CAPÍTULO VII
La especulación en mercancías

 

22. Importancia económica de las operaciones de efectivo

23. Las operaciones a plazo en mercancías
24. Ventajas del negocio a plazo
25. Sus inconvenientes
26. La liquidación
27. Mercancías más importantes en las operaciones a plazo
 


22. Importancia económica de las operaciones de efectivo

La importancia económica de las operaciones de efectivo se manifiesta principalmente en relación con las materias primas recolectadas en las cosechas anuales y especialmente en aquellas que han de ser importadas del extranjero. El consumo de esas mercancías es continuo, mientras que su producción es meramente periódica y por consiguiente es preciso distribuirlas de acuerdo con las necesidades de la demanda. En este punto corresponde al comercio llenar la importante función económica de equilibrar la abundancia con la escasez en el lugar y en el tiempo. El comerciante puede descongestionar un mercado momentáneamente sobrecargado de mercancías, trasladando el sobrante de éstas a otro mercado más necesitado de las mismas y que ófrezca por ellas mejor precio. lgualmente puede dirigir las mercancías en transito hacia los puntos de mayor demanda. Más importante aún es el suministro temporalmente uniforme de la población a fin de que el producto de una cosecha alcance hasta la cosecha próxima. Para este fin hay que llevar a cabo apreciaciones sobre el desarrollo de la oferta y la demanda en el porvenir y con ello empieza una nueva forma de la actividad comercial. La especulación ejerce la función económica de equilibrar temporalmente la oferta con la demanda, si bien el fin privado que persigue es, como en toda la actividad comercial, la consecución de un beneficio. Basándose sus suposiciones en meros calculos de probabilidades, ha de contar con errores que produzcan pérdida en vez de ganancia. Sus operaciones tienen, pues, siempre un carácter más o menos aleatorio y pueden degenerar incluso en verdaderos juegos de azar. No quiere esto decir que la especulacion equivalga a la operación a plazo; precisamente la especulación nació en el negocio al contado. Los especuladores compraban grandes partidas de mercancías y las almacenaban hasta que la demanda hiciera subir los precios para venderlas luego lentamente a fin de que los precios no volvieran a bajar. Cuanto mayores eran los medios de que disponían los acaparadores, tanto más sensible era su influencia en la formación de los precios, hasta el punto de que cada vez que se encarecían las materias de primera necesidad, la opinión pública daba la culpa a los especuladores a los que calificaba de usureros. De ahí que, no sólo en la Edad Media sino en el mismo siglo XIX, se reglamentara el comercio de cereales para evitar la usura, y aún hoy los arts. 419 y 420 del Código penal francés castigan con cárcel y multa a los poseedores de cereales, harina y otros artículos de primera necesidad "que se confabulan para no vender por bajo de un determinado precio"(1). Actualmente se registran también acaparamientos de cereales, algodón y otros artículos de consumo mundial. Como quiera que para ello se requieren millones, fórmanse a este objeto asociaciones de especuladores llamadas corners. Por regla general, estos negocios llevan sin embargo involucradas operaciones a plazo y sobre ellas volveremos más adelante.

A medida que aumentaba la rapidez y seguridad de los transportes se sustituía el acaparamiento especulativo por compras a plazo firme. Estas tienen la ventaja de no exigir largos almacenajes, pues la mercancía se encuentra en un principio en poder del labrador o en el buque o vagón, y el comprador se hace cargo de ella en el lugar y tiempo convenidos. Cuando estas operaciones se llevan a cabo por los mismos cousumidores, como los molineros o los hiladores, carecen por lo general de todo matiz especulativo. El fabricante se asegura la satisfacción regular de sus necesidades para la temporada y escoge para cubrirse el momento en que cree obtener precios más favorables, que acostumbra a ser inmediatamente después de la cosecha. Si en el momento de la entrega ha subido el precio en plaza, acaso registre una ganancia, aun cuando no siempre los precios de los productos elaborados evolucionan paralelamente a los de las materias primas. En todo caso, el fin perseguido por el fabricante en sus operaciones a plazo no es, pues, la obtención de una ganancia sino, antes bien, la evitación de una pérdida. Tampoco el cosechero o productor que vende a plazo persigue fines especulativos, sino que con ello procura quedar al margen de las oscilaciones de los precios, pues si quisiera especular le bastaría retener sus productos.

En cambio, el comerciante persigue una especulación incluso en los negocios a plazo firme, pues él no compra las mercancías para consumirlas o elaborarlas, sino para revenderlas con ganancia. Si en mayo compra trigo para entrega en septiembre, lo hace porque considera que la cosecha será mala y los precios para el negocio efectivo subirán. También es posible que ya en junio la cosecha se presente tan mala que su precio haya rebasado el que los especuladores aceptaron para septiembre. En tal caso, si no espera otra alza, puede vender ya ahora su trigo para entrega en septiembre, asegurando así su ganancia. De este modo no necesita hacerse siquiera cargo de la mercancía, sino que le basta endosar la operación a su comprador. He aquí un negocio efectivo y que sin embargo tiene todo el aspecto de una operación de diferencias.

Inversamente, un comerciante que presiente una espléndida cosecha puede vender en mayo para entrega en septiembre, trigo que espera comprar antes de esta fecha a precio inferior al por él conseguido. También este negocio es un negocio efectivo o en firme, pues el comerciante deberá entregar la mercancía. Estas "ventas al descubierto" gozan actualmente de muy mala fama porque contribuyen a deprimir los precios. Es curioso notar que en 1698 se prohibió en Amsterdam por primera vez la venta de cereales al descubierto por el motivo contrario, o sea porque producía el alza de los precios, pues existía entonces una gran carestía de cereales y los que habían vendido en blanco y se veían obligados a entregar representaban una demanda que obraba en sentido alcista.

