Revista: CE Contribuciones a la Economía


POBRE PAÍS POBRE

Autores e infomación del artículo

Alberto Enrique D'Ottavio

Universidad Nacional de Rosario, Argentina

aedottavio@hotmail.com

Resumen

Culminando una serie de publicaciones sobre este tema, el presente trabajo pretende simultáneamente plantear lo negativo de un largo camino recorrido y abrir la esperanza, durante un año muy singular para Argentina, hacia la consecución de una democracia palmariamente republicana como aquélla que, sin duda alguna, consagra su Carta Magna como forma de gobierno. En tal sentido, las publicaciones previas y ésta prosiguen haciendo particular hincapié en valores extraviados a recuperar e intentan advertir a los países en crisis los riesgos de despeñarse en populismos involutivos, espuriamente ideologizados y/o metodológicamente desencaminados.

De allí las contraposiciones planteadas y el anhelo verdaderamente progresivo siempre latente.

Palabras clave: Nación – Argentina – Reflexiones – Valores – Populismo - República

Summary

Ending a series of similar publications, the present paper pursues, during a singular year for Argentina, describing negative experiences lived during populist governments and at the same time opening hopes related with republican democracy in congruence with the Argentinean Constitution. In this regard, previous publications and the present one continues making particular emphasis in lost values apt to be regained. Furthermore, it also intends to warn countries undergoing crisis about avoiding the temptation of tumbling in falsely ideological and/or misguided methodological populisms. This explains the discrepancies raised and the truly progressive yearning always latent.

Key words: Nation –Argentina – Reflections – Values – Populism - Republic



Para citar este artículo puede uitlizar el siguiente formato:

Alberto Enrique D'Ottavio (2015): “Pobre país pobre”, Revista Contribuciones a la Economía (marzo 2015). En línea: http://eumed.net/ce/2015/1/pobre-pais.html


  1. Lo mandatorio tras objetables realidades (1, 2, 3, 4)

Cuando en aras de un bienestar, a menudo temporario y exclusivamente personal o grupal, y/o de un ilusorio (y más aún, alucinatorio) bienestar del conjunto que, por ende, no reviste calidad de tal…

  • El concepto de pueblo-masa prevalece por sobre el de ciudadano-individuo

  • La constitucional forma de gobierno republicana y federal, democráticamente visualizada en sentido estricto y amplio, es postergada en nombre de un autoritarismo unitario, o lisa y llanamente en bien de un cuasi totalitarismo supuesta, aunque inviablemente, benefactor

  • El populismo involutivo es reeditado travestido hasta el hartazgo, a pesar de reiterados malogros pretéritos

  • Ominosas conductas ético-morales (mentiras, atropellos, calumnias) y/o legales (latrocinios, crímenes), cometidas y/o prohijadas por dirigentes políticos, económicos y sociales, poseedores de prontuarios antes que de currículos vitales, son ignoradas, toleradas cobardemente o lo que es peor, disculpadas, aceptadas y aplaudidas por una mayoría

  • Perceptibles pasados turbios en ellos son prescindidos con excusas o pretextos fútiles como los de no haber sido denunciados, imputados, procesados y/o condenados por una Justicia, llamativamente cercana a la Injusticia

  • El pasado histórico es soslayado como beneficiosa guía del presente y del futuro capaz de evitar errores cometidos y, a la par, de rescatar y potenciar aciertos previos

  • Los servicios de inteligencia del Estado y sus fuerzas de seguridad no hacen foco y acción hacia el interior trascendente (prevención y combate del narcotráfico, de la corrupción y del crimen organizado) ni hacia las amenazas exteriores y se centran en escudriñar, con fines espurios, a los no oficialistas y, asimismo, a algunos de los propios oficialistas

  • Los valores evolutivos son trastocados o depreciados con la excusa de ser anacrónicos o estériles

  • Acríticas idolatrías hacia gobernantes pasados y/o de turno por derechos disfrazados de dádivas son practicadas entendible aunque injustificadamente por los desvalidos (síndrome de Papa Noel)

  • Contradictoriamente, lo mismo acontece en personas con ostensible capacidad reflexiva

  • Dichos obsequios los hacen rehenes electorales

  • Tales apasionamientos perduran aunque son víctimas de adorados victimarios (síndrome de Estocolmo)

  • Lo nacional roza el nacionalismo chauvinista o es interpretado de modo antojadizo y lo popular no es más que bullanguería populachera

  • Los relatos ficcionales, arraigados en el desconocimiento o en el desdén histórico por parte de una mayoría de los habitantes, muchos jóvenes, superan la dura y real cotidianidad

  • Profetas oportunistas, dudosos intelectuales e interesados mediáticos se suman a estas falsedades

