El
supuesto de perfecta información del neoclasicismo consiste en que un ser con
información completa podía comparar las potenciales ganancias y pérdidas para
cada alternativa del abanico de decisiones a tomar, y así maximizar sus
oportunidades de beneficio. Al fin y al cabo es esto lo que podemos ver en los
libros de teoría económica, con la teoría del consumidor o teoría de la empresa,
que suelen emplear farragosas explicaciones matemáticas para este fin,
precisando los resultados pero perdiendo cierta dosis de realismo.
Con toda esta serie de dificultades, es preferible a menudo un resultado
razonablemente beneficioso más que el óptimo, dado que la consecución de dicho
óptimo frecuentemente lleva aparejado la existencia de elevados costes y
esfuerzos capaces de anular o menguar las ventajas perseguidas.
El hombre tampoco puede ser racional en el punto y hora que se van incorporando
con más nitidez en los modelos económicos las consideraciones relativas a los
costes de transacción en la toma de decisiones económicas. Costes de transacción
que se refieren a costes de búsqueda, costes de información, costes de
selección, costes de contratación, costes de posibilidad de no ejecutar de
contratos y, en definitiva, incertidumbre en sentido amplio. En efecto, mientras
que en la teoría neoclásica no se consideran los costes de transacción al ser
éstos una mínima parte del total de costes de la empresa, hoy han pasado a ser
los más importantes.
Frente a la creencia de que los costes de transacción han disminuido fruto de
las nuevas tecnologías de la información, lo cierto es cada vez son mucho más
amplios a medida que las economías se transforman en economías de servicios; si
bien habría que distinguir, en una clasificación que muy pocos estudiosos hacen,
entre los costes de transacción ex - ante y ex - post. Por ejemplo, a la hora de
comprar un producto que incorpore diversos componentes de alto grado
tecnológico, sería muy costoso encontrar a los mejores suministradores,
informarse de los precios de dichos componentes y coordinar el proceso para
saber si las piezas son compatibles entre sí. Los costes ex-ante, ante la cada
vez mayor complejidad tecnológica, son progresivamente más elevados, tal y como
nos dice
North. Sin embargo, con objeto
de rebajar dichos costes se constituye la empresa (o cualquier otro tipo de
organización similar), y en ese sentido se dice que los costes ex-post son
menores, al ser integrados los distintos componentes en un solo producto, según
el ejemplo visto. Así las instituciones (o reglas del juego), a través de las
organizaciones integradas en ellas (jugadores del juego), surgen para reducir la
incertidumbre.
Pero dicha incertidumbre es cada vez mayor debido a lo incompleta y asimétrica
que resulta ser la información. Eso explica la existencia de los problemas del
agente, selección adversa o riesgo moral, que pueden verse en los siguientes
epígrafes del capítulo. Las organizaciones contribuyen a dicho objetivo con el
establecimiento de reglas formales (básicamente jurídicas). Pero dichas normas
no deben ser establecidas si en su espíritu atentan contra la esencia de los
hábitos y costumbres de la Sociedad. En tal caso estarían abocadas al fracaso y
a su posterior desaparición. Si en un país o región el nivel de mercado negro
para un determinado producto es amplio, igual no interesa mantener una ley que
prohíba su comercialización. Demuestra la historia que dicho mercado negro no
desaparecerá y los costes de transacción seguirán multiplicándose cada vez más.
Por eso sería mejor actuar de otras maneras. Por ejemplo vía impuestos para
regular el consumo de dicho bien. La historia no se ha cansado de demostrar el
gran número de leyes que han caído por sí solas por no estar respaldadas por las
creencias, hábitos y costumbres de la Sociedad.
Aun con todo ello, el modelo neoclásico no debe ser arrinconado. Incluso hay que
reconocer su valía bajo ciertos postulados o supuestos, que cada vez se dan
menos con menos frecuencia en la realidad. No obstante, puede ser una
explicación adecuada para algunas situaciones que el Nuevo Institucionalismo no
sea capaz de explicar.
En resumen, estamos haciendo una economía más humana, abierta a nuevos campos,
donde los desarrollos teóricos se ven limitados al usarse menos fórmulas
matemáticas pero que, sin embargo, son cada vez más realistas y, sobre todo,
ingeniosos. Prueba de ello son los muy recientes desarrollos sobre economía de
la salud, economía de la religión, economía del delito, economía de la familia o
economía de la droga.