La utilidad económica de estas operaciones efectivas a plazo esta por una parte en que obliga a muchas personas a preocuparse del estudio de las futuras posibilidades del mercado, de las cosechas y en general de la oferta. Aun cuando haya jugadores que se dejen arrastrar por las fugaces impresiones del momento, la mayoría de los que participan en tales operaciones se preocupan seriamente de recoger toda clase de datos que les sirven de base para sus apreciaciones especulativas, y la comparación de las cotizaciones de los negocios a plazo con los precios que en su día ofrecen los negocios de disponible, demuestra que los especuladores no acostumbran a equivocarse salvo si las operaciones se extienden a plazos tan largos que hacen casi imposible toda previsión. Además, los negocios a plazo proporcionan datos valiosos para orientar la extensión o restricción de la producción, la aplicación de las reservas y el régimen de importaciones del extranjero.

Es más: el comercio especulativo a plazo da por resultado una conveniente ampliación del mercado. El productor tiene más facilidad para vender las mercancías que podrá entregar más tarde si el mercado no se compone sólo de compradores directos, sino también de especuladores y revendedores que cargan con la tarea de la busca del definitivo comprador. Por otra parte, el consumidor de materias primas encuentra una oferta más variada si además de los productores concurren al mercado vendedores que, aun cuando en el momento de la operación no posean mercancía, se comprometan a proporcionársela dentro de un plazo determinado.

El carácter especulativo de las operaciones efectivas a plazo se acusa tanto más cuanto mayor sea el número de intermediarios que aparezcan entre comprador y vendedor desde la iniciación de la operación hasta su liquidación. Mas, si los primitivos contrayentes han determinado, según sus conveniencias, la calidad y cantidad de la mercancía y el plazo y lugar de la entrega, no se encontrarán muchas personas que quieran subrogarse a ellos, por lo cual la aplicación de los negocios a plazo firme para fines especulativos ofrece posibilidades muy Iimitadas. Para apropiarse a la especulación, los negocios comerciales han de reunir condiciones uniformes y entonces se convierten ya en operaciones de Bolsa.

23. Las operaciones a plazo en mercancías

Las operaciones sobre mercancías a plazo, en Bolsa, son operaciones cuyas condiciones esenciales no se regulan por los interesados, sino por las reglas y costumbres de Bolsa. Estas condiciones se refieren a la calidad, unidad de medida, lugar y plazo de entrega, liquidación de la operación y resolución de cuestiones litigiosas.

La operación de Bolsa no se hace, pues, sobre muestras, sino sobre tipos de mercancía cuyas características están determinadas con la mayor exactitud posible. En caso de entrega de las mercancías, queda muy poco margen para liquidaciones. Las mercancías para operaciones a término han de ser, pues, en alto grado fungibles: son principalmente primeras materias y productos brutos producidos en grandes cantidades o fabricados en la misma medida, como el azúcar y el alcohol. La cantidad objeto de una operación es siempre importante. En Berlín, las operaciones sobre cereales habían de ser por 50 toneladas como mínimo; sobre alcohol, 10000 litros de 100 grados y sobre aceite de linaza 5000 kilogramos. Para el vencimiento de la operación se expenden en algunas Bolsas unos boletines de entrega (filiere) que se extienden por el vendedor para una fecha determinada y son transferibles por endoso. En otras Bolsas, la mercancía ha de ser recibida por el comprador o por su subrogado el mismo día del vencimiento. Para las liquidaciones existen diversas organizaciones, siendo las más cómodas las llamadas "cajas liquidadoras", de las cuales nos ocuparemos. Para las operaciones a plazo rigen cambios oficiales fijados con arreglo a la legislación.

Exteriormente no se distinguen las operaciones especulativas de las operaciones efectivas a plazo, pues en ellas encontramos todos los detalles y aun a veces la condición, de que la operación no es transmisible por una parte sin el consentimiento de la otra. En la práctica de las operaciones a plazo se confunden y mezclan las efectivas y las especulativas. El que vende no sabe si el comprador se hará cargo de la mercancía o traspasará la operación, y el que compra no sabe quién sera en definitiva su proveedor. Por regla general se forman largas cadenas de operaciones que terminan con una operación efectiva entre los dos eslabones extremos de las mismas. Incluso se cierran a veces esas cadenas vendiendo el último comprador la mercancía comprada al que debiera entregársela, de modo que no hay operación efectiva y todas las operaciones de la cadena se liquidan mediante el pago de diferencias. Es posible que esta cadena se forme y cierre antes del vencimiento, sin influir, pues, en el mercado y, lo que es más curioso, sin que los miembros que la componen tengan idea exacta del papel que juegan. También puede suceder que hasta el día del vencimiento, el vendedor o comprador primitivo, por mediación de un corredor, concierte una operación inversa con la otra parte, quedando entre ambos uua mera relación de diferencias. En cambio, no se realizan en la Bolsa los llamados negocios de diferencias puros, de los que se ocupa preferentemente la Iey alemana de Bolsas, o sean aquellas operaciones en las que se renuncia desde un principio a la efectividad de las entregas y se concierta sólo el abono de diferencias. Estas operaciones se dan entre particulares o entre particulares y Bancos; pero una ojeada a las condiciones de las operaciones a término en las diversas Bolsas demuestra la imposibilidad de esta clase de negocios. Las diferencias se obtienen o pierden en Bolsa "casando" la operación originaria con otra inversa. Para que esto sea posible en todo caso, precisa una Bolsa con mucho movimiento y, además, una organización del negocio en condiciones uniformes, tal como se presenta en las operaciones bursátiles a plazo, a diferencia del comercio efectivo corriente. En el comercio de mercancías, los negocios efectivos se adaptan por ello a las condiciones de las operaciones por diferencias sobre las cuales ejercen una gran influencia aun cuando su volumen sea, comparativamente, muy inferior. Después de todo, son imprescindibles en la vida real y económicamente mucho más importantes que el negocio en efectos a plazo, y como quiera que indiscutiblemente se facilitan por el negocio a plazo en las mercancías en cuestión, se orientan preferentemente hacia las Bolsas en las cuales encuentra esta ventaja.