  • La doxa impera y la episteme languidece

  • Palabras como democracia, república, libertad, igualdad, equidad, fraternidad, discriminación, diversidad y progresía, entre otras, son vaciadas de contenido o mutadas equívocamente de significado con el riesgo anexo de no poder ser, luego, mencionadas por años

  • La tolerancia ajena es desafiada imponiendo antes que convenciendo y coartando la existencia de distintas cosmovisiones

  • La anomia, con su desdoroso incumplimiento de la ley, sus inconmensurables niveles de ineficiencia y sus significativas imperfecciones en las dirigencias, dimana desde el poder e impregna la totalidad de los estratos de la sociedad resultando perniciosa para la casi generalidad de los habitantes (5)

  • Esta ausencia de normas se descarría aún más con:

  • la percepción del contrincante ideológico-metodológico como enemigo

  • la intención predadora y acumuladora de los gobernantes

  • la apropiación del Estado por parte de éstos confundiendo dolosamente Estado con Gobierno

  • el predominio de la fuerza por sobre la razón y del abuso de poder por sobre su uso racional y equilibrado,

  • la prescindencia estatal en cuestiones que le son inexcusablemente atinentes

  • la parcelación y el desgaste identitario de las fuerzas políticas

  • el aislamiento internacional o la elección inconveniente de países socios

  • la persistente desigualdad social

  • las irresponsabilidades en las gestiones gubernamentales, y

  • la corrupción en distintos niveles sociales hasta ahora impune con la sola excepción de algún personaje menor (5).

  • Los respetables derechos de determinadas minorías (sexuales, presidiarios) opacan a los de la mayoría mientras que los de otras (políticas, étnicas) son directamente sojuzgados o ignorados

  • La cultura involuciona arrinconada por ramplones y efímeros entretenimientos sin propenderse, como correspondería, a su mejoramiento colectivo

  • La Justicia independiente es trocada en predominantemente dependiente

  • La realidad se circunscribe a lo fenoménico (apariencia) antes que a lo numénico (esencial)

  • Quien lidera adopta un rol claramente subordinante llegando no sólo a auto-percibirse como la democracia personificada y el centro del universo político sino a concebir su gestión como una revolución ideológica, contradicha las más de las veces en las acciones de gobierno1

  • El/la mandatorio/a se sienten con potestades eternas sobre su Estado-Gobierno ignorando que es apenas uno u otra son meros inquilinos transitorios en las democracias sanamente alternantes

  • Tales creencias son potenciadas por entornos integrados por dirigentes venales y oportunistas, individuos centrados en su propia o grupal conveniencia y por jóvenes históricamente confundidos por viejas generaciones nostálgicas de algo que, en su momento, no pudo ser o que fue y no merecía repetirse

  • La Historia, en tales contextos, es convenientemente distorsionada, aliñada y adaptada

es mandatorio para los respetuosos defensores de la forma republicana de gobierno, con todo lo que ella conlleva, resistir su quebrantamiento, recurriendo a la totalidad de medios legales y pacíficos disponibles. Ello adquiere singular relevancia si, para más inri y como acaece usualmente, sus infractores carecen de autoridad moral e idoneidad.

  1. Otras realidades coexistentes

Una Constitución define las características del país pretendido y los principios, valores y derechos alentados y a proteger. Luego, establece la forma de gobierno capaz de plasmarlos. En ese marco, el artículo primero de nuestra Carta Magna reza: La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana y federal, según lo establece la presente Constitución”. Vale decir que para nuestra democrática convivencia fueron decididas en 1853 y corroboradas en su reforma de 1994: la manifestación de los ciudadanos a través de sus representantes; la división e independencia entre los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Federal con su condigno mutuo control y el reparto del poder entre un estado central y sus diferentes partes federadas; intentando con ello evitar un poder central absoluto, concentrador de todas las funciones. Además, los integrantes de los Poderes Ejecutivo y Legislativo son elegidos directamente por los votantes y los jueces y otros magistrados, en tanto garantes e intérpretes de la Constitución, tras un complejo proceso de selección en el que intervienen los tres Poderes aludidos.

No obstante, y excediendo el sistema de votaciones al que no puede ser reducida una democracia, el cumplimiento de la Ley de Leyes se ha ido pervirtiendo, hace ya más de una década, a gusto y paladar de una mayoría que, por serlo, interpreta representar los anhelos y necesidades de la totalidad, como lamentablemente ocurre en otros países de la región, y, además, la forma de gobierno ha sido sustituida por una involutiva democracia populista que la Constitución no consagra.

Eso habilita republicanas resistencias, evidenciadas a la fecha en significativos sectores de la población y parcelas minoritarias dentro de los Poderes Legislativo y Judicial.

