Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
PARTE TERCERA: LOS MARCOS CONCEPTUALES DE LA ECONOMÍA.
CAPÍTULO 6.- CRECIMIENTO, ACUMULACIÓN Y TENDENCIAS PROFUNDAS: LA ECONOMÍA POLÍTICA.
Adam Smith
En opinión de Napoleoni (1973), cuando la tradición designa a Adam Smith como el
padre de los economistas, recoge una indudable verdad: de Smith parten todas las
líneas de la búsqueda sucesiva; lo que realmente interesa de este pensador es el
haber orientado casi todos los problemas que debían ser objeto de reflexión
sucesiva y, sobre todo, de haber acercado de modo impresionante la plena
comprensión de la propia naturaleza de la nueva económica. Todo ello, a pesar de
que, para este autor, si se reflexiona sobre el pensamiento smithiano en su
conjunto, no es fácil sustraerse a la impresión de que, en sustancia, ningún
problema ha sido resuelto por él de modo satisfactorio.
Adam Smith escribió en los albores de la Revolución industrial, vivió en medio
de esa etapa de empresa capitalista que se ha conocido con el nombre de «sistema
doméstico». En las ciudades y villas del continente europeo persistía aún el
sistema de gremios y la agricultura conservaba la supremacía sobre el resto de
las ocupaciones. Sin embargo, en Gran Bretaña, el desarrollo industrial y
comercial había progresado considerablemente. Para Fergunson (1938), el fenómeno
más destacado en la industria fue que el artesano, en general, había dejado de
ser mercader y se convirtió tan sólo en productor. El trabajador, también en
términos generales, ya no era un manufacturero independiente que trabajaba de
modo directo para el consumidor, sino simplemente era un trabajador que
ejecutaba encargos para una clase que acababa de aparecer, que le proporcionaba
los materiales para trabajar y en ocasiones también el local y la maquinaria.
Los artesanos estaban degenerando en lo que acabarían siendo, meros asalariados,
y la dirección y control de la industria pasaba en forma definitiva a manos de
los patrones capitalistas, diferenciados tanto de los empleados como de los
terratenientes.
A. Smith, profesor de Filosofía Moral en el Colegio de Glasgow, impartía un
curso que se dividía en cuatro partes. La primera trataba de la teología
natural, la segunda de la ética, la tercera de la justicia y la cuarta de lo que
llegó a conocerse como Economía Política. Su primera publicación, La teoría de
los sentimientos morales, representa la segunda parte de este curso; mientras
que la Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones es,
en gran medida, una elaboración de sus clases sobre cuestiones de Economía
Política.
Los dos primeros libros de la Riqueza de las Naciones tratan de las fuentes y
condiciones para el crecimiento económico. En el tercer libro analiza las
diversas políticas económicas que se han utilizado en las distintas naciones
para favorecer el crecimiento económico. En el libro cuarto trata de explicar
los diferentes sistemas, así como sus efectos. El quinto libro trata de los
ingresos y gastos del Estado, de las rentas del Soberano.
Hemos dicho que A. Smith vivió y escribió en un momento histórico de grandes
cambios económicos. Estos cambios se encuentran especialmente en las primeras
partes de la Riqueza de las naciones. Eran, en esencia, cambios en la
organización de la producción que describió en su fábrica de alfileres. Con este
ejemplo, Smith puso de manifiesto la esencia del (nuevo) sistema económico y el
origen de la riqueza de las naciones o, en su versión más actual, del
crecimiento económico. Todo ello, a pesar de que, en opinión de Barber (1967),
fuese incapaz de apreciar en toda su dimensión el ritmo al que se estaba
realizando el cambio tecnológico en su propia época, y que escribiese más sobre
las fábricas de alfileres que sobre la fabricación de acero.