24. Ventajas del negocio a plazo

Desde el punto de vista del comercio real pueden aducirse poderosas razones en favor de las operaciones a plazo. En primer lugar producen una extraordinaria extensión en el mercado, pues al reunir gran número de compradores y vendedores hacen que por regla general toda oferta o demanda para entrega futura encuentre quien por ella se interese. Nada importa al que quiere comprar o vender si su contrayente quiere efectivamente entregarle o tomarle la mercancía; lo que él quiere es resolver el problema de su suministro o venta. La otra parte, ya verá de arreglarselas para cumplir o encontrar quien cumpla las obligaciones que se ha impuesto. Si se forma una cadena de interesados en una operación, tiene ésta la gran ventaja de que las oscilaciones de precio que pueden presentarse se distribuyen entre todos los interesados, de modo que la pérdida de cada uno de ellos es relativamente pequeña, mientras que si el negocio se hubiera hecho directamente entre los dos eslabones extremos de la cadena, uno de ellos hubiera cargado con toda la diferencia entre el precio de compra y el de venta. Además, la existencia de dos partidos que especulan en dirección opuesta ejerce una influencia moderadora sobre las oscilaciones de precios, pues tanto los que especulan a la alza como los que juegan a la baja, si previenen que el dia del vencimiento no podrán cumplir, se ven obligados a hacer antes de dicha fecha una operación inversa, o sea a contribuir a neutralizar el movimiento de precios que hasta ahora favorecian con sus jugadas. Esto sucede principalmente con las operaciones o ventas al descubierto, que tan censuradas han sido. Los especuladores a la baja, cuando se acerca, el vencimiento, no tienen más remedio que cubrirse mediante una compra que tiene por natural consecuencia detener la baja de los precios.

Para el comercio efectivo ofrecen las operaciones a plazo la gran ventaja de permitirle asegurarse contra futuras oscilaciones. Si, por ejemplo, un comerciante en granos ha comprado trigo americano que tardara dos meses en llegar, es prudente que se asegure contra posibles alteraciones de precio, vendiendo dicho trigo en Bolsa para el mismo plazo. Supongamos que el trigo le cueste, puesto en el lugar de entrega, 17000 pesetas la tonelada, y que lo vende en Bolsa a 17200. Si el día del vencimiento el precio en Bolsa ha bajado a 16900, el comerciante entregara la mercancía y habrá ganado 200 pesetas por tonelada en vez de perder 100 pesetas por tonelada si lo hubiera conservado. El comprador habrá perdido 300 pesetas por tonelada; pero esta pérdida se habrá repartido probablemente entre varias personas. SI el precio el día del vencimiento es de 17400 pesetas, el importador puede también entregar y contentarse con sus 200 pesetas de ganancia; pero, si nota una tendencia al alza, puede quedarse con la mercancía y cubrirse en Bolsa contra la venta hecha, con pérdida de 200 pesetas por tonelada, cuya pérdida puede considerar como una prima de seguro contra otra pérdida mayor eventual, ya que en último término el trigo le habrá resultado al precio del día, o sea a 17400 pesetas.

Si un molinero compra trigo que ha de convertir en harina dentro de algunos meses, puede vender esta harina a plazo para cubrirse contra una baja de precio. No es recomendable que venda el trigo, pues los precios del trigo y la harina no son siempre paralelos. En tal caso el molinero no puede escoger entre entregar o especular, sino que ha de optar por lo último. Su operación es, pues, desde el primer momento, una operación de diferencias en trigo para cubrirse contra la baja de la harina mediante un juego en trigo. Pero este juego está estrechamente relacionado con un negocio real y por ello es tan legítimo como cualquier otra clase de seguro.

Estas operaciones pueden hacerse, sin embargo, sin carácter bursátil, o sea en forma de operaciones efectivas a plazo; pero siempre resultan más dificultosas por falta de uniformidad y de la concurrencia de numerosos interesados que, aun cuando persiguiendo una especulación, llevan a efecto la colocación efectiva de la mercancía.

25. Sus inconvenientes

Las operaciones a término ofrecen, al lado de sus indiscutibles ventajas económicas, inconvenientes derivados de los abusos a que se prestan. Por lo mismo que atraen grandes masas de especuladores, ofrecen el peligro de convertirse en mero juego con la intervención de jugadores de otras clases sociales que, aun cuando no vayan personalmente a Bolsa, especulan por medio de intermediarios. Los especuladores profesionales conocen por lo menos el negocio y están en situación de prever aproximadamente las evoluciones del mercado pero los aficionados, juegan a la buena de Dios, influídos frecuentemente por personas que persiguen meramente su lucro personal. Por regla general, esta clase de juego da, sin embargo, preferencia a la especulación en efectos sobre la especulación en mercancías.