Cabe subrayar que esas resistencias no hacen fanáticos a sus promotores y mucho menos los transforma en enemigos, cipayos, anti-gobiernos, golpistas, propugnadores de destituciones antidemocráticas, favorecedores de ideologías ultramontanas, o sencilla y burdamente en “contreras”, según eran rotulados a fines de la década del 40 e inicios de la del 50 durante el siglo pasado.

Por el contrario, lo son y en grado sumo, quienes violentan la Carta Magna descalificando, arrollando y maltratando de variadas maneras (algunas, delictivas) a aquéllos que sustentan lo constitucionalmente estatuido.

Al margen de la explicación y justificación conductual en el principio de acción y reacción desde que sería una conducta reactiva secundaria ante otra decidida y primariamente activa, resulta más que notorio que el golpismo institucional proviene indudable y exclusivamente de los violadores de aquélla en nombre de “principios, modelos o acciones” que la quebrantan.

El valor movilizador social de la institucionalidad se ubica por sobre cualquier beneficio económico personal o sectorial esgrimido, ya que esto último no sólo trasunta ausencia de voluntad de superación, aún en ambientes desfavorables, sino entrega lisa y llana de la dignidad por míseras, transitorias y condicionantes mejorías.

A la luz de lo antes referido, de entregarse con mansedumbre a la violación constitucional la sociedad deviene suciedad y pierde, al igual que un enfermo, el completo estado de bienestar biológico, psicológico, social, económico, educacional, cultural e histórico que debiera caracterizarla.

  1. Obviedades y advertencias de antaño, transgresiones de hoy

Lo que otrora era, de tan frecuente, prácticamente habitual: orden, disciplina, puntualidad, respeto por las normas, por los maestros y por las personas mayores, urbanidad, dedicación responsable, predominio de la idoneidad, valoración de la honestidad y de la decencia, satisfacción del deber antes del usufructo del derecho, junto a otros valores ciudadanos, ha adquirido paradojalmente carácter transgresor al postularse su actual recobro, habido el rol preeminente de los padrinazgos (contactos o enchufes) y la vulneración sistemática de lo reseñado.

Convéngase, en tan decepcionante contexto de degradación axiológica, educativa y cultural, el impostergable y trajinado esfuerzo que demandará su restitución y cuán paradojalmente “revolucionaria” lucirá tal empresa.

De persistirse con empeño en reeditar machaconamente frustrantes experiencias pasadas y presentes a este respecto, el país proseguirá su destino hacia una más temprana o tardía fragmentación en indudable beneficio ajeno.

El poema gauchesco nacional “Martín Fierro” (1872) del militar, periodista, político y poeta José Hernández (en realidad, José Rafael Hernández y Pueyrredón) (1884-1886) nos recuerda en una de sus sextillas octosilábicas:

Los hermanos sean unidos

porque ésa es la ley primera;

tengan unión verdadera

en cualquier tiempo que sea,

porque si entre ellos pelean

los devoran los de afuera (reemplazado en el original con el ajuera gaucho)

Sirva esta más que centenaria advertencia como guía para una necesaria clausura, en congruencia con la Constitución Nacional; de la grieta (6) que hoy separa a republicanos de populistas a fin de que juntas, las personas de bien, dejen atrás al pobre país pobre en valores de hoy y de hace tiempo.

Que el epígrafe de Ayn Rand que abre este trabajo, lo cierre a modo de exhortación en bien de un cambio cuya esencia sea la recuperación de la forma republicana de gobierno. Nunca menos pero tampoco nunca más su deshonra.

Bibliografía

  1. D'Ottavio, Alberto: "En búsqueda de valores evolutivos. Una mirada preliminar para su recuperación", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Julio 2013, www.eumed.net/ rev/cccss/25/evolucion.html Consultado en 15/03/2015 a 08:30

  2. D'Ottavio, Alberto: "Alteraciones semánticas valorativas en un país contradictorio", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Marzo 2014, www.eumed.net/rev/cccss/27/ disvalores-educacionales.html Consultado en 18/03/2015 a 14:00

  3. D'Ottavio, Alberto: "Argentina: un país singular donde los disvalores educacionales-culturales explicarían sus desatinos político-económicos", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Febrero 2014, www.eumed.net/rev/cccss/27/disvalores-educacion.html Consultado en 15/03/2015 a 08:30

  4. D'Ottavio, Alberto: "Conductas activas y reactivas en un país de fábula dolorosamente real" en Revista Caribeña de Ciencias Sociales, Marzo 2015, http://caribeña.eumed.net/ conductas-activas/ Consultado en 15/03/2015 a 17:20

  5. Fidanza, Eduardo:”Decálogo de la anomia argentina” (Ensayo) en Diario La Nación (Argentina), Noviembre, 2009, http://www.lanacion.com.ar/209391-la-anomia-una-patologia-social-argentina Consultado en 18/03/2015 a 21:19

