corredores de bolsa por ahorristas y empresas comenzaron a tener tasas de inter�s superiores. Este aumento de tasas de inter�s altern� la direcci�n de los flujos de capitales, ahora, en vez de ir hacia Europa, se dirig�an hacia Norteam�rica. Los mercados de Europa comenzaron a verse presionados por esta fuga a elevar sus tasas de inter�s. Ante un aumento generalizado de las tasas, los capitales ya no ten�an mercados claros hac�a los cuales fluir y comenzaron a verse los efectos recesivos en la econom�a. El �nico pa�s que mantuvo su producci�n en crecimiento fue Francia. Estas contracciones en la econom�a comenzaron a verse reflejadas en las cotizaciones de las acciones, aquellos que hab�an contribuido con cr�ditos a los corredores de bolsa comenzaron a retirarlos r�pidamente acentuando a�n m�s la ca�da de los precios.

Sin embargo, no es la ca�da de las acciones del 29 lo que causa la recesi�n de la d�cada del 30. La recesi�n econ�mica y la desocupaci�n en la d�cada del 30 no son una consecuencia de la baja del precio de las acciones, sino todo lo contrario. La baja de las acciones es una consecuencia de los problemas econ�micos que se ven�an gestando por las pol�ticas de dinero f�cil aplicado por las potencias mundiales.

Lo que ocurri� en la ca�da de 1929 fue consecuencia del manipuleo monetario por parte de los distintos gobiernos durante la d�cada del 20. Lo que en esta �poca definitivamente no hubo fue un libre funcionamiento del mercado y la econom�a. La fuerte protecci�n norteamericana a las importaciones y las pol�ticas de dinero f�cil no hicieron m�s que sembrar la semilla de la �Crisis del 30� que se vio reflejada en la ca�da de la bolsa de Nueva York. Evidentemente no es una pol�tica muy eficiente intentar reavivar la econom�a de un pa�s quit�ndole valor y poder adquisitivo a su propia moneda.

Afirmar que las causas de la crisis del 30 se encuentran en el derrumbe de precios de las acciones en el famoso Jueves Negro, o en una ca�da de la demanda agregada, es desconocer la influencia que el largo plazo tiene en todo proceso econ�mico.


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