Las operaciones a término se prestan tanto más al juego por el juego, cuanto mayores sean las oscilaciones de precios, propias de las mercancías en cuestión. De ahí que se prefieran los productos del suelo cuyas existencias dependan de la cosecha de un solo país, como el café, más de la mitad de cuya producción se cosecha en el Brasil. Pero también pueden producirse intencionadamente notables oscilaciones en los precios por la intervención de poderosos capitales, y este extremo es de especial interés al juzgar la importancia económica de las operaciones a plazo. Las oscilaciones artificiales de precios en los negocios a término no se producen por la intervención de los especuladores sin géneros y sin dinero, sino gracias a las verdaderas compras y entregas de mercancías en relación con dichas operaciones a plazo. Estas compras se hacen a veces por millonarios especuladores, que acaparan una mercancía para hacer subir o bajar su precio según sus conveniencias. Más frecuentemente se constituyen para este objeto grupos de especuladores llamados corners, que necesariamente han de disponer de medios considerables. Pero usan en estos casos la especulación que sólo puede alcanzar un éxito pasajero, y si no lo logran con la necesaria rapidez pueden, fracasar de un modo ruidoso. Los grandes mercados estan en estrecha relación, y si en uno de ellos se produce un fenómeno artificial, no se hace esperar una reacción que lo anule. Así ha sucedido que se devolviera algodón de Liverpool a Nueva York para contrarrestar los manejos de un corner formado en esta última plaza.

Más apropiados para esta close de especulaciones son géneros como la canela y el cobre, que se producen en cantidades relativamente pequeñas y son, pues, monopolizables con el necesario capital. Pero tampoco en estas especulaciones cuentan gran cosa los ejércitos de especuladores mendicantes que constituyen solamente el ruidoso séquito de los corners, y si el movimiento no es muy consistente, pronto se descubre la maniobra por otros especuladores provistos de los necesarios medios, los cuales forman una "contramina" para contrarrestar el alza por medio de oferta efectiva de mercancía. Estas contraminas son, sin embargo, derrotadas a veces, obligándoselas a cubrirse mediante compras con pérdidas enormes. Un ejemplo interesante de esta clase de maniobras se dió en la especulación en cafés en la Bolsa de Hamburgo en 1888, que contribuyó en gran manera a desacreditar en Alemania las operaciones a plazo. La cosecha del Brasil de 1887-88 había sido mala, mientras que la de 1888-89 se presentaba favorable. La única clase negociable en Hamburgo era good average Santos, y dada la escasez de reservas formóse en agosto de 1888 un corner para una campaña alcista. El 21 de agosto, el precio para entrega en septiembre era de 59 ¾ céntimos de marco la libra; pero a principios de septiembre inicióse el alza porque los especuladores se iban haciendo cargo de las mercancías compradas. Prodújose un gran pánico: el 6 de septiembre el precio había subido a 130 céntimos y el 7 subió de un brinco a 240 céntimos. Los vendedores que pudieron, compraron mercancía en el extranjero para poderla entregar. Trájose café de El Havre e incluso se compró en pequeñas partidas en el comercio al detall. Los vencedores dificultaban, sin embargo, las entregas, exigiendo el tipo de Hamburgo y rechazando incluso calidades mejores; pero sin embargo, fueron entregados 158500 fardos al corner y, habiendo posibilidad de otras entregas, el precio bajó el 24 de septiembre a 64 céntimos.

Fué esta una campaña reprobable desde el punto de vista económico y que afortunadamente no produjo a sus autores las ventajas deseadas, a pesar de favorecerlas la circunstancia de no encontrarse en cantidad suficiente la calidad o tipo de Hamburgo. Para evitar en lo sucesivo tales abusos se dispuso en 1889 que en vez de este tipo pudiera entregarse otro tipo análogo, mediante una indemnización al comprador de 6000 marcos por operación. La intensidad de la crisis se agravó por la participación en aquellas especulaciones de mayor número de personas de las que exigía el verdadero negocio efectivo; pero sin embargo, los especuladores mendicantes, a los que frecuentemente se atribuye tanta importancia, jugaron un papel muy secundario, pues los que habían comprado dispusieron de medios para hacerse cargo de las mercancías y los que habían vendido tuvieron dinero para ir a buscar mercancía adonde fuera necesario con objeto de efectuar las entregas.