  6. Lanata, J: “La grieta” (Opinión) en Diario Clarín (Argentina), Septiembre, 2013, http://www.clarin.com/opinion/Grieta_0_971902892.html

El pensamiento precario que nos gobierna, puesto al desnudo

Por Julio Bárbaro |  

El acuerdo con Irán siempre fue explicado desde razones confusas; su fracaso dejó en claro que era otro fruto amargo de la improvisación oficial. Fue votado con el sistema que enamoraba al kirchnerismo, la imposición del número sobre la razón. No hubo gestos dignos, nadie fue capaz de negarse a votar por lealtad a sus ancestros. Votar en bloque implicó siempre para el oficialismo conservar el lugar en el poder; las prebendas sustituyeron a las ideas y los principios.

La palabra oficial se fue reduciendo a la versión presidencial. Nunca un ministro ni un legislador cayeron tan bajo en el respeto de la sociedad, ni dejaron tan de lado el respeto a sí mismos.

Si el peronismo en su origen hubiera sido tan obediente como el kirchnerismo no hubiera sobrevivido a ninguna de sus contradicciones o a sus exilios. Tuvimos miles de defectos, pero jamás nos invadió el estalinismo ni la obsecuencia fue nuestra consigna.

Aquí se mezclaron los intereses feudales de algunos provincianos con la voluntad autoritaria de la Presidenta, quien, por cederles un espacio secundario en el poder a viejos sectores progresistas, parecía insuflarles dignidad al juego y a la obra pública.

El autoritarismo fue degradando la política; sobrevivir para todo funcionario implicaba obedecer y hacer silencio, salvo en los casos en que era convocado a repetir un recetario previamente aprobado por la superioridad. Un gobierno tan poco democrático que no se imaginaba perdiendo una elección; la idea central era lo fundacional; ellos expresaban lo nuevo y el resto éramos tan sólo parte del pasado.

El opositor pasó a ocupar el lugar del enemigo; el disidente, el del traidor. Los medios de comunicación oficialistas superaron en número y en inversión a los privados. La Justicia intentó convertirse en un simple instrumento al servicio del poder. Todos pasos para impedir la alternancia que toda democracia exige.

Y los servicios de informaciones se convirtieron en esenciales a un sistema que estaba necesitado de perseguir al opositor ahora convertido en enemigo.

El ataque sobre los medios y la Justicia fueron las marcas del poco o ningún respeto que el Gobierno tenía por las libertades y los derechos de los pocos o muchos que no nos sumamos al feliz ejército de sus beneficiados seguidores.

Ingresamos a un año en el que los que se creían inmortales comienzan a tomar conciencia de los datos de la realidad, donde en pocos meses se iniciará el camino de las deserciones y el poder del Gobierno de turno pasará a las manos de los votantes. Muchos vienen de otros divorcios políticos y van asumiendo que sólo hay vida y votos fuera del oficialismo. Que aquello que ayer beneficiaba se va convirtiendo ya en una carga pesada de llevar.

La oposición se va a ir lentamente concentrando en aquel candidato que pueda derrotar al oficialismo. Y el kirchnerismo que algunos imaginaban eterno no va a sobrevivir más que en su versión de izquierda enojada que, sin el oportunismo del nombre peronista, pasará a formar parte del recuerdo de una pesadilla para la mayor parte de la sociedad.

Una denuncia que es grave y una muerte tan inexplicable como inesperada. Este golpe desnuda la precariedad del pensamiento que nos gobierna. A la Presidenta este desafío la podría haber convocado a la grandeza, pero la democracia no tuvo suerte; en lugar de apostar al futuro salieron a buscar culpables. Imaginan que acusando a las mafias privadas imponen un conjuro que libera de sospechas al Gobierno.

Los hechos son graves, pero la reacción oficial es la que asusta, deja en claro que a ellos la realidad cuando los exige los desnuda en su impotencia. Buscar culpables lo hace cualquiera, lo mismo que conducir en la bonanza.

Hay una muerte que exige otra respuesta, que reclama acciones dignas; sin embargo, hay un gobierno al que los hechos superan. Y eso sí genera miedo.

El autor fue diputado nacional y secretario de Cultura de la Nación

1 Harto habitual es que, a la postre, se pierda en tal caso la orientación ideológico-espacial y se exprese beneficiar a los “de abajo” (desposeídos) a los que, a la par, se perjudica así como luchar contra “los de arriba” (los poderosos) a los que, en realidad, pertenece junto con su séquito. A la par, bien puede declararse llevar avante una revolución progresista y concretar acciones claramente regresivas.

Publicado: Abril de 2015

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