Casi no necesita repetirse la opinión de que los especuladores sin dinero (o sea sólo con el dinero necesario para pagar diferencias) puedan ejercer una influencia notable en el negocio de "mercancía papel", pues si un vendedor sin mercancía concierta una operación con un comprador sin dinero, los dos están iguales y no hay motivo para que uno ejerza en el mercado una influencia superior a la del otro. Quién de los dos haya de ganar dependerá de las verdaderas condiciones del mercado, determinadas por la afluencia de dinero y mercancías. A ello hay que añadir que cada uno de los partícipes ha de trocar en un momento determinado su papel convirtiéndose de comprador en vendedor o viceversa. Por lo tanto, la existencia de meros especuladores al descubierto que formaran un círculo cerrado en la forma que se acaba de exponer, ninguna influencia podría ejercer en la formación de lós precios. Y si estos especuladores entran en contacto con el capital en forma de dinero o de mercancía, ya al principio, ya al fin de la cadena, es indudable que no pueden ejercer más que un papel completamente pasivo. El mercado sólo puede ser dominado por los que están en situación de entregar o de hacerse cargo de importantes partidas de mercancías. El ejército de jugadores no puede hacer más que acelerar o reforzar esas operaciones del gran capital y, cuando hay lucha entre dos partidos fuertes, agravar el conflicto determinando mayores oscilaciones, alzas precipitadas o panicos de corta duración. Pero, por regla general, no acostumbran a encontrarse en Bolsa dos partidos fuertes equilibrados, sino que, según las condiciones del mercado, tienen la supremacía alternativamente los alcistas y los bajistas. Pues regularmente la especulación puede prever hasta cierto punto el rumbo que haya de tomar la relación entre la oferta y la demanda. Sólo en momentos de oscuridad o en Ios que hay motivos para esperar un cambio de coyuntura, aparecen frente a frente los alcistas y los bajistas, y su lucha tiene consecuencias tanto peores para el mercado cuanto más fuerte es el partido que se equivoca y lucha contra el curso natural de las leyes económicas. Normalmente domina, como se ha dicho, siempre el partido que se apoya en estas leyes. En el período de alza, los vendedores no son especuladores a la baja, sino alcistas que se contentan con lo ganado y liquidan la operación. En momentos de baja, los compradores tampoco son regularmente alcistas, sino bajistas que liquidan sus ganancias cubriéndose. Si los especuladores no se equivocan al juzgar el curso de la evolución, las operaciones a término contribuyen a que las oscilaciones de precios objetivamente necesarias se produzcan de la manera más suave posible. En cambio, si un partido importante se equivoca y navega tenazmente contra la corriente, puede ser causa de alzas extraordinarias y de crisis que conmuevan el mercado. Pero estos fenómenos sólo pueden producirse si el juego no esta en manos de meros diferencistas, sino también de considerables capitales. Pero el gran capital especulador no sólo puede producir perturbaciones en el negocio a término, sino en cualquier otra forma de las operaciones a plazo, tan indispensables en la economía actual, y aun en el mismo negocio al contado. El único mal específico que puede, pues, producir la especulación a término en mercancías consiste en atraer al juego bursátil a personas ajenas al comercio.

26. La liquidación

Para la liquidación de las operaciones a término en mercancías se ha formado una técnica especial. Mientras estas operaciones no han alcanzado una gran extensión es relativamente fácil liquidarlas entre los mismos interesados, en el supuesto de que darante el transcurso del plazo estén presentes en Bolsa por sí o por apoderados. Cuando el primer vendedor liquida, su comprador puede trasladar la liquidación por endoso a aquel a quien él ha vendido, y así puede pasar el boletín de mano en mano, pues cada uno sabe con quién ha contratado. Cada uno de los especuladores deberá recibir diferencias de uno de los dos con quien ha contratado y pagarlas al otro, y si el primer vendedor no quiere entregar o el último comprador no quiere recibir la mercancía, también liquidan éstos por diferencias entre sí. Si el primero quiere entregar y el segundo no quiere recibir, entonces tiene lugar la operación llamada dobla o report, de la cual nos ocuparemos más detenidamente en el negocio de efectos. Consiste en que un tercer capitalista se hace cargo de la mercancía por cuenta del comprador, al cual la vuelve a vender para el siguiente plazo con una prima de intereses. Por lo demas, cada especulador sólo ha de entenderse con aquellos con quienes ha contratado. Si el último comprador exige la entrega y los que le han precedido sólo están a diferencias, el primero ha de esperar la fecha del vencimiento y entonces puede, o bien hacer comprar por persona autorizada la mercancía a precio corriente y cargar a su vendedor la diferencia entre este precio y el convenido, o bien, lo que es más corriente, cobrar de su vendedor directamente la diferencia entre el precio convenido y la cotización en Bolsa del último día laborable anterior al vencimiento. Si el primer vendedor quiere entregar y no encuentra quien reciba, puede vender la mercancía por cuenta de su comprador y exigir la diferencia.

Para el caso de que uno de los contratantes suspenda pagos o se encuentre palmariamente en la imposibilidad de cumplir sus compromisos, los reglamentos de las Bolsas facultan al otro contratante para liquidar la operación por diferencias o mediante la compra o venta de la partida por cuenta del moroso. Estas operaciones se facilitan con la ayuda de una oficina o secretariado que jamás acostumbra a faltar en las grandes Bolsas. Pero una verdadera garantía del cumplimiento de las operaciones contraídas en Bolsa sólo puede proporcionarse mediante el depósito de una fianza en dinero o valores suficiente para cubrir las diferencias que puedan presentarse ("cobertura" o "provisión de fondos"). AI concertar una operación cada parte ha de situar fondos, y cuando la cotización se altera en perjuicio de una parte se le pide reposición, y si no la hace puede la otra parte liquidar la operación por su cuenta, reclamándole la diferencia resultante que generalmente puede cubrirse con la primera provisión de fondos. Este sistema ocasiona una considerable inmovilización de capital y para evitarla se han creado las "cajas liquidadoras de mercancías", que son sociedades anónimas o de responsalbilidad limitada que garantizan a ambos contratantes el cumplimiento de sus compromisos apareciendo como si hubiesen contratado con cada una de ellas. El contrato entre A y B se divide, pues, en dos contratos: A vende a la Caja liquidadora y ésta a B, y ambos han de depositar en la Caja una fianza que si es en metálico devenga intereses, y reponerla en su caso. Si B revende la partida al mismo plazo por mediación de la Caja a C, aparece en los libros de la Caja como comprador y vendedor en compensación; su depósito para el primer negocio queda libre y paga o cobra la diferencia que ha de resultarle el día del vencimiento, con un pequeño descuento. La Caja cuida en su propio interés de exigir las reposiciones necesarias y las hace a su vez en favor de la otra parte que resulta favorecida por la cotización. Todos los negocios hechos en combinación con la Caja han de ser intervenidos por su corredor. Si un vendedor entrega la mercancía, la Caja cuida de encontrar un comprador y se hace la liquidación al cambio oficial del día.

La primera Caja liquidadora se fundó en 1882 en El Havre para el comercio de café, y en el mismo año se fundó otra en Nueva York. En 1887 se fundaron Cajas en Hamburgo, París y Amberes, y en 1888 en Londres, Marsella, Amsterdam y Rotterdam, habiendo aumentado considerablemente su número desde entonces. Es claro que las Cajas no trabajan de balde, sino que cobran derechos y hacen por lo general buenos negocios. Han facilitado en alto grado las operaciones a término, a las que han dado la mayor solidez y seguridad posibles permitiendo su popularización.

Una rama especial de las operaciones a plazo son las operaciones con prima, esencialmente especulativas o de juego, pues dan a las partes interesadas Ia posibilidad de retirarse de la operación o volver a reclamar o entregar la misma partida al mismo precio. Estas operaciones tienen, sin embargo, más importancia en el negocio de efectos que en el de mercancías, por lo que al ocuparnos del primero expondremos sus diversas formas.

27. Mercancías más importantes en las operaciones a plazo

Cereales. En ninguna otra mercancía es tan indispensable el negocio a término como en los cereales. Son éstos alimentos de primordial importancia que sólo se cosechan una vez al año y se necesitan constantemente, y además su producción en los países civilizados de Europa es insuficiente y hace preciso recurrir a la producción de los demás continentes. La distribución adecuada de tan enormes masas de mercancía en el lugar y el tiempo sólo es posible por medio de una previsora organización que se extienda por toda la Tierra y en la cual colaboren millares de especialistas. También los productores y elaboradores participan en esas especulaciones, no sólo legítimas sino necesarias; pero no obstante corresponden ellas principalmente al comercio especializado representado por personas solventes, mientras que los especuladores al descubierto representan el papel secundario de mediadores. El negocio a término en cereales es la forma más cómoda y segura del necesario comercio efectivo o en firme. Los ataques de que ha sido objeto y que han determinado su prohibición en Alemania y Austria se deben a la errónea creencia de que las ventas al descubierto han producido una depresión arbitraria en los precios. Pero en realidad la especulación a plazo no ha hecho otra cosa que favorecer el curso natural determinado por las coyunturas del mercado universal. Así que el desarrollo de los medios de comunicación facilitó la aparición en los mercados europeos de los cereales de los Estados Unidos, la Argentina, Australia y otros países con menor coste de producción, su competencia había de hacer bajar necesariamente el nivel de los precios en Europa, tanto si se hacían operaciones a término como no. Este comercio suavizaba al contrario las oscilaciones de los precios y sólo después de especulaciones de alza se sentían con mayor violencia los efectos de la depresión que naturalmente debía seguirlas. La experiencia ha demostrado además que la prohibición de las operaciones a término no ha producido alteración alguna en los precios de los cereales en Alemania, sino que éstos han evolucionado paralelamente a los de los demás mercados sin otra diferencia que la producida por los derechos de aduana.

En Budapest, Londres, Liverpool, París, Marsella, Rotterdam, Amsterdam, Nueva York y Chicago se efectúan considerables operaciones a plazo en las diversas clases de cereales. La calidad de la mercancía se determina por su procedencia y algunas características, especialmente por el peso específico de una medida determinada de capacidad (en París un hectolitro de trigo). En caso de duda sobre las cualidades de la mercancía se recurre al informe de peritos.

Café. Aun cuando siguen celebrándose importantes subastas de café en Londres, Amsterdam y Rotterdam, cada día aumentan las relaciones directas entre los países productores y los grandes mayoristas de Europa. En diversas Bolsas se ha introducido además el negocio a plazo en café, desarrollándose rapidamente. La primera Bolsa que lo introdujo fué la de Nueva York en 1880, siguiendo El Havre en 1881, Hamburgo en 1887 y después Londres, Amsterdam, Rotterdam, Amberes y Marsella. AI mismo tiempo se fundaron, como se ha dicho anteriormente, la mayoría de las Cajas liquidadoras. La introducción del negocio a plazo en café en la Bolsa de Hamburgo dió lugar a varias quejas del comercio interior, que se produjeron en Memorias de las Cámaras de Comercio y se dirigían, más que contra este negocio mismo, contra las Cajas liquidadoras, a las que se hacía responsables de los excesos de 1888 y cuyas considerables beneficios se censuraban. El entonces ministro de Comercio prusiano príncipe de Bismarck dirigió el 17 de diciembre de 1888 una circular a las Cámaras de Comercio pidiéndoles su parecer sobre la necesidad de introducir en las Bolsas alemanas el negocio a plazo en café, sobre las ventajas e inconvenientes de dicho comercio y sobre la influencia que su introducción ejerciera en el comercio al contado en el extranjero, especialmente en El Havre. En la información bursátil de 1892, los enemigos del negocio a término hablaban también de los abusos del comercio en café en Hamburgo. Es cierto que este comercio perturbaba el curso del comercio interior al que hacia depender de las oscilaciones especulativas de Hamburgo; pero el negocio a plazo no era en realidad más que la forma de la especulación hamburguesa y hubiera sido ineficaz sino hubiera llevado consigo una notable acentuación del movimiento real de capital y mercancía. Aun cuando se girara diez veces más café de Santos del que realmente llegaba al mercado, el comercio a término determinaba no obstante un aumento seguido y rápido de la importación real de café en Hamburgo. De ahí que los enemigos del comercio a término en café debieran reconocer que gracias a él se atraía a Hamburgo una gran cantidad de mercancía efectiva y que había existido además la necesidad de introducir dicho comercio en Alemania para hacer frente a la competencia de Nueva York y El Havre. En cuauto a las oscilaciones de precios, eran debidas al poder de los millones que participaban en la especulación, y no al ejército de los especuladores satélites. La vieja casa hambarguesa que dirigía el movimiento alcista dícese que cerró su balance de 1888 con 8 millones de marcos de ganancia; pero hasta fin de junio de 1889 hubo de pagar 6 millones de diferencias para el café. En todo caso, las especulaciones que giran millones, cualquiera que sea su forma, ejercen su influencia sobre los precios. La crisis de septiembre de 1888 fué agravada, como se ha dicho, por la dificultad de sustituir el tipo normal de Santos por otros tipos, aun cuando fueran mejores, sustitución que, como se ha dicho también, fué permitida en 1889, mediante indemnización; pero a condición de que la partida entregada (600 sacos = 29250 kg. neto) equivaliera en 2/6 a Santos superior, 3/6 Santos bueno y 1/6 Santos regular, cuya proporción constituye el good average Santos que normalmente se entrega.

Azúcar. Alemania ocupaba antes de la guerra el primer lugar en la producción y la exportación de azúcar de remolacha. A consecuencia de la supresión de las primas a la exportación como resultado de la Convención azucarera, la exportación disminuyó considerablemente desde 1.º de septiembre de 1903, a cambio de lo cual aumentó el consumo en el interior del país. El azúcar de remolacha se comercia en bruto y refinado. La calidad del primero se distinguía antes por el color, a base de los veinte números del llamado standard holandés. Modernamente se ha determinado el "rendimiento", o sea el contenido de azúcar fino, mediante el aparato polarizador, determinando el contenido de ceniza y demás materia no azucarada. La base de precio en Magdeburgo y Hamburgo se refería a producto fino con 88% de rendimiento, y para producto bruto obtenido de la melaza, el 75% de rendimiento. El comercio de azúcar bruto sólo tenía importancia para el extranjero; en el interior del país era secundario porque las fabricas trataban directamente con las refinerías. Muy limitada quedó la esfera del comercio bajo el dominio de los kartells de los fabricantes alemanes de azúcar bruto fundados en 1900 y disueltos a consecuencia de la Convención azucarera internacional.

En el comercio de azúcar, cuya fabricación se concentra en la breve campaña anual y cuya materia prima procede de las cosechas naturalmente variables, las operaciones especulativas y a término son tan imprescindibles como en el comercio de cereales; pero antes de la guerra, el comercio a término en Alemania sólo existía para el azúcar en bruto en las Bolsas de Magdeburgo y Hamburgo, rigiendo las condiciones de la Sociedad de exportadores alemanes de azúcar en Magdeburgo, fundada en 1885 y de la Sociedad de Hamburgo fundada en 1888, ambas en estrecha relación con la "Beedroot Sugar Association" de Londres, y representadas con ésta por medio de una "Agencia general de las asociaciones del azúcar de remolacha de Gran Bretaña y Alemania." La condición de entrega era generalmente "franco bordo Hamburgo" y raramente "franco almacén Magdeburgo". La partida era de 500 sacos de 100 kg. neto rendimiento 80%. Azúcar de menor rendimiento era inadmisible y para rendimiento mayor hasta 90% se pagaba recargo. En Hamburgo, las operaciones a término en azúcar fueron facilitadas por la Caja liquidadora desde su iniciación en 1888. En Magdeburgo se fundó una Caja en 1889 en vista de que el procedimiento regulador que existía había favorecido una especulación alcista desenfrenada que acabó con una grave catástrofe. Desde la publicación de la Iey de Bolsa de 1896, las operaciones a término en azúcar en Magdeburgo decayeron, y en Hamburgo no sufrieron sensible alteración.

La plaza internacional más importante para el azúcar a plazo es Londres, en donde la "London Produce Clearing House", como Caja liquidadora, se ha extendido también a este ramo. Además del azúcar en bruto se opera también en azúcar de caña de Cuba "Muscovado", y azúcar de Java y en azúcar refinado de varias clases, como terrón y pilón. Los mercados más importantes de azúcar refinado fuera de Alemania son Londres, París, Amsterdam, Praga y Trieste. El comercio a término al lado del efectivo se hace en gran escala en París; pero sólo para "azúcar blanco núm. 3", un azúcar cristalizado que polariza más del 99 ½ % y sin embargo se considera como azúcar en bruto. La entrega se hace por medio de unos bonos llamados filières, extendidos por mercancía situada en determinados almacenes, y endosables. La gran alza de París del verano de 1905 que produjo una catástrofe en el mercado azucarero universal, se debió a verdaderas compras de grandes partidas de azúcar y produjo a los principales especuladores millones de pérdida.

En algodón hacíase hasta 1914 un importante negocio a término en Hamburgo, facilitado por las Cajas liquidadoras. En la Bolsa algodonera de Bremen, fundada en 1886, se hacían negocios efectivos y "a la llegada". Las ventas más importantes eran las "cf" con importación directa de ultramar. Bremen tiene gran importancia para la "arbitración" de algodón, o sea para el peritaje de las indemnizaciones debidas por defectos de calidad en la mercancía entregada. AI lado del arbitraje de Londres y Liverpool, el de Bremen rige para casi todas las operaciones hechas en Alemania y Austria-Hungría. Se lleva a cabo por clasificadores jurados.

El mercado algodonero más importante, tanto para el negocio efectivo como para el negocio a término es el de Liverpool, que se rige por las condiciones de la "Liverpool Cotton Association".

En Alemania se prohibieron, al empezar la guerra, las operaciones a plazo en café, azúcar, algodón, cobre, zinc y caucho, y esta prohibición continúa en vigor al escribir este libro.

Como hemos dicho anteriormente, el art. 75 del Código de Comercio español permite toda clase de operaciones de Bolsa: al contado o a plazo, en firme o a voluntad, con prima o sin ella, debiendo expresarse al anunciarlas las condiciones estipuladas para cada operación. El art. 32 del Reglamento de la Bolsa de Madrid define todas estas modalidades de las operaciones de Bolsa en forma análoga a lo que queda dicho antes por el autor.

Objeto de dudas y discusiones fué la licitud o ilicitud de las operaciones al descubierto, o sea de las que se salvan mediante el pago de diferencias, por no ser intención del comprador ni del vendedor comprar o vender mercancías que el segundo no tiene ni al primero le interesa ni siquiera podría pagar. Estas operaciones eran consideradas ilícitas por la legislación anterior al Código de Comercio y aun debieran serlo a tenor del art. 67 del mismo que exige que las operaciones de Bolsa sean lícitas con arreglo a las leyes, cuando es así que el Código civil declara ilícitos el juego y las apuestas. Sin embargo, la jurisprudencia del Tribunal Supremo, en repetidas sentencias, inspirándose seguramente en las tendencias universales, ha declarado que tales operaciones son lícitas, tanto si se hacen con intervención de corredor como sin ella, arguyendo que "no pueden conceptuarse comprendidas entre las prohibiciones del Código civil las operaciones que se ajustan al art. 74 del Código de Comercio" (sentencia de 26 de diciembre de 1905).

Otra cuestión que se ha suscitado es la relativa a la licitud de las operaciones de Bolsa verificadas por cuenta de españoles en el extranjero, habiendo declarado el Tribunal Supremo, en varias sentencias, como la de 9 de enero de 1911, que tales operaciones son perfectamente lícitas y eficaces en derecho.

Entre las operaciones a plazo en mercancías ocupa un lugar importante la llamada de futuros de algodón. Trátase de una mera operación especulativa o de diferencias; pero de gran utilidad práctica para los comerciantes de algodón en rama, los hiladores y los tejedores. A consecuencia de la inseguridad en las cosechas y los manejos de los acaparadores, acostumbran a ser bastante altas las cotizaciones del algodón efectivo a plazo. Por este motivo, tanto los comerciantes como los hiladores y tejedores (ya que el precio del algodón hilado guarda proporción con el del algodón en rama) que se ven precisados a cubrirse a tiempo de primera materia para atender a sus compromisos reales o probables o a las necesidades futuras de su fabricación, acostumbran a comprar una cantidad prudencial de futuros de algodón, o sea de algodón papel, con objeto de asegurarse parcialmente contra posibles alzas de precios y, en llegando las cosechas, convierten la operación de futuros en una operación en firme mediante el abono de la diferencia entre la cotización de futuros y la de efectivo, que acostumbra a evolucionar paralelamente a la primera y a moderarse a medida que la cosecha se aproxima, o bien, si se trata de tejedores, liquidan su operación de futuros al mismo tiempo que firman contratos de compra con los hiladores a precios proporcionados. De este modo, unos y otros se han protegido contra el peligro del alza, sin haber tenido que inmovilizar un considerable capital almacenando algodones y arrostrando los peligros propios de tal almacenaje y sin necesidad de comprar en firme desde el primer momento. También se hace la especulación en futuros a la baja por los importadores de algodón y por los mismos tejedores, vendiendo futuros cuando han comprado de efectivo, con objeto de asegurarse contra una posible baja de los precios.

En el negocio de futuros de algodón se presentan, pues, dos elementos: los especuladores que van a hacer una verdadera jugada de Bolsa y los comerciantes que van a cubrir contra posibles eventualidades, limitando por anticipado sus ganancias a cambio de evitar el riesgo de las grandes oscilaciones de precios, del que se hace cargo la esfera especulativa atraída por las grandes posibilidades de Iucro propias de la especulación.

Esto es en pocas palabras el negocio llamado de futuros de algodón, que se hace principalmente en las Bolsas de Liverpool y Nueva York y que ofrece una técnica complicadísima (2). La licitud de estas operaciones ha sido discutida en España ante la Audiencia de Barcelona, cuya sala primera, en sentencia de 14 de junio de 1923 las declaró validas, equiparándolas a las operaciones de diferencias sobre valores.

Las demás legislaciones y usos bursátiles, aun cuando concuerden en lo fundamental, por el mismo carácter cosmopolita del negocio bursátil, ofrecen una gran variedad de detalles. Digno de mención es que el art. 80 del Código de Comercio argentino y el 513 del de las obligaciones de Suiza declaran ilegitimas las operaciones de diferencias, considerándolas como un juego prohibido.

Las disposiciones que acabamos de citar y las de las notas precedentes, son aplicables lo mismo a las operaciones en mercancías que a las en valores. Contienen las diversas legislaciones otras disposiciones especiales sobre las operaciones en efectos que transcribiremos en el capítulo siguiente.



(1) También el Código penal español castiga las "maquinaciones para alterar el precio de las cosas"; pero prácticamente no se aplican tales castigos, y la lucha contra el acaparamiento se lleva a cabo, no sin grandes dificultades, por las autoridades gubernativas.

(2) Véase GONZÁLEZ PALOU, Futuros de algodón, Editorial Cultura, Barcelona, 1924.
 

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